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Albana Fuentes: su niñez “estructurada”, los “no” en los castings, el rol que la convirtió en promesa y su nuevo desafío

Antes de que se apaguen las luces de sala y el universo de Oz se diluya sobre el escenario del Teatro Nacional Cervantes, Albana Fuentes se toma unos minutos para respirar después de otro exhausti...

Albana Fuentes: su niñez “estructurada”, los “no” en los castings, el rol que la convirtió en promesa y su nuevo desafío

Antes de que se apaguen las luces de sala y el universo de Oz se diluya sobre el escenario del Teatro Nacional Cervantes, Albana Fuentes se toma unos minutos para respirar después de otro exhausti...

Antes de que se apaguen las luces de sala y el universo de Oz se diluya sobre el escenario del Teatro Nacional Cervantes, Albana Fuentes se toma unos minutos para respirar después de otro exhaustivo ensayo. Tiene apenas 26 años y una carrera profesional que comenzó hace poco más de uno, pero su nombre ya aparece entre las irrupciones más prometedoras de la nueva generación de la comedia musical argentina. Dueña de una voz que remite a las grandes producciones de Broadway, construyó un ascenso tan veloz como infrecuente. Su debut fue en la avenida Corrientes como protagonista de La Sirenita, integró el onírico mundo de Flavio Mendoza en Una mágica Navidad, fue la hija de Campi en Papá por siempre y ahora, en su cuarta experiencia teatral, se viste de Dorothy, para recrear lo que hace 87 años hizo Judy Garland en cine.

“Albiceleste”, tal el nombre con el que la llaman en su familia, por la fusión de sus nombres Albana Celeste y el fanatismo por Racing Club de sus padres, habla con LA NACION sin grandilocuencias, con la misma naturalidad con la que recuerda su antigua vida lejos de los escenarios, hace tan solo dos años, cuando era community manager de un centro de estética y daba clases de canto porque nadie la elegía en los castings a los que se presentaba. Agradece sin artificios un elogio y baja la voz cuando sospecha que lo que dice es políticamente incorrecto. Una autenticidad que recorre una conversación que no solo revela a una artista en pleno crecimiento, sino también a una intérprete que entiende que el verdadero viaje, como el de su expectante Dorothy, recién comienza.

−Después de grandes producciones comerciales, te llega El Mago de Oz en el Cervantes. Teatro que hace de referencia a futuro cuando quieras comentar tu trayectoria.

−El Teatro Cervantes le da al proyecto un valor especial. Para cualquier actor trabajar en este escenario tiene un peso simbólico muy grande. Representa parte de nuestra identidad teatral y eso convierte cada función en algo todavía más significativo. Cuando Sebastián Irigo me escribió para contarme que estaba imaginando como director una nueva versión de El Mago de Oz me entusiasmé. Yo ya lo conocía de varias audiciones en las que nunca había quedado y siempre le hago el chiste de que jamás me eligió. Pero cuando me habló de Dorothy y del Cervantes, sentí que era una oportunidad imposible de dejar pasar.

−Venías de tres éxitos en continuado, La Sirenita, Una mágica Navidad y Papá por siempre. Imagino que tenías varias propuestas en danza.

−Sí, pero no. Cuando me contó el proyecto, yo ya había quedado para hacer Papá por siempre, así que fui muy sincera y le expliqué que tenía ese compromiso asumido. Él me dijo que, si a mí me interesaba, le iba a proponer mi nombre al teatro y después veríamos si ambas producciones podían convivir. A los pocos días me confirmó que el Cervantes había dado el visto bueno y que sería Dorothy.

−¿Qué vínculo tenías con la historia de El mago de Oz?

−Había visto la película y conservaba la historia en la memoria, aunque no la tenía tan fresca. Pero al ser muy fanática de Wicked, tanto del musical como de las películas, tenía muy presente toda esa parte, como la precuela. En los ensayos analizamos cada escena y entendí que el viaje de Dorothy habla del crecimiento, de dejar atrás el refugio de la infancia y animarse a descubrir un mundo donde nadie es perfecto y todos cargamos alguna fragilidad.

-La obra vuelve a escena después de casi cuatro décadas, sin la espectacularidad de un Disney, pero con la artesanía del Cervantes.

−Es una enorme responsabilidad. La última Dorothy había sido Soledad Silveyra y suceder a una actriz como ella es un honor inmenso, pero también una presión de ver si estoy a la altura. Por suerte cuento con compañeros de mucha experiencia. Leo Trento es el Espantapájaros, Claudio Martínez Bel, el León; Emiliano Larea, el Hombre de Hojalata; Luis Longhi, el Mago; y Vanesa Butera, las dos brujas. Pero hubo un concepto que me quedó grabado desde el primer trabajo de mesa. Irigo decía que Dorothy y sus compañeros de aventura, son personas con inseguridades que se encuentran en el camino. Ninguno está completo por sí solo, pero juntos logran vencer los obstáculos. Eso habla de aceptar nuestras propias faltas y entender que muchas veces el otro completa aquello que creemos que nos falta.

−¿Cómo es tu Dorothy?

−Tiene mucha inocencia, curiosidad y también una fuerza inesperada. Lo más lindo es que pude regalarle todo el juego que yo no tuve de chica. Fui una nena muy estructurada. Estudiaba violín, piano, ajedrez, inglés. Siempre estaba aprendiendo algo y me costaba simplemente jugar. Hoy siento que recupero esa parte a través de Dorothy. Disfruto dándole esa espontaneidad que quizás mi infancia no tuvo.

−Tu corta trayectoria está signada por los desafíos. Tu primera obra fue el año pasado, nada menos que como protagonista de La Sirenita.

-Todavía me cuesta entender cómo pasó. Venía de hacer muchísimos castings y de no quedar, incluso en producciones muy pequeñas. Cuando apareció la audición abierta de La Sirenita fui con la idea de que, si no conseguía el papel, al menos me conocerían para futuros proyectos. Nunca imaginé que terminaría protagonizando una producción de esa magnitud. Para mí fue un verdadero milagro y sigo sintiendo un enorme agradecimiento hacia todo el equipo que confió en mí.

−Quien te escuche cantar sobre un escenario, no creería todas esas negativas.

−Existe ese mito que porque protagonizás una obra importante, el camino hasta allí fue sencillo, y no es así. Incluso durante la temporada de La Sirenita seguí audicionando para series y musicales en los que tampoco quedé. Y los “no” cuando te conocen, creo que son peores que cuando no te conocen. Y a mí me gusta hablar de esos “no” porque forman parte del camino y ayudan a desmitificar la profesión. Creo que nadie tiene el futuro asegurado, y la realidad es muchísimo más incierta de lo que se cree.

−¿Llegaste a dudar de vos misma después de tantas audiciones fallidas?

−Sí, claro. Llega un punto en el que inevitablemente te preguntás qué te falta. Yo revisaba cada casting tratando de entender si debía mejorar como actriz, como cantante, como bailarina o si simplemente buscaban otro perfil. Pero también aprendí que muchas veces no tiene que ver con el talento, sino con el proyecto adecuado. Hoy miro hacia atrás y siento que cada negativa terminó preparándome para las oportunidades que realmente eran para mí.

−De ser una desconocida a tener una marquesina gigante de La Sirenita con tu cara en el Gran Rex. ¿Fue muy brusco el cambio de vida?

−Cambió mucho menos de lo que la gente cree. Antes de firmar el contrato trabajaba dando clases de canto, animando eventos infantiles y manejando redes sociales para distintas empresas. Poco a poco fui dejando esos trabajos porque el teatro empezó a ocupar todo mi tiempo. Pero sigo haciendo una vida muy normal, con mi novio no hacemos nada extravagante más que estar en casa, salir a ver alguna obra o ver películas, tratando de no perder nunca esa conexión con la persona que era antes de que apareciera todo esto. Un par de veces yendo al Rex a hacer La Sirenita me encontraba con chicas que estaban yendo a verme y me preguntaban por qué iba en subte. Yo sigo viajando en subte. Hago una vida normal.

−Trabajaste con actores de recorridos muy distintos, como José María Listorti, Campi y Dani La Chepi. ¿Qué fue lo más valioso que te dejaron?

−El profesionalismo. Que estén en el medio desde hace tantos años tiene que ver con la disciplina y aunque hagan humor, trabajan seriamente. Campi tiene una generosidad enorme. En escena y también fuera de ella se toma el tiempo para explicarte cómo funciona un chiste, cómo cambia una situación con apenas un segundo de pausa o con una intención diferente. Dani me enseñó muchísimo, incluso sobre el manejo de las redes sociales.

−Tu llegada al medio te obligó a profesionalizarte de un día para el otro.

−Sí, igual siempre fui muy cuidadosa, porque estudiar tres años de Fonoaudiología me cambió completamente la forma de entender mi instrumento. Comprender cómo funciona la anatomía de la voz me permitió saber qué hacer y qué evitar. Desde entonces nunca más volví a quedarme afónica, incluso estando resfriada. Saber cómo responde el cuerpo también ayuda a no exigirlo innecesariamente y a prevenir lesiones. Trabajar con directores como Ariel Del Mastro, Marcelo Caballero y Flavio Mendoza, que es muy exigente, me enseñó que el cuidado forma parte del oficio. Con La Sirenita hubo tres semanas con funciones de lunes a lunes. Entonces, se termina de trabajar y a dormir. No hay salidas, cumpleaños ni reuniones con amigos porque al otro día el cuerpo tiene que volver a responder.

−Hubo un episodio durante La Sirenita que el público no advirtió.

-Fue una de las situaciones más difíciles que me tocó atravesar arriba de un escenario. En la función de prensa e invitados, con todos los famosos, periodistas y jurados de premios; en una de las coreografías, uno de mis compañeros, sin querer, me golpeó el dedo chiquito del pie. Sentí el ruido de la fractura y el desplazamiento enseguida, pero seguí la función completa. Detrás del escenario lloraba del dolor y volvía a salir a escena como si nada hubiera pasado. Nadie del público ni siquiera advirtió que estaba lastimada, y eso, paradójicamente, fue lo que más tranquilidad me dio.

−Antes de dedicarte únicamente al teatro, tu vida profesional iba por otro camino. ¿Cómo nació el interés por el arte?

−Desde muy chica fui extremadamente curiosa. Empecé a estudiar violín cuando apenas tenía cuatro años y después piano, coro, ajedrez, inglés y muchas otras actividades. Mis papás siempre acompañaron todas esas inquietudes dentro de sus posibilidades. Más adelante estudié Sistemas, después Fonoaudiología y también hice doblaje. Recién cuando entendí que el teatro era mucho más que un pasatiempo decidí apostar de verdad por esa vocación.

−Hasta La Sirenita, habrás tenido varios trabajos.

−Cuando terminé el secundario no conseguía trabajo y, con la ayuda económica de mi mamá, abrimos una librería escolar en mi barrio de Caballito. Yo estudiaba Sistemas y pasaba unas doce horas por día atendiendo el local. Me gustaba lo que hacía, pero también sentía que mi verdadero deseo estaba en otro lado. Hacía teatro apenas dos horas por semana y entendí que, si seguía así, nunca iba a dedicarme a lo que realmente soñaba. Fue una decisión difícil, pero necesaria. Cerré el negocio y comencé a trabajar en cosas que me dieran flexibilidad horaria para presentarme a castings. Pero la verdad es que no quedaba. Llegué hasta la última instancia de Casi normales, la versión que hicieron los actores de Broadway, y fue una gran desilusión.

−¿Es cierto que tu nombre está inspirado en Racing Club de Avellaneda?

-Sí, me llamo Albana Celeste Fuentes y en mi familia siempre me dicen “Albiceleste”. Mis papás se conocieron en la cancha de Racing y el club siempre fue parte de nuestra historia familiar. Soy socia desde chica, tenía platea y durante muchos años fui todos los fines de semana. Es una pasión que todavía me acompaña, aunque hoy el trabajo no me permita seguirlo tanto. Nací en 1999, así que con dos años vi al Racing campeón de 2001, aunque el torneo que más disfruté fue el de 2014.

−¿Te dejás sorprender por el día a día o tenés algún sueño recurrente?

−Soy muy curiosa y me entusiasma seguir explorando otros lenguajes. Me gustaría trabajar en cine o en series para descubrir cómo me siento en ese formato. Tal vez lo haga y confirme que mi lugar sigue siendo el teatro, o tal vez encuentre una nueva pasión. En principio, en enero nos vamos con mi novio (Felipe Bou Abdo, actualmente protagonizando Anastasia) a Nueva York a estudiar y seguir formándonos en esto que amamos que es la comedia musical. Pero solo un tiempo, mi deseo sigue siendo crecer profesionalmente en la Argentina.

Para agendar

El Mago de Oz. Funciones: desde el jueves 16 de julio al domingo 27 de septiembre, los sábados y domingos a las 14.30 hs. En vacaciones de invierno: de miércoles a domingo a las 14.30 hs. Teatro Nacional Cervantes (Libertad 815).

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/teatro/albana-fuentes-su-ninez-estructurada-los-no-en-los-castings-el-rol-que-la-convirtio-en-promesa-y-su-nid16072026/

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