Alejandra Darín, la actriz que tejió lazos inquebrantables, se convirtió en referente y dejó huella: “La extraño todos los días”
Quienes conocieron a Alejandra Darín coinciden en decir que era valiente y justiciera, y tenía una profunda sensibilidad social. “No soportaba la inequidad y sacaba la cara por quien fuera”, ...
Quienes conocieron a Alejandra Darín coinciden en decir que era valiente y justiciera, y tenía una profunda sensibilidad social. “No soportaba la inequidad y sacaba la cara por quien fuera”, resume la actriz Coni Vera, que por muchos años fue su compañera en la Asociación Argentina de Actores, entidad que Alejandra presidió desde el 2011 hasta el día que falleció, el 15 de enero de 2025.
Como su hermano Ricardo, tenía ojos color cielo, de una mirada profunda y amorosa, y una sonrisa sincera que contagiaba a todos. Creció en una familia de actores y no había terminado la escuela primaria cuando debutó en un programa de televisión. Hizo decenas de ficciones, películas y obras de teatro, y se destacó por su compromiso social, luchando siempre con convicción y firmeza, no sólo por los derechos de sus compañeros actores y actrices argentinas sino también por los Derechos Humanos, acompañando a diversos organismos desde la militancia.
Una vida en los escenariosAlejandra Gabriela Ángeles Darín nació en Buenos Aires, el 19 de junio de 1962. Hija del actor Ricardo Darín (padre) y de Renée Roxana, creció entre patas de teatro y en sets de televisión y cine, acompañando a sus padres e interesándose por ese mundo desde muy chica. Su abuelo, hijo de un inmigrante italiano, llegó a ser dueño del Teatro Marconi y ella solía jugar entre las butacas y el escenario.
Sus padres se separaron cuando Alejandra tenía tres años y Ricardo, ocho. Años después su padre volvió a casarse y tuvo otra hija, Daniela, que es psicóloga y vive en España. La familia siempre mantuvo un vínculo cercano a pesar de los desacuerdos y las distancias. “De mi papá podés decir lo mejor y lo peor. Un personaje bastante particular, con mucha ausencia, y también mucha presencia. Cuando estaba, era muy atractivo estar con él. Era un tipo con una cabeza increíble. Para mí era como un oráculo, yo llevaba gente para que lo conociera. Por eso a veces ese endiosamiento que cada tanto hacemos Ricardo y yo. Estaba lejos de ser un dios, pero era mi viejo”, contaba en algunas notas.
Alejandra tuvo su primera oportunidad en televisión a los 9 años, cuando participó de la novela La selva es mujer, protagonizada por Hugo Arana y Leonor Manso. Desde entonces no paró de trabajar. Estaba afiliada a la Asociación Argentina de Actores desde 1973, y a partir de 2011 y hasta su muerte presidió el sindicato.
De perfil bajo, poco hablaba de su vida íntima. Se casó con el actor Alex Benn y estuvieron juntos catorce años; fueron padres de Antonia y Fausto Bengoechea, que con el paso del tiempo también siguieron por la senda de la actuación. Vivió con ellos en el barrio de Chacarita hasta el último día.
Luego de su debut en la pantalla chica siguió trabajando en otras tiras, entre ellas El hogar que yo robé, Dos hermanas, Flor de barro, Angelina, Un hombre como vos, Cenizas y diamantes, Las 24 horas, Los días contados, Vivan los novios, Dos vidas y un destino, Amo y señor, Nazarena, Por siempre tuyo, Aquí la jungla, Apuestas al amor. Tuvo mucha popularidad en De carne somos, interpretando a la hermana de Guillermo Francella, y luego hizo La extraña dama, Las comedias de Darío Vittori, Así son los míos, Una voz en el teléfono, Amor de pura sangre, Alta comedia, Teatro como en el teatro, Primer amor, Zona de riesgo, María Sol, De carencia y decencia, Sin condena, Dulce Ana, Amor sagrado, Poliladron. Por ese palpitar, Un mundo de sensaciones, 099 Central, Son amores, Rincón de luz, ½ falta, Juanita la soltera, El hombre que volvió de la muerte, Alguien que me quiera, Tiempo de pensar.
La Leona, en el 2016, fue su último personaje en televisión porque era tanto su compromiso gremial que casi se dedicó exclusivamente a eso, aunque también hacía teatro, de vez en cuando. En cine hizo su debut en el 2002 en Samy y yo, interpretando justamente a la hermana del personaje de Ricardo Darín. Luego hizo Un minuto de silencio, Ni Dios ni patrón ni marido, Oblivion, Historias breves IV, Cinco velitas. Y en teatro se destacó en Scalabrini Ortiz, Teresa Batista casada de guerra, las del Barranco, Preludio de un beso, Maradooo, De carne somos, Crimen y castigo, Esquirlas, El libro de Ruth, Pirandello dos miradas, El evangelio de Evita, Un informe sobre la banalidad del amor, Código de familia, Papá querido, Tierra del Fuego, Queda lejos aún, El hombre equivocado.
No tuvo muchas oportunidades de trabajar con Ricardo sobre el escenario o delante de cámaras, pero contó varias veces que colaboraban juntos en textos y producciones, como por ejemplo en Crimen y Castigo y El evangelio de Evita, donde Alejandra interpretó a Eva Perón. Además, trabajó con su hija Antonia en la obra Moscú y las dos destacaron alguna vez que fue una experiencia de gran aprendizaje para ambas.
Querido hermanoAlejandra y Ricardo siempre tuvieron una relación muy estrecha. Ella bromeaba muchas veces porque, a pesar de su larga trayectoria, había muchos que todavía la tildaban de “hermana de”. “Mi hermano ni me abrió ni me cerró ninguna puerta. Somos dos chicos, criados en el seno de una familia de actores. Cada uno hace lo que puede. Pero nunca lo sufrí como un karma… Lo que me ha molestado es que alguna vez me hayan hecho una nota a mí y la titulen ‘La hermana de Darín’. Él es un tipo más popular que yo, pero los dos hemos vivido de nuestra profesión. Es más, me han preguntado si éramos mellizos”, contó alguna vez la actriz… Los dos se mofaban de eso.
Cuando hace algunos años Valeria Bertuccelli acusó a Ricardo Darín de destrato, Alejandra publicó en sus redes, el día que cumplió 56 años: “Agradezco hoy y siempre por el compañero que me dio la vida desde que nací. Mi amigo, mi interlocutor. Con el que nunca me peleo, pero siempre discuto. El generoso con todos, el atento a tantos, el que pone el cuerpo, su nombre y sus convicciones en la pelea de otros, al solo pedido y sin esperar el vuelto. El divertido, el cabrón. El que muchos creen conocer, pero no tienen la más remota idea sobre sus desvelos o preocupaciones, sus íntimas alegrías, sus miedos, sus grandezas, sus dudas, sus certezas. A veces mi alumno y siempre mi maestro. Mi par. El que conozco tanto o más que a mí misma: Mi hermano… A lo largo de todos estos años han pasado algunas situaciones, en las que nunca elegí defenderlo públicamente. Lo mismo hago conmigo. Quizá porque confío en la verdad y sé que triunfa y nos sé fuertes. Quizá porque me parece indigno pelear en el terreno de las mentiras humanas disfrazadas y en el que cada uno de los que participan saca su mísera tajada. Quizá porque estoy convencida que no está bien alimentar bajezas y que más allá de ellas vamos seguir intentando construir el ‘mundo mejor’ que aun soñamos, junto a tantos otros. Hoy cumplo años. Gracias a todos. A vos. Te amo.“.
En una entrevista con EL PAIS de España Ricardo Darín se refirió a su hermana: “Yo voy a estar toda mi vida en duelo. Era mi hermana pequeña, no tan pequeña, murió con 62, pero menor que yo. Mi hermanita. Con la que me crie. Mi testigo… El tiempo es el único que te otorga un poquito de bálsamo porque si fuera por mí lloraría todas las mañanas”.
Su hija Antonia Bengoechea la recordó para LA NACION: “Fue muy duro. Es un duelo constante que no creo que se vaya a terminar nunca; va cambiando de forma. Siempre voy a extrañar a mi mamá, cada vez más. Hay una tristeza troncal que acompaña cada cosa que hago. También estoy muy agradecida de haber tenido a una mamá que amé tanto y me amó tanto (se emociona). Y eso me hace sentir poderosa, me da fuerzas para seguir adelante. Y tiene que ver con ella, conmigo y con lo que construimos juntas; un vínculo muy fuerte de mucha complicidad, libertad, alegría. A veces pienso dónde la encuentro ahora y sé que es adentro mío. La verdad es que la encuentro en todos lados. La muerte no es algo que finaliza, sino que cambia de forma. Y por suerte estamos muy acompañados y hay mucho amor y ese es su legado, la gente que nos rodea hoy en día. Estoy agradecida y emocionada por haber tenido una mamá así y haberla podido disfrutar; tuvimos una vida muy feliz juntas".
Fausto también recordó a su mamá pocas semanas después de su partida, cuando le tocó estrenar una obra en medio de ese dolor: “Fue complicado. Eso del show debe continuar es para el afuera… Pero volvés a tu casa y es otra cosa. Arriba del escenario la piloteo un rato, pero después sigo siendo yo. Es un momento difícil. Vengo esquivándole al bulto, no de mala manera ni negándome, pero tratando de poner la cabeza en otras cosas. Si freno y me pongo a pensar, se me viene todo abajo. Estoy contenido por familia y amigos, y nos ayudamos entre todos. No quiero hablar de mi vieja porque me voy…. (hace un silencio). Pero en lo personal tengo otra carga de responsabilidades y me estoy haciendo adulto, más todavía porque uno estira esto de la juventud lo más que puede. Cuando salgo del teatro mucha gente se me acerca para hablarme de mi vieja y darme sus condolencias. Por un lado, es muy lindo, y por otro, me descoloca porque salgo de hacer la función con la cabeza en otra parte. Recibo mucho cariño de gente que no conozco gracias a mi vieja o mi tío. Arranco con un plus. Todo está muy a flor de piel todavía”.
El recuerdo de sus amigosAlejandra Darín hacía un culto de la amistad. Decía que sus amigos eran su familia elegida. Y estaba para ellos en todo momento, en cualquier lugar. Andrea Pietra fue una de sus amigas más queridas. “La conocí en el ’89 en el primer programa en el que tuve contrato en televisión, Así son los míos. Creo que fuimos amigas desde el primer momento. Siempre fue una persona que recibía con amor a quienes llegaban al programa, que tenía una mirada positiva de las cosas. Era muy alegre, y proponía en su imaginario que algún día podíamos hacer una fiesta y cortar la calle, y abrazar árboles porque estaba siempre muy conectada con la naturaleza. Coleccionaba piedras, caracoles, cositas, y las atesoraba. De hecho, cuando mi hija era chica coleccionaba piedras y Alejandra le regaló las más lindas de las suyas, las más brillantes, las que se encendían de noche. Me acuerdo que cuando estaba por terminar este primer programa y tenía todos los miedos de saber si iba a seguir trabajando o no, ella me agarró fuerte de los brazos y me dijo que me quedara tranquila, que iba a trabajar siempre. Y esas certezas que tenía te las pasaba como un aliciente, como un pensamiento positivo que lleva a lo mejor de uno mismo. Le gustaba potenciar a la gente, y ser justa", apunta.
"Era muy luchadora por las causas nobles, muy amante de los animales. Es una amiga que extraño todos los días… También tenía un carácter fuerte y hemos discutido y peleado en la vida, y lo bueno era que podíamos recomponer porque el amor era mucho más fuerte que todo eso. Hicimos familia, soy la madrina de su hijo Fausto, soy la tía de sus dos hijos y siento que en ellos me quedó Alejandra, y cuando la extraño y los miro los veo cada vez más parecidos, educados con ese amor y esa luz, y también con la fortaleza de poder llevar adelante el no tenerla más al lado. Los educó para que sean libres y fuertes y eso se ve en este año en el que ella nos falta mucho a todos. Y además tengo el placer de girar con su hermano que es un ser muy parecido en su personalidad . De alguna manera es tenerla un poco… Creo que eso dejan las personas que echan raíces y siembran semillas, y cuando ya no están todos esos arbolitos y flores nos acompañan a quienes nos quedamos”, le confió emocionada a LA NACION.
Luisa Kuliok y Alejandra Darín compartieron elenco en La extraña dama y se hicieron amigas: “Alejandra amada, siempre andando... La calle, las luchas, los reclamos, las celebraciones, encuentros por la Patria y las hermandades... Mascarón de proa, entera y entregada, como sabueso empedernido buscando la justicia, los Derechos, las dignidades. Y las respiraciones hondas que sólo en comunidad son posibles. Extrañamos su cuerpo presente, sí. Pero nos sostiene la memoria y allí está ella, muy adentro, con sus palabras, sus sentires, sus acciones. Vibra su energía con su pura luz... Gracias por cada momento y por el coraje. Hasta siempre, Alejandra”, la recordó para LA NACION.
Coni Vera fue su amiga y compañera de trabajo no solo en la Asociación de Actores sino en varias ficciones compartidas. Y cuenta una anécdota que pinta a Alejandra en cuerpo y alma: “La conocí desde muy chica, antes de que empezara a trabajar como actriz porque era hermana de Ricardo, con quien hice La pandilla del tranvía. Entonces, por Ricardo conocí a Alejandra en la adolescencia. Después trabajamos juntas en algunos programas de televisión. En los ’90 y muchos actores íbamos a una disco que se llamaba New York City donde había un vip bastante grande y nos juntábamos a pasar un rato lindo. Una noche estaba ahí, bajé a bailar a la pista y cuando volví no encontré mi cartera; no estaba. Le preguntó al mozo, la busqué y ya me iba cuando Alejandra me preguntó qué pasaba, le conté y me dijo que no podía ser. Me agarró de la mano, fuimos a la barra, encaró al barman y le dijo que yo no encontraba la cartera y que no podía ser porque en ese lugar solo estaba gente conocida así que mi cartera tenía que aparecer. Fue de tal manera que al muchacho no le quedó otra que buscar y la cartera estaba debajo de la barra. Yo me quedé helada porque no hubiera tenido esa impronta de salir a pelear por lo mío. Pero Alejandra hizo suyo el problema y salió a defenderme. Y así era ella, cuando veía una injusticia, cuando le parecía que algo estaba mal sacaba la cara por el otro, por quien sea. Le importaba la gente. Desde que le tocó presidir la Asociación Argentina de Actores vi su crecimiento, su maduración, la bonhomía con la que se desarrolló… Y cuando falleció realmente fue un shock. No sé si yo no quería creer que eso podía suceder, pero me tomó absolutamente desprevenida su temprana muerte. No esperaba que fuera así. Veíamos que luchaba por estar mejor, veíamos que el tratamiento se prolongaba mucho, pero íntimamente no pensaba, no quería, no creía que pudiera pasar lo que pasó. Siempre me quedó muy presente ese gesto que ella tuvo cuando éramos jóvenes… Sacó la cara por mi como la vi hacerlo por tanta gente y por tantas cosas injustas. Alejandra era valiente y justiciera. No soportaba una inequidad, una injusticia. Sinceramente, que no esté más con nosotros es un dolor inmenso”, le contó a LA NACION.
Juan Palomino también recuerda a Alejandra Darín: “Fue la primera presidenta en la Asociación Argentina de Actores. La presencia de nuestra querida Alejandra fue una buena idea encendida por ser mujer, por su mirada, por anteponer la defensa de los derechos de las colegas y los colegas por encima de las prioridades. Y, además, nunca dejó de ejercer el oficio. Destaco la presencia, la convicción, la entrega, la paciencia, la construcción del discurso en tiempos favorables a los trabajadores por el respeto de las leyes laborales y, por momentos, también en tiempos complejos. La recuerdo en las marchas y militando la Ley del Actor, que nos otorga a los actores los aportes y la jubilación como trabajadores en relación de dependencia. La presencia de Alejandra en esa militancia fue muy contundente. Y hemos estado codo a codo en la participación activa en las calles, en defensa de los derechos humanos. Y también cruzamos Los Andes llevando la bandera de la Asociación Argentina de Actores y nos hemos estrechado con los hermanos chilenos en la cordillera sanjuanina. Tengo los mejores recuerdos de Alejandra como actriz, creadora, docente y mujer que siempre va a seguir formando parte del sindicalismo argentino. Es un referente fuerte. La recuerdo también con el pelito corto, como consecuencia de la quimioterapia, defendiendo fervientemente el derecho de los trabajadores y la identidad cultural de este país. Se la extraña y se la necesita, pero va a estar siempre en la memoria”.