Belgrano y Talleres prometían un clásico como nunca, pero engrosaron los datos: el 0-0 fue el séptimo empate seguido
El clásico cordobés se quedó en lo que últimamente acostumbra: un 0-0 enorme entre Belgrano y Talleres, en el estadio Julio César Villagra, que no le sirvió a ninguno. Especialmente al Pirata...
El clásico cordobés se quedó en lo que últimamente acostumbra: un 0-0 enorme entre Belgrano y Talleres, en el estadio Julio César Villagra, que no le sirvió a ninguno. Especialmente al Pirata, que no recuperó el terreno perdido por el triunfo de Independiente Rivadavia y quedó segundo, un punto por detrás, en la zona B del Torneo Apertura.
La gran expectativa que predominó en Barrio Alberdi en las últimas horas por el entusiasmo de un equipo que podía volver al liderazgo, se apagó rápido con el pitazo inicial. El primer tiempo fue un bostezo extenso que apagó el calor de las tribunas, que retrasaron cinco minutos el inicio debido por la cantidad de serpentinas sobre el campo e hinchas aferrados en lo alto del alambrado.
No hubo situaciones de gol en dos equipos que, justamente, están siendo atractivos y difíciles para sus rivales, más allá de que se distancian en la regularidad. Los clásicos, como se dice, son partidos aparte y, evidentemente, en este caso limitan lo hecho hasta ese momento. Porque la batalla -innegociable en este tipo de encuentros- fue mucha y no dejó fluir el juego.
Pudieron haber sido amonestados Lucas Passerini en el local y Ulises Ortegoza en la visita por reiteradas infracciones, algo que Facundo Tello no consideró. El mayor lucimiento en ese tramo (y hasta el final) se lo llevó Juan Sforza, bien plantado en la mitad de la cancha: Lucas Zelarayán pudo apenas generar algunas infracciones, pero su fútbol no prosperó.
Con sólo detallar que en los 45 minutos iniciales hubo un único amonestado y fue Franco Vázquez. El mundo del revés, aunque más que merecida: dejó la plancha sobre el talón de Rick Lima, acción que en otro contexto quizás fuera revisada por el VAR. Por otro cruce que afectó su rodilla, el brasileño debió ser reemplazado antes del inicio del segundo período por el chico Giovanni Baroni.
El complemento mantuvo la energía (siempre estuvo presente al correr la cancha y en las disputas) y la enorme cantidad de imprecisiones que aportaron al aburrimiento, pero tuvo otra chispa, al menos, desde las oportunidades: bienvenidos fueron los errores y las casualidades que abrieron mínimamente la ventana del suspenso y la búsqueda.
Al minuto se le escapó la pelota a Thiago Cardozo tras un tiro libre tallarín y la cantidad de jugadores piratas bloqueó el intento de Franco Cristaldo. Al ir al otro arco, el rechazo corto de cabeza de Matías Catalán le permitió a Zelarayán dar el primer pase importante para destrabar la historia, pero Emiliano Rigoni, dentro del área, mandó el zurdazo a las calles de Alberdi. El Chino levantó más a su público por el sacrificio que por su conocida magia.
La mejor jugada colectiva del encuentro la tendría el conjunto de Carlos Tevez, a los 12. Un toque inteligente de Matías Galarza al área, el desborde de Cristaldo y la descarga de memoria hacia atrás que encontró a Baroni: abrió la zurda para colocarla y se le fue apenas desviada.
Si la gente local estaba nerviosa por esa ligera mejora del rival, Passerini hizo subir la presión: los murmullos fueron constantes por su lentitud para resolver las jugadas que quedaban en sus pies, fueran en el área o lejos de ella. Poco de producción, mucho de lo que el azar quisiera, para ambos.
De hecho, la última peligrosa que tuvo el visitante fue a los 20 minutos, con su zaguero Santiago Fernández pescando una segunda pelota de un córner y forzando una chance que causó un mayor susto por el desvío en un jugador local. En el equipo de Ricardo Zielinski, al menos, apareció la inquietud.
Por un lado, por una jugada colectiva que se culminó con un fuerte centro de Rigoni y un cabezazo que el ingresado Lautaro Gutiérrez erró por milímetros debajo del arco, tres minutos después. Y recién a los 34, un zapatazo de media distancia con el que Zelarayán buscó uno de los palos con calidad.
No es casualidad, tal como admitió Catalán, el antecedente que engrosó el clásico de este domingo: es la séptima paridad consecutiva entre Piratas y Matadores, y la décima en los últimos 11 cruces: Talleres mantiene un invicto de 20 años sin caer oficialmente ante su máximo rival. Indicios de que el temor a perder en la ciudad influyó una vez más.
Lo más rescatable del pálido clásico cordobés