Ascendió en su liga y volvió a llamar la atención: el club cordobés que se llama River y viste como Boca
El Club Atlético y Biblioteca River Plate de Bell Ville rompió una sequía de 33 años sin finales y consiguió el ascenso a la Primera División de la Liga Bellvillense. Pero el logro deportivo ...
El Club Atlético y Biblioteca River Plate de Bell Ville rompió una sequía de 33 años sin finales y consiguió el ascenso a la Primera División de la Liga Bellvillense. Pero el logro deportivo quedó una vez más a la sombra de su insólita historia que no muchos conocen: el club fue fundado por hinchas de River y de Boca, se llama como uno y viste como el otro. Una imagen desconcertante para cualquier fanático, pero habitual hace más de 100 años en Córdoba.
Ocurre en Bell Ville, ciudad de poco más de 37 mil habitantes, al sudeste de la provincia, en donde esta dualidad inalterable se convirtió ya en una marca registrada. El equipo que entra a la cancha envuelto en humo azul y oro, con camisetas idénticas a las de Boca Juniors, pero con un nombre impreso en el escudo —también mismo que el del conjunto de la Ribera— que dice “RIVER”.
Fundado el 25 de marzo de 1923, el club surgió como tantos otros en el interior argentino, con vecinos que jugaban en potreros de barrio y decidieron oficializar su pertenencia. “Eran cinco de River, cinco de Boca y uno de Gimnasia de La Plata. Como no se ponían de acuerdo, alguien propuso tirar una moneda: si salía River, los colores serían los de Boca, y viceversa”, contó César Cepparo, presidente de la institución, en diálogo con LA NACION. La moneda definió el nombre y la camiseta: River con azul y oro, sin grises ni reversas posibles.
Desde entonces, el club asumió su condición híbrida como parte de su identidad. El escudo mantiene la forma tradicional de Boca, pero con la inscripción “RIVER” en letras azules sobre fondo amarillo. Y no es una decisión casual: “Está en el estatuto, y no se puede modificar. Todas las disciplinas del club tienen que llevar esos colores y ese escudo”, aseguró Cepparo. La fidelidad al reglamento fundacional es tal que incluso propuestas de renovación estética han sido rechazadas.
Así nació el Club Atlético y Biblioteca River Plate, nombre que perdura hasta hoy y que incluye un elemento muchas veces pasados por alto: la biblioteca. “Al principio la gente la usaba mucho, después se fue dejando, pero la biblioteca sigue estando. Por eso se llama así el club, y además está en el estatuto”, señaló Cepparo.
Obviamente, no es fácil y no todos están de acuerdo: el propio hijo de Cepparo, hincha de River, se negaba a jugar en el club cuando era niño. “No quería usar la camiseta de Boca. Le costó entenderlo. Ahora se ríe, pero de chico lo sufría”, recordó. Esa misma contradicción genera asombro en cada torneo regional o partido amistoso, especialmente para los que no están acostumbrados a enfrentarlo en la Liga Bellvillense. O cuando los dirigen árbitros de Buenos Aires que no conocen el equipo se han llegado a sorprender al verlos. “Hemos jugado en Chile, y nos miraban como si estuviéramos haciendo una broma. Pero esto es así desde hace más de cien años. No es inventado ni por marketing: surgió así y lo mantenemos”.
Esto último es algo en lo que hacen mucho hincapié y en el que hubo un punto de inflexión en la historia del club. En 1969, los presidentes de Boca y River —Alberto J. Armando y Antonio V. Liberti, respectivamente— se acercaron a la institución para ofrecer apoyo económico, pero con una condición. Incluso, Armando les había prometido darles la indumentaria xeneize de por vida. “Nos ofrecieron indumentaria y beneficios si cambiábamos el nombre o los colores. Pero se hizo una asamblea, volaron sillas por todos lados, y se decidió que no. La historia no se toca”, afirmó Cepparo. Y desde entonces, se mantiene la convicción de no modificar la identidad del club.
No serían muchas más las veces que los dos clubes más grandes de la Argentina iban a acercarse al club, que se apoda también el Millonario. Según reconstruyó Cepparo, décadas más tarde del primer acercamiento, tras el título mundial de la selección argentina en 1978, comandada por Mario Alberto Kempes —nacido precisamente en Bell Ville—, volvieron a tener otro encuentro. “Vinieron los presidentes, pero ninguno quiso entrar: uno porque el club se llamaba River y el otro porque vestía los colores de Boca”, recordó el dirigente. Aquella escena, tan absurda como simbólica, terminó de reafirmar una decisión que se mantiene hasta hoy: la identidad no se negocia.
El ascenso reciente de River Plate de Bell Ville llega luego de una larga espera. “La última final que habíamos jugado fue en 1992. Ahora volvimos a disputar dos torneos, perdimos una final, pero al tener más puntos en la tabla general, ganamos el derecho a un nuevo cruce por el segundo ascenso, y lo logramos”, detalló el dirigente. La Liga Bellvillense, afiliada a la AFA, está dividida en dos categorías desde 2003. River competirá en la A en este 2026.
Entre los jugadores que han salido de la institución se destaca Silvio Carrario, ex delantero de Racing, Boca —donde compartió plantel brevemente con Diego Maradona—, entre otros. En la actualidad, dos nombres con pasado en el club mantienen vigencia en el profesionalismo: Ariel Matías García, quien integró el plantel de Aldosivi, que descendió la temporada pasada, antes de quedar libre; y el experimentado pero inoxidable Hernán Barcos, que ya firmó este año con FC Cajamarca, de la primera división de Perú.
Vale aclarar que el fútbol no es todo en el club. En su predio de tres hectáreas, además de las canchas principales y auxiliares, funciona una escuela infantil con más de 280 chicos, equipos femeninos y de fútbol senior. También hay bochas (disciplina que dio un tricampeón mundial, Roberto Donato Ghío), patín, cesto, vóleibol y la biblioteca popular, parte inseparable de su nombre oficial. El club organiza torneos, bailes, alquila salones y se mantiene con aportes de socios y vecinos.
“Es un club grande, pero de barrio. Nos mantenemos con esfuerzo. Hasta el presidente —yo— se pone a pasar la máquina para airear la cancha”, dijo Cepparo, que además de dirigir la institución tiene una empresa de camiones. La sede está siendo reacondicionada, el predio cuenta con pileta y canchas de fútbol 5, y el sueño ahora es colocar iluminación en la cancha principal para poder disputar partidos nocturnos.
La convivencia de hinchas de ambos clubes es cotidiana allá, a diferencia de como se vive en la Capital Federal. “Acá podés ver el partido en la sede, con los de Boca y los de River sentados juntos, cargándose, y no pasa nada. En Buenos Aires sería imposible”, comparó.
Incluso jugadores y exfutbolistas de renombre han mostrado sorpresa al conocer el caso. Una buena anécdota que contó, que muestra cómo a veces puede ser un problema para otros esta combinación, es el encuentro que tuvieron con el exjugador Martín Demichelis. Por el centenario de la institución, aprovechando que Micho es de Justiniano Posse, a menos de 40 kilómetros, intentaron que firme una camiseta, cuando todavía dirigía al River. “Fui a hablar con Martín y me dice: ‘Lamentablemente, no la puedo firmar en este momento. Estoy con River y no puedo tocar los colores de Boca’“.
Hoy, con la particularidad ya convertida en marca identitaria, el club busca seguir creciendo. Recibe pedidos de camisetas desde todo el país, periodistas y coleccionistas lo contactan para registrar la rareza. “Nos llaman de radios de La Matanza, de Santa Fe, de Buenos Aires. Es un fenómeno. Una camiseta de River con los colores de Boca, o viceversa, no se ve en ningún lado. Solo acá”, resumió su presidente.
El testimonio lo cerró con un deseo: “Me gustaría que esto sirva para que los clubes grandes miren más al interior. Que vengan, que conozcan, que vean lo que se hace. Porque el pibe del interior también sueña, también tiene talento. Acá no es solo el folclore de los colores. Es trabajo, es pertenencia, es comunidad”.