Generales Escuchar artículo

Ben Stevenson: adiós al padre de Cenicienta, un caballero inglés que hizo del ballet, el humor y la amistad los grandes tesoros de su vida

Desde el 24 de abril de 1970, cuando estrenó en Washington su propia versión del ballet ...

Ben Stevenson: adiós al padre de Cenicienta, un caballero inglés que hizo del ballet, el humor y la amistad los grandes tesoros de su vida

Desde el 24 de abril de 1970, cuando estrenó en Washington su propia versión del ballet ...

Desde el 24 de abril de 1970, cuando estrenó en Washington su propia versión del ballet La cenicienta, se convirtió de una vez y para siempre en el padre de la princesa del zapatito de cristal y sus dos feas hermanastras, una gama de personajes que lo dejarían hacer gala en escena de dos cualidades suyas que se recuerdan bien definidas ahora mismo: el buen gusto y su inefable sentido del humor. El cuento de hadas –no fue este el único, también concibió, por ejemplo, una Bella durmiente- le dio al coreógrafo gran celebridad y lo llevó a trabajar con bailarines de múltiples compañías a los dos lados del océano, donde el caballero inglés vivió, creó y consiguió forjar una legión de amigos. Ben Stevenson murió ayer a pocos días de cumplir los 90 años; hoy el mundo de la danza lo despide con afecto y reconocimiento, destacando al hombre generoso a la misma altura del artista.

View this post on Instagram

Originario de Portsmouth (Inglaterra, 1936) y formado en Londres, a los 18 años se unió al Sadler’s Wells Royal Ballet (actualmente The Royal Ballet), donde trabajó con Frederick Ashton (cuya influencia ha sido siempre innegable), Kenneth MacMillan y John Cranko. Posteriormente, por invitación de Sir Anton Dolin, ascendió a bailarín principal del London Festival Ballet (compañero allí, por ejemplo, de la argentina Olga Ferri, en lo que es hoy el English National Ballet), donde interpretó los principales roles del repertorio clásico.

Para finales de la década de 1960, Stevenson se trasladó a los Estados Unidos: de un primer derrotero exitoso desde la capital hasta Nueva York, recalaría más tarde en la ciudad donde forjó su mayor obra. Era 1976 cuando asumió la dirección del Houston Ballet, al que le dio grandeza. Resume The Ben Stevenson Trust que “de una pequeña compañía provincial lo transformó en una compañía líder y fundó allí la Academia de Ballet de Houston, que formó a generaciones”, entre ellos a Lauren Anderson –la primera bailarina negra en recibir este título, en 1990, un momento histórico-, al cubano Carlos Acosta -que admite ahora con tristeza “fue como un padre para mí”- y Li Cunxin (valdría aquí un largo paréntesis para personificar en el nombre de “el último bailarín de Mao” la estrecha relación de Stevenson con China).

Con el cambio de milenio, en 2003, Stevenson asumió la dirección artística del Texas Ballet, donde buscó repetir el fenomenal impulso de crecimiento tanto en el repertorio como en los programas educativos. Montó entonces sus producciones de El lago de los cisnes, Romeo y Julieta, Sueño de una noche de verano, El cascanueces y, por supuesto, La cenicienta. “Conocí a Ben en julio del 2017: desde el primer momento me di cuenta que estaba en la presencia de una persona muy especial”, cuenta a LA NACION Valentín Batista, de 28 años, que regresó al país desde Texas en 2025 para sumarse al Ballet Estable del Teatro Colón. “Nuestra relación empezó como jefe y empleado, director y bailarín, y eso hubiera sido suficiente, era lo que yo buscaba. Pero él me regaló una amistad que nunca creí posible, más con 62 años de diferencia entre nosotros; compartimos miles de ensayos, cenas y viajes. Confío en mí como artista y como amigo. Me hablaba de sus problemas y escuchaba los míos, y nunca faltaba un chiste a costa suya. Hoy perdí a mi mejor amigo, no solo a un mentor -respondía este domingo-. Voy a recordarlo por su gran sentido del humor, el amor por el ballet y las películas clásicas, y vivir la vida al cien por ciento”.

View this post on Instagram

Con un pie en los Estados Unidos, Stevenson había logrado en La cenicienta componer una pieza de estilo británico con sello propio, una coreografía fiel al famoso cuento, que se destaca por sus conjuntos y solos, y que articula el mundo de las hadas con el terrenal, sacándole partido al humor –sobre todo a partir del mismo recurso de travestir a las hermanastras–, sin que eso empañe la elegancia de sus danzas. El resultado se propagó en compañías de tantas ciudades que la suya pasó a ser considerada la “versión americana” (que hizo también fuera del país: en Australia, por caso, es muy difundida). La coreografía tenía la indisimulable influencia de Ashton, a la vez que alteró el orden de algunos temas de Prokófiev para crear una versión más centrada en las emociones. “Que el Príncipe baile para Cenicienta antes que ella para él me parece un detalle interesante”, observaba el brasileño Marcelo Gomes, que en el American Ballet (ABT) pasó por todos los roles de la obra, también el de hermanastra, hasta convertirse en príncipe.

Fue con este título que, en 2019, visitó la Argentina invitado por Paloma Herrera, entonces directora del Ballet del Colón. “Lo traje porque sabía que sería súper enriquecedor para la compañía trabajar con él, una persona llena de energía y que sabía exacto lo que quería para sus obras –recuerda la exbailarina-. Tuve la suerte de trabajar con Ben para las producciones que el ABT hizo de él, no solo Cenicienta, varias veces, sino The snow Maiden, ballets hermosísimos que disfruté mucho. Por eso también fue un placer invitarlo al Colón y volver a trabajar con él desde otro lugar. Era una persona con mucha vitalidad, aunque tenía varios problemas de salud, estaba lleno de energía y su humor de siempre. Siempre salía adelante”.

Gran promotor y compañero de bailarines talentosos, incluso de quienes no formó, por ejemplo, enviaba flores a Marianela Núñez adonde fuera, y solía decir como halago que su estilo tiene algo de las bailarinas de antes. “Fue de las personas que más creyó en mí”, confiaba ayer la bailarina argentina, a poco de conocerse la noticia. Hoy, en su cuenta de Instagram, amplía con una carta a su “querido Ben” ese agradecimiento. “Creíste en mí más que yo misma. Y más que nadie, creo. Estuviste muy presente en mi vida casi todos los días con mensajes, videos, cartas y flores… Me demostraste una y otra vez cuánto te importaba y que siempre contaré con tu apoyo. Lo especial de nuestra relación es que ni siquiera llegamos a trabajar juntos, pero realmente me viste y me entendiste como bailarina y creo que también como persona. Atesoraré nuestras conversaciones y cada viaje que hiciste para verme bailar. Todas las risas que compartimos (¡Dios, de verdad me hacías reír!)”.

View this post on Instagram

Entre los múltiples reconocimientos internacionales que obtuvo, Stevenson fue nombrado Oficial de la Orden del Imperio Británico (OBE) por la Reina Isabel II en 1999.

Por estas horas, en redes sociales, su generosidad y el amor por la danza se aprecian tanto como su valioso legado.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/danza/ben-stevenson-adios-al-padre-de-cenicienta-un-caballero-ingles-que-hizo-del-ballet-el-humor-y-la-nid30032026/

Volver arriba