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Adiós distracciones: más creencias, menos voluntad

El foco dejó de ser una virtud individual, es un activo organizacional. En los últimos años nuestro foco y atención se metieron en una especie de guerra: contra el celular, contra las distracci...

Adiós distracciones: más creencias, menos voluntad

El foco dejó de ser una virtud individual, es un activo organizacional. En los últimos años nuestro foco y atención se metieron en una especie de guerra: contra el celular, contra las distracci...

El foco dejó de ser una virtud individual, es un activo organizacional. En los últimos años nuestro foco y atención se metieron en una especie de guerra: contra el celular, contra las distracciones, contra nuestras rumiaciones, contra las noticias, contra los que nos hacen perder el tiempo. Las empresas invierten en políticas de bienestar digital y en capacitaciones sobre productividad pero, caemos igual. Somos profesionales preparados que sabemos exactamente lo que deberíamos hacer y no lo logramos. Y no es porque no tengamos herramientas, de esas nos sobran. Nos falta algo anterior, algo más íntimo y arraigado que dirige nuestras acciones. No es cierto que nos falte voluntad, se trata de nuestras creencias. De esto trata el nuevo libro de Nir Eyal, autor bestseller de Indistractable (Imposible de distraer), con una idea tan incómoda como liberadora: el problema no es la falta de método. Es la falta de creencia. En Beyond Belief (Más allá de la creencia), Eyal plantea que la productividad real no se sostiene solo con disciplina ni con sistemas, sino con lo que creemos que es posible para nosotros. Y esas creencias, determinantes, suelen ser invisibles. Entendemos los pasos y los beneficios, pero no los probaban. Sabemos qué hacer, pero algo interno dice: “esto no funciona para mí”. El resultado es la trampa moderna: coleccionamos consejos de productividad que nunca se convierten en comportamiento.

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Para explicarlo, propone el “triángulo de la motivación”: ventajas, conducta y creencia. Podemos conocer las ventajas de cambiar (más salud, mejor rendimiento, menos estrés). Podemos conocer el paso a paso (delegar, decir que no, apagar las notificaciones). Pero si no creemos que eso vaya a impactar en nuestra vida, el triángulo se cae.

El autor no romantiza la creencia como “fe” o pensamiento mágico, sino que lo baja a tierra como mecanismo psicológico medible. Y para eso estructura el libro en lo que llama “los tres poderes de la creencia: atención, anticipación y agencia”. Con la atención no vemos el mundo como es, lo vemos como esperamos que sea. Las creencias funcionan como filtros. Si creo que “no soy bueno para hablar en público”, mi atención buscará pruebas para confirmarlo. La anticipación: el cerebro no espera a que pase la experiencia para reaccionar, la simula antes. Y esa simulación condiciona cómo vivimos. Una reunión “agotadora” muchas veces se vuelve agotadora porque ya entramos esperando agotamiento. La anticipación no es un detalle emocional, sino una arquitectura productiva. Y agencia: el tercer poder es el más transformador. Es la sensación de control: cuánto creemos que podemos influir sobre nuestros actos y el contexto. En tiempos de incertidumbre, la agencia se erosiona y aparecen creencias que se disfrazan de hechos: “no puedo decir que no”, “mi trabajo es así”. Cuando baja la agencia, sube el piloto automático. Y con el piloto automático, el foco muere. Entonces, ¿qué se hace? La estrategia mínima y práctica que él llama “belief testing”: tratar las creencias como hipótesis testeables. No como sentencias. Elegir una práctica evitada y hacerla una sola vez, con curiosidad científica. No para transformar tu vida, sino para recolectar evidencia.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/negocios/adios-distracciones-mas-creencias-menos-voluntad-nid24012026-2/

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