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Bernardo Stamateas, psicólogo: “Un conflicto bien resuelto nos enseña más que una convivencia donde nunca hay discusiones”

Hoy nos vamos a referir al vínculo fraterno. Es decir, a la relación entre hermanos. Para comenzar, veamos algunas generalidades del lugar que podemos ocupar dentro del sistema familiar:El...

Bernardo Stamateas, psicólogo: “Un conflicto bien resuelto nos enseña más que una convivencia donde nunca hay discusiones”

Hoy nos vamos a referir al vínculo fraterno. Es decir, a la relación entre hermanos. Para comenzar, veamos algunas generalidades del lugar que podemos ocupar dentro del sistema familiar:El...

Hoy nos vamos a referir al vínculo fraterno. Es decir, a la relación entre hermanos. Para comenzar, veamos algunas generalidades del lugar que podemos ocupar dentro del sistema familiar:

El hijo mayor

Por lo general, es el hijo exigido, el que tiene mayor carga de responsabilidad. Puede ocurrir que asuma el rol de héroe o heroína y tome las riendas de la familia. Al mayor, le gusta organizar, establecer metas y asumir desafíos. Al ser el que inaugura la paternidad, los padres proyectan en él fantasías, exigencias y anhelos cumplidos o no cumplidos.

El hijo del medio

Este hijo no tiene ni la exigencia del mayor, ni la libertad del menor. Le gusta gestionar y resolver. Es la típica persona que, si hay una discusión, va a mediar. Su característica principal es la negociación, porque es más flexible.

El hijo menor

Es el hijo que recibe más libertad. Como es el último, le transmiten el siguiente mensaje: “Hacé lo que quieras” (lo cual no es literal). El menor ve a los mayores y aprende. Ya tiene un modelo. En algunas familias, es el más protegido, el que soporta menos presión y el que no tiene demasiada voz.

Tres cosas que los padres no debemos hacer con nuestros hijos:

1. Compararlos. La comparación no motiva; por el contrario, invalida y genera frustración y competencia, mientras que el reconocimiento impulsa el crecimiento. Compararse consiste en mirar al otro y sentir que uno le ganó, pero eso no sirve en absoluto.

2. Mostrar favoritismo. Tener un hijo favorito puede provocar grandes conflictos. El amor debe ser el mismo para todos, aunque se exprese de diferentes maneras, porque cada hijo es único y especial.

3. Rotularlos. Expresiones como “la oveja negra”, “el loco”, “la princesita”, “el delicado” o “la distraída” pueden marcar profundamente a un hijo. Muchas veces, un rótulo lleva a la persona a actuar ese papel en la vida. La familia es una “gran obra de teatro”, y los padres solemos ser quienes distribuyen los papeles. Sin embargo, como hijos, no estamos obligados a interpretarlos de por vida; cuando lo reconocemos, podemos quitarnos ese vestido que nos pusieron en la infancia.

¿Por qué suelen pelear los hermanos?

Fundamentalmente, por la atención de los padres: “Quiero que papá me mire, quiero que mamá me escuche”. Lo más valioso para un niño es el amor de sus padres. También pueden surgir peleas por la comparación: “A vos, mamá te quería más que a mí”, “Papá me exigió más a mí que a vos”. Este segundo motivo lo he escuchado durante años en el consultorio. Y un tercer motivo son los celos. Cuando nace un hermanito, el hermano mayor suele ponerse celoso: “¿Por qué ese bebé recibe más atención que yo?”. Eso es perfectamente normal.

Ahora bien, que los hermanos se peleen por la habitación, la ropa, la computadora o la comida no es necesariamente algo negativo. Por el contrario, esos conflictos pueden convertirse en oportunidades para aprender a compartir, negociar, ceder, liderar y tolerar la frustración. Como padres, nuestro rol es acompañarlos en la gestión de esas discusiones y establecer reglas claras: tratarse con respeto, sin insultos y sin ningún tipo de agresión física. Más allá de quién tenga la razón, lo que realmente estamos haciendo es transmitirles valores que los acompañarán durante toda la vida.

Es importante tener en cuenta que los hijos no vemos igual a nuestros padres. Por eso, uno comenta: “A vos te querían”. Y el otro responde: “No, a vos te querían”. ¿Cómo puede ser si crecieron juntos? Porque percibieron a sus padres de manera diferente. Y cada hijo ve la crianza que recibió a “su” manera. Por eso, las versiones de lo ocurrido en casa pueden diferir. Dependen de la propia interpretación de los hechos.

Para concluir, el respeto por las diferencias con un hermano es el punto de partida para llevarse bien. Con nuestros hermanos, aprendemos habilidades sociales. Y un conflicto bien resuelto nos enseña más que una convivencia donde nunca hay discusiones.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/bernardo-stamateas-psicologo-un-conflicto-bien-resuelto-nos-ensena-mas-que-una-convivencia-donde-nid26072026/

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