Alerta, alérgicos: el mapa porteño de los árboles que muchos evitan en primavera
“Es terrible esta época para mí. Pasé de tener una alergia breve a un diagnóstico de asma moderada: se me hinchan los ojos y la nariz se me tapa, no puedo respirar”, cuenta Jaqueline Calder...
“Es terrible esta época para mí. Pasé de tener una alergia breve a un diagnóstico de asma moderada: se me hinchan los ojos y la nariz se me tapa, no puedo respirar”, cuenta Jaqueline Calderón, enfermera, de 50 años, mientras camina por la Avenida Juan B. Justo a la altura del Sanatorio Los Arcos, una de las zonas con mayor concentración de plátanos de la ciudad, de acuerdo a un análisis de LN Data realizado a partir del último censo de arbolado porteño.
Calderón vive hace más de dos décadas en la zona y asegura que, cuando empieza la primavera, siempre está con barbijo puesto, pañuelos y anteojos por si tiene que transitar ciertas calles o avenidas, como la que circula hoy, donde las copas de los plátanos se entretejen.
Tanto en esta zona de Palermo como en muchos otros barrios de la ciudad, la llegada de la primavera es sinónimo de veredas teñidas de amarillo, “pelusas” flotando en el aire y porteños que empiezan a calcular por qué cuadra conviene caminar. Para quienes tienen sensibilidad al polen, septiembre marca el comienzo de una temporada complicada.
“El plátano tiene una floración masiva justo entre finales de agosto y el comienzo de la primavera. Eso aumenta muchísimo la cantidad de polen en el aire y facilita que llegue a la vía respiratoria”, explica Juan Pablo Guido, médico del Servicio de Alergia e Inmunología del Hospital Alemán a LA NACION. En quienes tienen una predisposición alérgica, la exposición frecuente puede volver más reactiva la mucosa respiratoria y hacer que los síntomas aparezcan incluso tras un contacto leve con el polen.
Los síntomas que describe Jaqueline se repiten entre quienes viven o trabajan cerca de estos árboles. “La alergia se manifiesta con estornudos, secreción acuosa, picazón intensa en nariz y ojos, lagrimeo y congestión”, resume Maximiliano Gómez, de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología. Cuando el cuadro progresa, pueden aparecer tos, broncoespasmo o crisis asmáticas.
Aumento de casosMercedes Ferez, de 29 años, es empleada en un comercio de churros sobre El Salvador, a una cuadra de la avenida Juan B. Justo. Frente al negocio hay un plátano y cada mañana de primavera de camino al trabajo ya sabe lo que le espera. “Pongo un pie afuera de mi casa y automáticamente me lleno de mocos, empiezo a estornudar sin parar, se me tapan los oídos y me pican los ojos”, comenta a LA NACION. Los días de viento, agrega, las partículas entran directamente al local, por lo que varias veces al día tiene que lavarse la cara para sacarse las pelusas.
Después de probar antihistamínicos sin demasiado resultado, esta primavera Ferez evalúa usar barbijo: “Siento que cada año están más fuertes las alergias y es peor”.
Su percepción coincide con parte de lo que observan los especialistas. Guido afirma que en el Hospital Alemán las consultas por alergias respiratorias vienen creciendo año tras año y que también reciben pacientes con síntomas más graves. El médico menciona entre los factores que pueden contribuir a este fenómeno los cambios climáticos, la contaminación ambiental y la polinización.
Gómez explica que los cambios bruscos entre frío y calor pueden alterar el período de polinización: puede comenzar antes y terminar más tarde. Además, las partículas de contaminación, como las provenientes de la combustión del diésel, pueden adherirse al polen y aumentar la irritación e inflamación en nariz y ojos. Una mayor carga de polen combinada con contaminación puede, entonces, intensificar los síntomas.
Según datos del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, el arbolado público cuenta con 32.319 plátanos (Platanus acerifolia), sobre un total de 370.180 ejemplares relevados. Se concentran especialmente en la comuna 11 (Villa Devoto, Villa del Parque, Villa Santa Rita y Villa General Mitre), con 4066 ejemplares; en la 15 (Agronomía, Chacarita, La Paternal, Parque Chas, Villa Crespo y Villa Ortúzar), con 3986, y en la 14 (Palermo), con 3421.
Más atrás aparecen la comuna 12 (2701), la 9 (2624) y la 10 (2533). A las cifras barriales se suman corredores concretos: a lo largo de la avenida Juan B. Justo hay 380 plátanos; la avenida Avellaneda reúne 345 y Caseros, 296.
La ubicación de los plátanos distribuidos por toda la Capital se puede observar en el mapa creado por LA NACION.
Cuándo consultar y cómo reducir los síntomas
De acuerdo con la División Alergia e Inmunología del Hospital de Clínicas de la UBA, se estima que más del 20% de las personas suelen desarrollar una alergia al polen, pero aún existe un alto grado de subdiagnóstico por la baja consulta o derivación alergológica de pacientes con síntomas de rinoconjuntivitis que tienden a persistir indefinidamente en el tiempo e incluso a agravarse, ya que el 40% de los pacientes puede desarrollar asma bronquial.
Aunque muchos recurren directamente a un antihistamínico, los especialistas recomiendan no naturalizar los síntomas. “Cuando el antialérgico de venta libre deja de controlar lo suficiente o debemos estar tomándolo permanentemente, es un signo de alarma”, advierte Gómez. También hay que consultar cuando aparece tos o sensación de ahogo, porque puede ser una señal de compromiso de las vías respiratorias inferiores y de una posible progresión hacia el asma.
Una vez que se decide consultar, identificar correctamente el origen de los síntomas resulta clave. Para saber si efectivamente el plátano es el responsable, Guido explica que se estudia al paciente mediante análisis sanguíneos y pruebas cutáneas de reactividad. “No hay que tomarlo como un cuadro ya preestablecido o asumir que uno es alérgico al plátano, porque puede haber otro tipo de alérgenos”, señala. Una vez identificado el desencadenante, el tratamiento puede incluir antihistamínicos, medicación nasal y, en casos seleccionados, inmunoterapia específica.
Entre las recomendaciones, Gómez recomienda barreras físicas como barbijos, anteojos que queden relativamente pegados al rostro o cambiarse de ropa. También aconseja consultar con un alergista y evitar la automedicación, ya que los tratamientos deben indicarse según cada caso. Además, como el polen de los árboles permanece principalmente en las cercanías de donde están plantados, cambiar de recorrido y alejarse de los plátanos cuando sea posible puede ayudar a disminuir la exposición. “A los 200 metros de distancia ya es poco probable que tengamos influencia”, sostiene.
Luciana Staiano, docente e investigadora de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (Fauba), diseñó un mapa interactivo en Google Maps para ayudar a los vecinos de la ciudad a esquivar la molesta “pelusa” amarilla que liberan los plátanos. La herramienta clasifica las cuadras porteñas en tres niveles, según la abundancia de estos árboles: amarillas (llevaderas, hasta 3 ejemplares), naranjas (cargadas, de 4 a 6) y marrones (imposibles, con 7 o más), permitiendo a miles de usuarios planificar rutas menos alergénicas o, por el contrario, encontrar los caminos más frescos y sombreados durante el verano.