A los 83 años, murió Jacques Revel, el historiador francés que enseñó a pensar a partir de “casos”
Ayer, a los 83 años, murió en París el historiador francés Jacques Revel; tenía leucemia. Se especializó en la historia social y cultural de Europa de los siglos XIX y XX, presidió la Escuel...
Ayer, a los 83 años, murió en París el historiador francés Jacques Revel; tenía leucemia. Se especializó en la historia social y cultural de Europa de los siglos XIX y XX, presidió la Escuela Superior de Estudios Sociales (EHESS, por sus siglas en francés) y popularizó en su país los métodos de la escuela italiana de “microhistoria” y, con Jean-Claude Passeron, del “caso” en los estudios históricos. Había nacido en Aviñón el 25 de julio de 1942 y era padre de tres hijas, entre ellas, la filósofa Judith Revel. Su pareja de toda la vida, la profesora Michèle Revel, había fallecido a mediados de 2025.
A partir de las singularidades y de una perspectiva “multiscópica”, Revel renovó con sus aportes epistemológicos y densidad analítica la historiografía contemporánea. Integró la Escuela Francesa de Roma y dio clases en la Sorbona y en la École Normale Supérieure. Desde 2019, era miembro correspondiente en el extranjero de la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina.
“Debo confesar que soy un historiador sin vocación”, reveló en una entrevista con el profesor Florian Louis, y reconoció que se había interesado en la historia a través de la lectura de Claude Lévi-Strauss, Georges Dumézil y Michel Foucault. “Lo leí con entusiasmo, sin comprender del todo sus implicaciones, pero cautivado por la impresionante retórica que empleaba”, dijo sobre el autor de Las palabras y las cosas.
Fue secretario de Redacción de la influyente revista Annales y colega de pensadores como Roger Chartier, Jacques Le Goff, Carlo Ginzburg, Michel de Certeau y Marc Augé, a quien sucedió en la presidencia de la EHESS. Publicó varios libros en colaboración (con Chartier, De Certeau, Arlette Farge, François Hartog, Sabina Loriga y Dominique Julia, entre otros); en español, se consiguen Un momento historiográfico. Trece ensayos de historia social (Manantial), Las construcciones francesas del pasado (Fondo de Cultura Económica) y el volumen colectivo a su cargo Juegos de escalas. Experiencias de microanálisis (Unsam Edita).
“Hay gente que piensa que la historia ya no sirve para nada, porque las preguntas que nos hacemos hoy no pueden encontrar respuestas ni escenarios que permitan imaginar soluciones en el pasado -dijo Revel a LA NACION en 2004, durante una visita a la ciudad de Buenos Aires-. En parte es cierto. Pero hay también un extremo positivo, que pone énfasis en la memoria, que se ha desarrollado desde hace algunas décadas en sociedades muy diferentes. En las sociedades europeas está relacionado con la pérdida del futuro: la memoria nos da raíces. Eso puede ser verdadero en el nivel nacional, pero también para los grupos, como las mujeres, los obreros, las etnias y religiones. Los obreros, por ejemplo, constituyen un grupo que en su sentido clásico está desapareciendo en las sociedades más desarrolladas, y eso se compensa con la memoria obrera. El caso de las mujeres es exactamente el contrario: han afirmado su identidad a través de la reivindicación de la memoria. En fin, esas son las dos respuestas extremas: la historia no tiene nada que decir, la memoria lo dice todo”. Para Revel, una sociedad que olvida su pasado es una sociedad enferma.
“Tuve la fortuna de conocer y de intercambiar muchas ideas sobre la escritura de la historia y sobre la vida académica con Jacques, una de las personas de mayor erudición historiográfica que he conocido -dice a LA NACION el historiador José Emilio Burucúa-. Amén de la novedad de tantas ideas suyas sobre el método y la propuesta de puntos de vista nuevos para nuestro trabajo como historiadores. Una de tales ideas que más he valorado fue la de ‘pensar por medio de casos’, vale decir, que el análisis y examen profundo de un caso acotado de vida histórica, según hubiese dicho José Luis Romero, podía ayudar a comprender mejor la deriva grande de los procesos humanos en el tiempo. La microhistoria de los italianos converge con ese tipo de pensamiento a partir de casos concretos. Respecto de su erudición, recuerdo una vez en la que, a propósito de un proyecto de investigación, pregunté a Jacques: ‘Pero, ¿cómo es la situación de la historiografía en Malí y Burkina Faso?’ Me repondió in continenti: ‘Hay allí dos escuelas nítidas, la que postula un abordaje propio y diferenciado de los fenómenos históricos en los países del Sahel y del golfo de Guinea y la que se articula con los planteos de la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París’. Quedé estupefacto. Ese era el inmenso Jacques”.
“Una vida transcurrida en la historia”El doctor en Historia Fernando Devoto, que preside la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina, fue un amigo muy cercano de Revel, a quien visitó con frecuencia en París. Así lo despidió:
“Acaba de morir Jacques Revel, gran historiador, notable organizador cultural, habilísimo gestor de personas e instituciones, persona cultísima, eximio conocedor de música, arte, literatura y... rugby. Era también una persona extremadamente generosa, en lo profesional y en lo personal. Sus alumnos, sus colegas, sus amigos pueden testimoniarlo. Podía perder todo un domingo corrigiendo el francés de una conferencia o una tesis de otros.
Del niño refugiado con su madre y sus hermanos en la campiña durante Vichy, por su condición de judíos, aunque nunca vio en ello algo que mereciera un reconocimiento especial, al afable e inagotable conversador, que a la vez sabía escuchar, una vida transcurrida en la historia.
Una trayectoria académica límpida a través de la vía real de la Escuela Normal Superior, donde conoció a su esposa, la inolvidable Michèle, y por la que transitarían también las tres hijas, luego Annales, la EHESS. Le tocó un tiempo difícil, como era la época post-Braudel, en un contexto de una de las llamadas ‘crisis de la historiografía’, que era también una crisis de la sociedad y de las instituciones. Piloteó el barco con habilidad y equilibrio, en una transición hasta tiempos recientes que lleva, en esas instituciones, su signo.
Como historiador se abrió a muchos temas, desde la sociedad francesa de antiguo régimen a la historiografía contemporánea. De todos ellos, la marca mayor la dejó la colaboración con la microhistoria italiana, una Italia a la que estaba muy ligado, ya desde 1970 con su estadía romana; un modelo, el ‘juego de escalas’ y una noción: reflexividad.
Hizo mucho por la Argentina, ‘nuestros hermanos de abajo’, como una vez dijo, al dar un impulso decisivo al Centro Franco-Argentino con la Universidad de Buenos Aires, al posterior convenio con la Universidad Nacional de San Martín y al promover tantos intercambios de alumnos y profesores. Era miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia. Viajaba a la Argentina en clase turista y se alojaba en los modestos hoteles que se le ofrecían, sin inconvenientes, como ese buen republicano, francés y cosmopolita, que fue”.