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Amor, odio y negocios

“Las razones que puede tener un hombre para abominar de otro o para quererlo son infinitas” sentencia Borges, en “La forma de la espada”. Lo afirma para subrayar luego que, por el contrario...

Amor, odio y negocios

“Las razones que puede tener un hombre para abominar de otro o para quererlo son infinitas” sentencia Borges, en “La forma de la espada”. Lo afirma para subrayar luego que, por el contrario...

“Las razones que puede tener un hombre para abominar de otro o para quererlo son infinitas” sentencia Borges, en “La forma de la espada”. Lo afirma para subrayar luego que, por el contrario, el protagonista de su cuento todo lo acotaba a una sola dimensión. “Reducía la historia universal a un sórdido conflicto económico”. Escenas de estos días (o de ayer, no más, en Nueva York) podrían caber en estas definiciones. Y, tal vez, las dos borgeanas afirmaciones (y cosmovisiones) antagónicas no se contradigan. Muy probablemente puedan acá complementarse.

Javier Milei parece hallar la síntesis. Él suele encontrar infinitas (y cambiantes) razones para querer y, sobre todo, para abominar de algunas personas. Y para hacer público el escarnio. Tanto como la adoración. Aunque casi nunca suele estar ausente de su ira o de su arrobamiento algún “sórdido conflicto económico”. Convertido en una cuestión moral. El bien contra el mal. Absolutos. Amigos o enemigos. Sin matices. Reduccionismos. Seguramente, desconozca otra sentencia borgeana que trae el mismo cuento: “Lo que hace un hombre es como si lo hicieran todos los hombres (…) Acaso Schopenhauer tiene razón: yo soy los otros, cualquier hombre es todos los hombres”. Demasiada universalidad.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/amor-odio-y-negocios-nid11032026/

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