A 29 años del asesinato de José Luis Cabezas: la ausencia de Gladys, el montaje que nunca fue y un mensaje para Milei
El acto por el 29.º aniversario del ...
El acto por el 29.º aniversario del asesinato de José Luis Cabezas comenzó con música. A las 11, en el monumento ubicado sobre la avenida Bunge al 2100, una violinista rusa pinamarense interpretó distintas baladas que marcaron el clima del homenaje y acompañaron la llegada de unas veinte personas al memorial.
Desde el inicio, la ceremonia estuvo atravesada por una ausencia inédita. Por primera vez desde que comenzaron estos encuentros, no estuvo presente Gladys Cabezas, hermana del reportero gráfico y figura central en el reclamo de justicia durante casi tres décadas. Su ausencia fue mencionada en distintos momentos del acto, siempre con respeto y comprensión por “un difícil momento personal que atraviesa”, según pudo saber LA NACION.
Entre los asistentes se encontraban Gabriel Michi, compañero de Cabezas durante la temporada de 1996 en Pinamar; el intendente Juan Ibarguren; la secretaria de Turismo y Cultura, Alejandra Polonio; y el abogado de la familia, Alejandro Vecchi, quien la representa desde hace 29 años. Durante la ceremonia, un allegado dejó en el memorial un ramo de flores enviado por María Cristina Robledo, viuda de Cabezas, y por Candela, su hija.
“Gracias por estar. Un año más sin José Luis”, expresó Polonio al tomar la palabra. “Hay que seguir manteniendo viva la memoria, seguir recordando. Gladys no está y es raro no verla, pero acá estamos. Pinamar sigue acompañando a la familia Cabezas. Esta memoria no puede terminar nunca”, dijo.
Ibarguren, por su parte, destacó la carga emocional que acompaña cada aniversario. “Aunque Gladys no esté físicamente, nos acompaña. Este día siempre es difícil. Se arranca la mañana con un peso especial. Fue hace 29 años, pero parece que fue ayer”, señaló. Y agregó: “Cabezas no era solo un trabajador. Era un padre, un hermano, un amigo. Una vez más pedimos disculpas por los silencios y las omisiones del pasado. Recordarlo es un compromiso”.
Visiblemente conmovido, Alejandro Vecchi se secó las lágrimas antes de comenzar su intervención. “No sé para qué me invitan si siempre me hacen emocionar”, dijo, antes de destacar el rol que tuvo Gladys a lo largo de los años. “Ella fue el motor. Siguió una misión que le dejó su hermano. Es muy difícil entender cómo a alguien común, como cualquiera de nosotros, de pronto le cae encima algo así: enfrentarse a una mafia que había logrado coludir la voluntad política”, expresó.
En su repaso del caso, el abogado recordó las maniobras que se utilizaron para intentar desviar la investigación del homicidio. Mencionó pistas falsas, funcionarios que viajaron para sostener versiones que luego se derrumbaron y el rol de jefes policiales que habilitaron testimonios apócrifos. “Fue un hecho organizado y planificado. No estamos acá solo para recordar a José Luis, sino para recordar todo lo que significó este crimen”, afirmó.
Vecchi subrayó además que el ataque buscó enviar un mensaje que excedía a la víctima directa. “Gabriel Michi era la otra persona a la que iban a matar esa noche. El objetivo era dar a entender algo a la sociedad, para que otros no se animaran a hablar, a denunciar o a investigar. Contaban con que el otro iba a ceder”, sostuvo. Y acotó: “La respuesta fue exactamente la contraria. El resultado es esto que vemos hoy”.
Michi tomó luego la palabra y definió el caso Cabezas como “un hecho bisagra” en la historia del periodismo argentino. “En democracia, jamás había ocurrido el asesinato de un trabajador de prensa. Antes, el reportero gráfico no era valorado como corresponde; muchas veces era visto como un agregado del periodista. Después de José Luis, hubo un reconocimiento distinto”, señaló.
“Sin libertad de expresión no hay democracia”, continuó. “El periodismo revela los pliegos ocultos del poder, como lo era Yabrán en el gobierno de Menem. Todo eso quedó al desnudo. José Luis es un símbolo de la lucha contra los poderes que traicionan a la sociedad”, completó.
En ese contexto, Michi compartió una anécdota poco conocida de la investigación. Antes de obtener la fotografía de Alfredo Yabrán en Pinamar, habían evaluado realizar un fotomontaje para ilustrar la nota. “Yo tenía la investigación hecha antes de que llegáramos a la ciudad balnearia. Me faltaban imágenes. Pensábamos usar al portero de un edificio para un montaje. Después llegó la información de que Yabrán estaba acá. Y José Luis le sacó la foto”, relató.
Sobre el final de su intervención, Michi trazó un paralelismo con la coyuntura actual. “Estamos atravesando un momento muy difícil, con un gobierno que ataca a periodistas y reporteros gráficos. Hay una amenaza permanente contra el periodismo independiente, el que busca la verdad. Hay un caldo de cultivo similar al momento previo al asesinato de José Luis. No podemos mirar para otro lado. Rogamos que esto cambie para que no haya otro caso Cabezas”.
Tras los discursos, Ibarguren, Polonio, Vecchi y Michi plantaron un ejemplar de jacarandá junto al memorial. Un gesto repetido año tras año que, aun en un evento marcado por la ausencia de Gladys, volvió a reafirmar la vigencia de la memoria de José Luis Cabezas.
El crimen de José Luis CabezasEn el verano de 1996, Pinamar no era solo un destino turístico, sino también un punto de encuentro del poder político y económico. En ese contexto, José Luis Cabezas llegó a la ciudad para cubrir la temporada para la revista Noticias, junto al periodista Gabriel Michi. Entre las figuras que elegían vacacionar allí se encontraba Alfredo Yabrán, un empresario de enorme influencia, vinculado al gobierno de Carlos Menem, pero prácticamente desconocido para la opinión pública. Sobre él pesaban investigaciones periodísticas por corrupción y negocios ilícitos, y su nombre había cobrado notoriedad luego de que el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, lo acusara de liderar una organización mafiosa.
Esa temporada estival, el reportero gráfico logró retratar a Yabrán mientras paseaba por la playa de Pinamar y puso fin a su anonimato. La imagen fue la primera fotografía conocida del empresario, que por entonces tenía 51 años y había dicho que sacarle una foto era como pegarle “un tiro en la cabeza”. La postal fue publicada como tapa de la revista Noticias el 3 de marzo de 1996 y se convirtió en un símbolo del periodismo de investigación de la época.
Al año siguiente, Cabezas regresó a Pinamar para cubrir nuevamente la temporada, aunque esta vez lo hizo acompañado por su familia. Se hospedó en un departamento alquilado ubicado sobre la calle Rivadavia, entre Eneas y Shaw, en la zona céntrica de la ciudad, junto a su esposa María Cristina Robledo; Candela, la beba de ambos; sus otros dos hijos, Agustina, de seis años, y Juan, de cinco —fruto de su matrimonio anterior—, y su suegra.
La noche del 24 de enero de 1997, el reportero gráfico asistió a una cobertura periodística en una fiesta realizada en la casa del empresario postal Oscar Andreani. Al finalizar el evento, regresó a su departamento, pero fue interceptado por una banda criminal liderada por Gustavo Prellezo, un oficial de la Policía Bonaerense a quien Yabrán había encomendado garantizar un “verano tranquilo”.
Horas después, el auto que conducía Cabezas —un Ford Fiesta alquilado— fue hallado en General Madariaga con su cuerpo calcinado en el interior. Las pericias determinaron que había sido esposado y que recibió dos disparos en la cabeza antes de que el vehículo fuera incendiado.
Dos años más tarde, en 1998, la Justicia determinó que Alfredo Yabrán había sido el autor intelectual del asesinato y ordenó su detención. El 20 de mayo de ese año, mientras la policía allanaba su casa, el empresario se quitó la vida. Otros integrantes de la banda criminal fueron encarcelados, aunque con el paso del tiempo obtuvieron la libertad y actualmente ninguno cumple condena.
Entre los involucrados se encontraban miembros de la banda conocida como “Los Horneros” de La Plata, como Horacio Braga, José Auge, Sergio González y Héctor Retana. También se estableció la participación de Gregorio Ríos, jefe de Seguridad de Yabrán, y de los policías Sergio Camaratta, Aníbal Luna y el propio Gustavo Prellezo. Todos fueron condenados. No obstante, con el tiempo, recuperaron su libertad y actualmente ninguno está preso.