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Atrapada a 15 metros de altura, y un barrio en vilo, hasta que alguien ofreció ayuda: “Yo me subo, la agarro en dos minutos”

El llanto era persistente, agudo, y parecía que provenía de algún lugar del pulmón que conectaba a cinco edificios de la cuadra. Ese sábado de fin de semana largo, en el barrio porteño de San...

Atrapada a 15 metros de altura, y un barrio en vilo, hasta que alguien ofreció ayuda: “Yo me subo, la agarro en dos minutos”

El llanto era persistente, agudo, y parecía que provenía de algún lugar del pulmón que conectaba a cinco edificios de la cuadra. Ese sábado de fin de semana largo, en el barrio porteño de San...

El llanto era persistente, agudo, y parecía que provenía de algún lugar del pulmón que conectaba a cinco edificios de la cuadra. Ese sábado de fin de semana largo, en el barrio porteño de San Cristóbal, los vecinos de un una de las torres de viviendas de la avenida San Juan entre Catamarca y Dean Funes, se despertaron con una emergencia que parecía no tener solución: una gatita joven merodeaba nerviosa en la medianera que dividía los terrenos, a unos 15 metros de altura. Estaba atrapada, sin salida y con el abismo a sus pies.

Julieta Schillaci, estudiante de veterinaria y fundadora de la ONG Rescataditos en adopción, fue quien recibió el primer alerta. Una adoptante de confianza, escuchó los maullidos y, desesperada, pidió consejo. Julieta fue clara: “Llamen a los bomberos”. Pero en esta oportunidad, la burocracia y la complejidad de los accesos jugaron en contra. Sin los recursos necesarios para llegar al lugar donde estaba la gata, los pedidos de los vecinos que llamaron a la policía y a diversas comunas desde temprano, fueron inútiles para ofrecer ayuda al animal.

Después de un día difícil, escuchó un extraño sonido cuando llegó a su casa: “Su estado de salud era alarmante”

Pero la desesperación por asistir a la pequeña gata en problemas agudizó el ingenio. Los vecinos del edificio de al lado, al ver que el rescate oficial se dilataba, intentaron alquilar un andamio por su cuenta, pero el feriado largo les cerró todas las puertas. Mientras tanto, abajo se armaba una escena de película: personas con colchones abiertos y sábanas tirantes rezaban para que, si la gata caía, el impacto fuera contenido.

Fue entonces cuando entró en escena María Laura Miro, una adoptante experimentada de la ONG, acostumbrada a cuidar gatos con desafíos neurológicos y físicos. Laura no se quedó mirando. Fue al departamento del tercer piso de su vecina Amalia Benítez —una atleta de levantamiento de pesas— quien le abrió las puertas de su casa inmediatamente para intentar una maniobra desde su balcón. Fue en ese momento de máxima tensión cuando sonó el teléfono de Laura. Era otro vecino que, viendo la situación desde la ventana de su departamento en el piso 14, le dijo las palabras mágicas: “Yo puedo agarrarla, lo hago en dos minutos”.

Darío Sosa de 32 años, profesor de baile de profesión y amante del movimiento en todas sus formas, no lo dudó. Con una mochila transportadora y una destreza que dejó estupefactos a todos, se colgó al vacío ante la mirada atónita de los vecinos que contenían el aliento desde balcones, patios y departamentos linderos. Eran 15 metros de caída libre. “Me crie en Ezeiza entre hermanos y primos. A todos nos encantaba trepar árboles y es un pasión que mantengo desde entonces. Hoy, cada vez que veo un árbol lindo, inmediatamente corro a treparlo. La sensación es única”.

Así, en menos de cinco minutos (que parecieron una eternidad), con una precisión quirúrgica y “sin mirar a nadie para no perder de vista a la gata ni el eje”, Darío logró alcanzarla. “Me acerqué con mucha cautela para no asustarla. No quería que tuviera miedo y saltara al vacío”. Minutos después, entre aplausos y palmadas en la espalda, Darío finalmente pudo poner a Estrella -como bautizaron a la gata que “había caído del cielo”- a salvo.

“Estaba muerta de miedo, no entendía nada, solo quería esconderse para sentirse segura”, cuenta Julieta. Una vez a salvo, Laura la tomó a upa, la envolvió en calor y le armó un lugarcito especial en su casa para que pudiera relajarse tras el trauma.

El lunes, Estrella fue trasladada al centro médico CmVet en Villa Crespo, donde le hicieron un chequeo completo. El control clínico veterinario fue alentador: a pesar de las horas que había pasado en la medianera, Estrella (de menos de un año y medio) estaba hidratada y sin heridas visibles. “No se pudo palpar punto de castración, de modo que hay que esperar y evaluar si la gatita entra en celo en estos días y, en ese caso, coordinar para castrarla”.

Darío Sosa y su rescate en altura

Hasta el momento nadie reclamó por ella. “Todo indica que vivía en algún departamento del edificio sin las protecciones correspondientes. Sus tutores se habrían ausentado por el fin de semana largo y, sin supervisión, la gata terminó en ese paredón que casi se convierte en su trampa final”, detalla Julieta.

Pero hoy, la historia es otra. Gracias a los cuidados de Laura y la ONG Rescataditos en Adopción que se hizo cargo del caso, Estrella ya empezó a confiar. “Está bien, aislada hasta que tome confianza, pierda por completo el miedo y tengamos los resultados de sus estudios de sangre. Cuando me siento con ella espera a que yo le haga algún mimo y ahí recién empieza a amasar. Quiero darle tiempo hasta que se sienta 100% confiada para recibir todo el amor que tenemos para darle. Es hermosa, buena y mimosa, se nota. Necesita tiempo para volver a confiar y tener una familia de verdad, que nunca más la deje caer“, asegura Laura.

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Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/un-barrio-en-vilo-y-atrapada-a-15-metros-de-altura-hasta-que-alguien-ofrecio-ayuda-yo-me-subo-la-nid19022026/

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