Así es un refugio de piedra a orillas del río Celio, en México, diseñado para vivir a ritmo lento
“El futuro dueño de la casa quería explorar una nueva forma de habitar. Desde el inicio, la confianza fue fundamental, sobre todo en aquellos momentos en los que algunas decisiones del proyecto...
“El futuro dueño de la casa quería explorar una nueva forma de habitar. Desde el inicio, la confianza fue fundamental, sobre todo en aquellos momentos en los que algunas decisiones del proyecto podían generar dudas. Que se sostuviera en el tiempo, junto con las ganas de creer en el proceso y en nuestro trabajo, fue clave para que el proyecto pudiera desarrollarse”, nos dijeron los arquitectos Diego Torres Guízar y Diana Ortiz Moreno, del estudio TAAB, responsables del diseño de una casa de 620 m2 en un pequeño barrio privado a orillas del río Celio, en Jacona, Michoacán, México.
El cliente ya había confiado en los arquitectos para otros proyectos y, cuando compró los terrenos, decidió volver a llamarlos. La casa se apoya sobre un gran lote triangular, con una arista curva que se repite en la esquina más cercana al río. Desde ese gesto nace el muro perimetral, que se pliega y se abre para recibir, y luego acompaña y contiene los jardines, con un movimiento suave inspirado en el curso de agua que bordea el terreno.
“Al cliente le generaba cierta inquietud el terreno: no lograba imaginar cómo podía construirse una casa en un lote así. Sin embargo, para nosotros ese tipo de particularidad fue el punto de partida fundamental, lo que marcó el rumbo del proyecto. Una de las primeras decisiones fue materializar ese gesto en un gran muro construido con piedras de la región”, explicaron los arquitectos.
PausaEl ingreso, contenido por muros de piedra, conduce a un espacio de transición que funciona como antesala de bienvenida. “El gran ventanal se abre y enmarca el patio curvo, que quisimos traer hacia el interior y repetir como gesto a lo largo de toda la casa. Es un lugar pensado para detenerse”.
“Hacia el exterior, la casa puede percibirse como cerrada o incluso fría, pero esa es justamente la intención: protegerse del afuera y proponer una manera de habitar desde el interior, como un refugio, como un abrazo”.
Arq. Diego Torres Guízar, socio en estudio TAAB y a cargo del proyecto
El muro de granito oscuro define el carácter del conjunto y funciona como resguardo, mientras que los interiores cálidos —resueltos en tierra bruñida y con madera presente en las vigas— remiten a las casas tradicionales de la región.
Separar sin cerrarEn la antesala aparece un biombo de madera que filtra la mirada hacia la zona más íntima de la casa, donde se ubica la cocina, sin bloquearla por completo. Al mismo tiempo, ese elemento cumple una función clave en la organización del espacio: divide y distribuye. De un lado, conduce hacia los sectores de servicio; del otro, guía el recorrido hacia la cocina.
A los dueños de casa les gusta cocinar de manera sencilla y, sobre todo, recibir invitados. Disfrutan mucho del encuentro y del compartir, por eso las áreas sociales fueron el foco principal del proyecto.
Arq. Diego Torres Guízar, socio en estudio TAAB y a cargo del proyecto
Los muros de tierra implicaron un proceso largo y minucioso. No se trataba de una tierra local, y llegar a la mezcla adecuada llevó cerca de ocho meses de distintas pruebas. El acabado exigió distintos tipos de lijado —a mano, con agua y con máquinas— hasta alcanzar la textura buscada. “Fue un proceso extenso, casi artesanal, que mejoró conforme el paso del tiempo y la experiencia”.
El resultado se percibe claramente al habitarla. De hecho, muchas personas, al entrar por primera vez, sienten el impulso de tocar sus muros: la superficie es sorprendentemente suave. La tierra, conocida como Tadela, se pule de tal manera que sus poros se cierran por completo, generando una terminación lisa y dura, casi pétrea, capaz incluso de retener agua. “Ya no se siente como un simple revoque de tierra, sino como una reinterpretación contemporánea de las casas tradicionales de adobe, con vigas de madera y patio central”.
La vivienda, pensada para un padre y una de sus hijas —ya que el resto vive en el exterior—, se proyectó para habitarse íntegramente en planta baja. “Toda la casa está concebida para desarrollarse en un único nivel y, cuando el resto de los hijos llega de visita con sus familias, alojarlos en el segundo piso”, explicaron.
“Es un proyecto que nos dio muchísima satisfacción como equipo. Nos permitió trabajar con materiales naturales que nos interesan especialmente, como la tierra y las piedras de la región de Puebla, donde existen canteras de granito macizo”, confesaron.
Cerrar para habitarEn cada proyecto, el estudio suele elegir postigos de madera en lugar de las cortinas tradicionales en los espacios sociales y habitaciones. “Lo interesante es que, al cerrarlos, el espacio queda completamente oscuro y aislado del sonido. Nos gusta trabajar con la madera y que el postigo tenga la misma escala que la ventana; sentimos que eso le aporta una calidez distinta al ambiente”, explicaron.
Entre libros y vinoPara el dueño de casa, contador de profesión, era fundamental contar con un espacio de trabajo para las tardes. “Lo interesante fue poder cumplir con un pedido especial: una puerta oculta en la biblioteca conduce a una cava subterránea, aportando sorpresa y profundidad al recorrido”.
“Cada vez que baja a la cava, se transforma: disfruta como un chico. Es un apasionado del mundo del vino”, confesaron los arquitectos del cliente, entre risas.
Jacona CavaLa construcción de la cava de vinos también resultó un desafío: está prácticamente metida en el río, con el nivel de agua muy alto. La obra exigió materiales resistentes y un bombeo constante durante todo el proceso. Para ventilarla, se incorporaron extractores que conducen hacia el jardín de doble altura del ingreso, permitiendo que el sótano respire a través del muro del fondo.
“Los pasillos tienen un carácter casi monástico, contenidos entre muros de piedra y una iluminación indirecta que invita a la reflexión. Es un fuerte contraste con la intensidad de las áreas sociales, pero en la casa conviven ambas dimensiones”.
Vida verdeAdemás del diseño arquitectónico, el estudio puso especial atención en el paisajismo. Con más de once años de trayectoria, fue construyendo una mirada propia que entiende al paisaje como parte central de cada obra, al mismo nivel que la arquitectura.
El patio interior fue pensado como un pequeño bosque más que como un jardín tradicional. En lugar de recurrir al pasto —recurso muy habitual en las casas mexicanas—, los arquitectos apostaron por especies locales, pavimentos alternativos y una vegetación que crece de manera natural, sin necesidad de poda. En este caso, eligieron pirules mexicanos, árboles de follaje persistente, verde intenso y con una caída suave, que además producen pequeños frutos rojizos similares a la pimienta.
“A diferencia de otros trabajos, en este caso el equipo pudo acompañar la obra de principio a fin, con la satisfacción de participar en una obra de gran escala. El cliente quedó muy agradecido y todos nos sorprendimos con el resultado final”, concluyeron del proyecto que tomó dos años y medio en total.