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Agonizaba en una zanja hasta que el día de Navidad alguien descubrió que todavía respiraba: “Era un milagro que siguiera con vida”

El 25 de diciembre, mientras muchos se preparaban para celebrar, la vida de una perrita se apagaba en una zanja de Tortuguitas. Inmóvil, cubierta por barro y maleza, agonizaba sobre la tierra en l...

Agonizaba en una zanja hasta que el día de Navidad alguien descubrió que todavía respiraba: “Era un milagro que siguiera con vida”

El 25 de diciembre, mientras muchos se preparaban para celebrar, la vida de una perrita se apagaba en una zanja de Tortuguitas. Inmóvil, cubierta por barro y maleza, agonizaba sobre la tierra en l...

El 25 de diciembre, mientras muchos se preparaban para celebrar, la vida de una perrita se apagaba en una zanja de Tortuguitas. Inmóvil, cubierta por barro y maleza, agonizaba sobre la tierra en las afueras de una quinta de esa zona de la provincia de Buenos Aires.

“Mientras estacionaba el auto, noté que en la zanja lindera a la calle había un perrito muerto. A pesar de eso, algo hizo que quisiera acercarme para verificar si realmente era ese su estado. Cuando me paré a su lado, logré ver que su pancita se expandía y contraía. No dudé ni un segundo en sacarme la remera para envolverla y entrar a la casa donde íbamos a pasar la noche”, recuerda Esteban Galíndez.

La tiraron en un contenedor de basura y cuando la encontraron, supieron la triste verdad: “Fue inevitable no ponerme a llorar”

Las primeras horas fueron críticas. “Lo primero que hicimos fue envolverla en una manta que nos prestaron, darle agua, un poquito de carne (que por suerte consumió por su cuenta, con un poco de insistencia de nuestra parte) y ver el estado de la perra. Para mí es la enviada de Santa o el milagro de Navidad. ¿Quién sabe cuántos días llevaba tirada en esa zanja, llena de moscas, gusanos, pulgas y sobre todo, hambre y abandono?”, detalla con dolor.

Luego comenzó la búsqueda de veterinarios disponibles en la zona. Por la fecha, “fue complicado hacer contacto con alguno y, el único que logramos ubicar, dejó de responder los mensajes. Por lo que no íbamos a tener atención profesional hasta la noche, que la iba a atender nuestro veterinario del barrio, el Dr. Carlos Ballada, de Villa Martelli”.

La perrita, a la que le calcularon unos 4 o 5 años, no podía mantenerse en pie. Esteban y su novia Alba la trasladaron a su casa en Florida, donde el Dr. Carlos Ballada inició las primeras curaciones. Le aplicó medicación, le colocó curabichera en diferentes áreas de su frágil cuerpo y productos para quitar todas las pulgas y garrapatas.

Pero el diagnóstico real llegó el 26 de diciembre y fue alarmante: Navidad tenía hepatozoon, una enfermedad transmitida por garrapatas que había devastado su organismo. A eso se sumaba una neumonía grave y una anemia que hacía casi imposible extraerle sangre para los análisis. La indicación de Ballada fue contundente: había que internar a la perra de inmediato y, en lo posible, realizarle una transfusión de sangre.

“Era un milagro que estuviera viva con esos valores”, admitieron los médicos de la Clínica Mimados en Recoleta, donde Navidad ingresó el 27 de diciembre. Fue allí donde comenzó una cruzada médica que incluyó transfusiones de sangre, oxígeno y alimentación por sonda nasogástrica. Navidad era, literalmente, piel y huesos.

La historia de Navidad dejó de ser la de un rescate individual para convertirse en una gesta colectiva. Mariela del Río, compañera de trabajo de Esteban y rescatista, fue la pieza clave para organizar la logística y la red de ayuda. A través del refugio Zaguates y un grupo de padrinos (entre los que se encuentran Ana Segovia y otros compañeros del estudio donde Mariela y Esteban trabajan), se inició una colecta para afrontar los altísimos costos de internación, hematólogos y cardiólogos.

“Navi estuvo con una sonda nasogástrica para poder alimentarse y hace poquito se le puso también una sonda para poder orinar: es tan débil su musculatura que no puede hacer pis por sus medios. Ella sigue dando batalla, tiene ganas de vivir. Más allá de lo deprimida que se la ve a causa de sus patologías, es una perrita muy tierna, con un apetito voraz cuando se le despierta y un carácter fuerte cuando algo no le gusta. Necesita asistencia para poder estar de pie o incorporada”, dice Esteban emocionado.

Y continúa: “esas mismas ganas de vivir son las que tenemos nosotros y todos los que la estamos acompañando. Promesa mediante y confiando en todas las doctoras que la atienden diariamente, le daremos todo lo que esté a nuestro alcance y que el destino le negó durante tanto tiempo”. Actualmente, Esteban y su novia visitan a Navidad dos veces al día, todos los días. Navidad -que en algún momento tuvo familia- está castrada (lo que suma misterio a su abandono), responde a ese amor con una tenacidad asombrosa.

“Ella es solo un caso de los miles que se ven al salir a la calle. Involucrarse no significa que te compres un problema. Al contrario, satisface. Ojalá algún día se pueda torcer el destino de estos animales y que seamos mejores como sociedad”, reflexiona Esteban.

Navidad sigue peleando. Tiene días de recaída y otros de pequeños grandes avances. Pero la promesa de Esteban es firme: darle todo lo que le necesita para que pronto pueda recibir el alta y mudarse a la casa donde vive con su novia, Piraña (otro perro rescatado) y Suri (una perrita ciega), quienes seguramente sabrán darle la bienvenida a la integrante que faltaba. Navidad sobrevivió a la zanja y a la soledad de una fecha en la que nadie debería estar solo. Ahora, solo espera que el apoyo de la gente le permita terminar de sanar para empezar, finalmente, su verdadera vida.

Cómo colaborar: Navidad aún se encuentra internada y requiere estudios complejos y medicación constante. Para ayudar con los gastos de su recuperación, se puede donar a TEBY. ALMAGRO (titular: Esteban Galíndez).

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Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/agonizaba-en-una-zanja-cuando-alguien-la-descubrio-el-dia-de-navidad-era-un-milagro-que-todavia-nid08012026/

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