Adiós a Willie Colón, el último gran pionero de la salsa
“Willie Colón me dicen, El Malo / porque pasan los años y sigo dando palos”. La aparición pública final de la última gran figura histórica y pionera de la salsa nació de la reivindicaci...
“Willie Colón me dicen, El Malo / porque pasan los años y sigo dando palos”. La aparición pública final de la última gran figura histórica y pionera de la salsa nació de la reivindicación del mayor exponente actual de esa misma raíz. Podría decirse que el legado de Willie Colón, fallecido este sábado en un hospital neoyorquino a los 75 años, encontró un primer continuador en la figura de Bad Bunny, sobre todo a partir de dos canciones fundamentales de su último álbum, Debí tirar más fotos.
En “Nueva Yol”, Bad Bunny recuerda el apodo original con el que Colón se reveló al mundo. El malo es el título de su primer álbum solista (1967), cuando, todavía adolescente, buscaba en la música una salida a su conducta de eterno camorrista, provocador y buscapleitos. Así lo conocían en el sur del Bronx, el barrio neoyorquino en el que nació el 28 de abril de 1950 como William Anthony Colón Román.
Lo crió su abuela Antonia Román Pintor, que llegó a Nueva York desde Puerto Rico a los 22 años en busca de un futuro mejor y “murió a los 91 sin saber inglés”, según evocó una vez el propio músico. También contó que todos los días le decía a su nieto “No te olvides que tú eres puertorriqueño” antes de salir de su casa.
El pequeño Willie creció escuchando música en español cada domingo desde la radio en compañía de su abuela boricua, que le regaló su primera trompeta cuando tenía 11 años. Poco después aprendió a tocar el clarinete y el trombón, que se convertiría en el instrumento con el que se identificaría para siempre. Fue un notable músico, compositor, cantante, arreglador y director de orquesta, pero en el mundo de la salsa se hizo famoso en primer lugar como trombonista.
Colón tuvo un decir propio entre los más populares soneros de la salsa, pero ese canto quedó oculto detrás de las dos formidables voces que lo acompañaron y marcaron casi toda su carrera como estrella de la música. Primero, el portorriqueño Héctor Lavoe (1946-1993), el primer gran rey de la salsa, con quien grabó 11 álbumes, y más tarde el panameño Rubén Blades, junto al cual se ganó definitivamente el reconocimiento de todo el mundo hispanoparlante, incluida la Argentina.
Blades y Colón compartieron cinco discos de inmensa repercusión. Uno de ellos es Siembra (1978), el más vendido de toda la historia de la salsa, que incluye éxitos que se siguen cantando y bailando como “Pedro Navaja”, “Buscando Guayaba” y “Plástico”. Un año antes, fue Colón quien presentó al mundo a Blades, levantando simbólicamente su brazo en un ring de boxeo desde la portada de Metiendo mano!, el disco debut con el primer hit del dúo: “Pablo Pueblo”. Después llegaron “Tiburón”, “Te están buscando” y “Ligia Elena” en Canciones del solar de los aburridos y la banda sonora de la película The Last Fight.
El último trabajo que compartieron fue Tras la tormenta (1995), pero lo peor todavía estaba por venir. En 2003, después de celebrar juntos en el escenario los 25 años de Siembra, Colón acusó a Blades de no pagarle una suma convenida por derechos de autor y el panameño replicó denunciando por estafa a los organizadores de este último concierto. Nunca hubo reconciliación y solo en los últimos días Blades decidió acercarse a Colón ante las noticias del empeoramiento de su salud para saludarlo y lamentar esa situación.
Grammy y éxitoDesde estos álbumes y todavía más a lo largo de su extensa carrera solista (vendió más de ocho millones de discos y obtuvo ocho nominaciones al Grammy) Colón llevó a la cumbre el “sonido de Nueva York” que identificó a ese movimiento musical híbrido llamado salsa, inventado en Nueva York por Johnny Pacheco y el productor discográfico Jerry Masucci en 1964 y configurado a partir de una prolongada fusión entre algunos ritmos tradicionales afrocaribeños (mambo, son montuno, rumba, danzón, cha cha cha) con el jazz latino, el soul y el rhtyhm & blues.
Colón fue el último gran sobreviviente original de esa corriente, que tuvo como pilares musicales de aquella época pionera a Pacheco (formidable arreglador, director y flautista), Lavoe, Celia Cruz, Ismael Rivera, Cheo Feliciano, Louie Ramírez, Ray Barretto, Tito Puente, Eddie Palmieri y Larry Harlow. Quedan voces como Blades (se sumó después y sigue activo hasta hoy) y el legendario sonero portorriqueño Andy Montañez, que inició en 2024 una gira de despedida y hace tiempo que no se presenta en un escenario.
La expresión más completa y clásica de todo este movimiento queda a la vista en las colaboraciones entre Colón y Celia Cruz, tres álbumes de inmenso éxito grabados durante la década de 1980 para Fania Records, la compañía discográfica en donde la salsa nació, creció y se dio a conocer al mundo.
También llevan el sello de Fania los discos de Colón con Lavoe y con Blades. Junto con el primero exploró el mundo cotidiano de los latinos e hispanoparlantes (sobre todo oriundos de países de América central, Venezuela y Colombia) afincados en las grandes urbes estadounidenses, especialmente Nueva York, sus anhelos, penurias y experiencias cotidianas.
Cuando llegó Blades, esas voces de la calle siempre enérgicas y vibrantes adquirieron mayor compromiso e identidad social. Se hicieron más activas en el levantamiento de ciertas banderas en contra de lo que sentían como un verdadero “apartheid” interno. La música de Colón siempre fue vista como una suerte de resumen de las vivencias cotidianas de los latinos en los Estados Unidos, moviéndose entre la celebración y la melancolía.
“En los años 50 y 60 o te metían un batazo o te molían a patadas. La discriminación prácticamente era legal. Durante mucho tiempo, a pesar de que yo era estadounidense de nacimiento, en las calles me gritaban que volviera a Puerto Rico”, recordaría en 2004.
Por entonces, Colón ya estaba definitivamente afirmado en todas las facetas de su talento para la creación musical: cantante e instrumentista de formación casi autodidacta, director de orquesta desde los 16 años, arreglador siempre abierto a las innovaciones sonoras, a la incorporación de nuevos géneros y también a los cambios culturales. Su música estaba concebida para ser bailada y también escuchada.
Colón fue desde la cuna un representante genuino de los “nuyorican”, como se conoce en los Estados Unidos a los integrantes de familias portorriqueñas afincadas en Nueva York y también a sus descendientes nacidos en esa ciudad. Pero a diferencia de otra famosa “nuyorican” y también oriunda del Bronx como Jennifer Lopez, cuyos padres portorriqueños alentaron desde chica a que se moviera en un ambiente en el que preferentemente se hablaba inglés, Colón evitó ese camino (con el que llegaron a soñar también sus padres) a instancias de la perseverante y obstinada abuela Toña, a la que le dedicó “Idilio”, uno de sus temas más conocidos de la etapa con Lavoe.
Mantuvo su actividad plena hasta el grave accidente automovilístico que sufrió en abril de 2021 mientras viajaba con su esposa, Julia Craig (con la que se casó en 1991 y tuvo a sus cinco hijos), por una ruta de Carolina del Norte. Colón sufrió lesiones muy graves, entre ellas una conmoción cerebral y la fractura de varias vértebras, y se atribuye a las secuelas de ese hecho el deterioro progresivo de su salud hasta el momento del adiós definitivo.
Pasó sus últimos días internado, aparentemente por problemas respiratorios (nunca hubo información oficial al respecto), en el hospital St. Lawrence Presbiterian del condado de Westchester, a una hora de viaje de la ciudad de Nueva York, en ruta hacia el norte del Estado homónimo. Por esas cosas del destino, el hospital está emplazado dentro de una localidad del Upstate neoyorquino llamada Bronxville.
Coincidencias y disputasPermanente defensor de los derechos de los latinos en los Estados Unidos y exitoso hombre de negocios, Colón pareció haber encontrado cerca de la despedida coincidencias fundamentales con Bad Bunny, portorriqueño originario (nació en Bayamón, una de las ciudades más importantes de la isla).
Ese simbólico traspaso generacional que viene de la sangre compartida tuvo un primer paso positivo cuando Colón celebró públicamente la decisión de Bad Bunny de incluir sonidos de salsa y otras referencias a sus raíces portorriqueñas en Debí tirar más fotos. Allí, como vimos, menciona en la letra de “Nueva Yol” a Colón con nombre, apellido y su apodo temprano, como si le reconociera su condición de pionero y, quizás, mentor.
Pero en “Nueva Yol” todavía prevalece, bajo una aparente superficie salsera, el núcleo del reggaetón. Otro tema del álbum, “La mudanza”, ofrece en cambio un sonido de salsa mucho más puro y tradicional. Y allí Bad Bunny hace una mención explícita de “Calle Luna, Calle Sol”, uno de los primeros éxitos grabados por Colón junto a Lavoe. El homenaje empieza a adquirir una forma todavía más precisa.
Sin embargo, en diciembre pasado, Colón empezó a cambiar de registro para volver a hablar de Bad Bunny y del viaje hacia las raíces musicales de su tierra. Empezó a usar palabras negativas como “fraude” y “engaño” para hablar de él y advertir que recurrió al uso de bots para aumentar artificialmente las reproducciones de sus temas en Spotify.
En el fondo no hay nada que sorprenda demasiado. Detrás de estas expresiones aparece de nuevo el eterno dilema que marcó a fuego la vida de Willie Colón: cómo entender a través de la música el destino de tantos hispanoparlantes (en su caso oriundos de Puerto Rico) emigrados a Estados Unidos o nacidos en ese territorio, eternamente atrapados entre la integración y el desarraigo.