Arte para vestir: de las corbatas de Dalí al vestido de Warhol y el overol de Marta Minujín
NUEVA YORK.- Las latas de sopa recreadas por ...
NUEVA YORK.- Las latas de sopa recreadas por Andy Warhol se volvieron tan famosas a comienzos de la década de 1960, que la empresa Campbell’s redobló la apuesta: en 1966 lanzó The Souper Dress, un vestido descartable realizado con papel de celulosa y algodón, sobre el cual se imprimieron las reproducciones de las 32 pinturas del rey del arte pop. En ese entonces se podía conseguir a cambio de dos etiquetas de latas de sopa y un dólar; ahora hay quienes piden hasta 25.000 dólares por esas piezas, que integran colecciones de museos como el Met, el MoMA y el del Fashion Institute of Technology, en Nueva York.
Esta última institución la incluye en estos días en Art x Fashion, una muestra curada por Elizabeth Way que recorre a través de 140 piezas -prendas, accesorios, textiles, fotografías y obras originales- el vínculo entre el arte y la moda desde fines del siglo XVIII. Hasta llegar al overol de seda de colores de Marta Minujín, inspirado en su obra Soliloquio de emociones encontradas (2011), igual al que usó la artista esta semana al presentar sus esculturas inflables en Lollapalooza. Se incluye además un fular de la misma colección, lanzada en 2024 en colaboración con el estudio multidisciplinario La Sudestada.
“Marta tiene una colección de cincuenta overoles y sabe mucho sobre textiles, que fueron una parte importante de su construcción como personaje –señala Gimena Garmendia, fundadora de La Sudestada-. El overol era un tipo de uniforme que cubría sus partes femeninas y la ponía en la misma posición que los hombres. Y también formó parte la historia que contaba a través de sus piezas. Cuando viajó por América Latina, por ejemplo, empezó a comprar telas nativas. Si esta muestra plantea la pregunta sobre si la moda es arte, para ella todo es arte. Debemos vivir en arte”.
Igual que el vestido de Warhol, quien también colaboró con el diseñador Roy Halston y realizó una performance con Minujín en 1985, el diseño de la única argentina incluida en la exposición tiene su propia historia. Hace seis décadas, mientras se disponía a presentar en el Instituto Torcuato Di Tella Simultaneidad en Simultaneidad –cuyo registro acaba de ser donado al MoMA por Islaa-, la artista le encargó la confección de un overol de raso dorado a un sastre que trabajaba para su abuelo, Salvador.
Este último, un inmigrante judío llegado desde Odesa, había fundado a principios del siglo XIX en Buenos Aires Casa Minujín, una fábrica de trajes y uniformes de trabajo que colaboraba con reconocidas instituciones como el Teatro Colón. Allí mismo, en el barrio de San Cristóbal donde ella pasó su infancia y su adolescencia, se aloja su propio taller.
Salvador se llamaba también otra persona clave en la vida de Marta, vinculado con esta muestra. Dalí, el surrealista más popular, comenzó a convocarla a sus reuniones en el neoyorquino hotel St. Regis a mediados de los 60, cuando se sorprendió al verla andando en patines con Marcial Berro, y llegaron a planear hacer una película juntos.
Ahora el overol de Marta convive en la misma sala con diseños textiles de su amigo español, que cuelgan junto a otros de Pablo Picasso. También hay un frasco de perfume creado por Dalí para la diseñadora italiana Elsa Schiaparelli y corbatas que le encargó James Lehrer Inc. Fueron las más vendidas de la marca a principios de la década de 1950, por 1,50 dólares cada una.
Mientras Dalí realizó diseños originales para Schiffer Prints con su estilo reconocible en 1949, Picasso recreó una década después litografías existentes en patrones repetidos con toros y toreros para Bloomcraft Inc., pero no se imprimieron en tela de tapicería porque el malagueño “no quería que la gente se sentara sobre su arte”.
Así lo asegura a LA NACION Elizabeth Way, la curadora que reunió piezas icónicas como la cartera creada por Jeff Koons con el retrato de la Mona Lisa para Louis Vuitton, las colaboraciones de esta marca con Yayoi Kusama y Takashi Murakami o el vestido de Yves Saint Laurent con los bloques de color de Piet Mondrian. A modo de respuesta a la pregunta sobre si la moda es arte, ella procuró reunir ejemplos de tres requisitos mencionados por el historiador del arte y la moda Christopher Richards: piezas que tengan un diseño innovador, artesanía extraordinaria e impacto cultural.
El vínculo entre ambas disciplinas se refleja de tres maneras: la reproducción, la interpretación y la colaboración. “Diana Vreeland fue fundamental al inventar la exposición de moda moderna en el Met, al alinear la moda con el arte pero abrazando su comercialidad. Ella exhibió a Balenciaga junto a cuadros de Goya y Velázquez”, apunta Way en referencia a la exeditora de Vogue y Harper’s Bazaar, fallecida en 1989. Otro hito, según ella, se dio “cuando el trabajo de Issey Miyake apareció en la portada de Artforum, en 1982. Fue el primer diseñador de moda en ocupar ese lugar”.
Bien podría haberse ganado el propio lugar otro argentino en esta muestra que continúa hasta el 19 de abril en Chelsea: Julio Le Parc se convirtió hace una década en el cuarto artista –después de Josef Albers, Daniel Buren e Hiroshi Sugimoto- cuyas obras pasaron a integrar la selecta colección Hermès Éditeur. El mendocino radicado en París fue convocado por Pierre-Alexis Dumas para convertir sus pinturas de la serie La larga marcha (1974-1975) en sesenta pañuelos de seda. Cuando esas mismas líneas de colores cubrieron la fachada de la Maison Hermès en Tokio, mientras la capital japonesa alojaba los Juegos Olímpicos en 2021, cada una de esas piezas de edición limitada ya estaba valuada en 7000 euros.