Boca recupera en Chile a Paredes, el líder de un equipo que depende de él: es quien más asiste y más chances crea
Un gol separa a Boca de la clasificación a los octavos de final de la Copa Sudamericana. Una diferencia mínima, casi tan corta como la distancia que existe entre seguir con vida en el torneo o pa...
Un gol separa a Boca de la clasificación a los octavos de final de la Copa Sudamericana. Una diferencia mínima, casi tan corta como la distancia que existe entre seguir con vida en el torneo o pasar otro semestre sin competencia continental. Todo, por el ajustado 1-0 que consiguió en la ida, en la Bombonera, frente a O’Higgins, rival al que visitará este jueves en Chile con la intención de abrochar el pase a la siguiente instancia. Entre un partido y otro, el 0-3 ante Riestra, por la primera fecha del Torneo Clausura, cambió por completo el escenario y convirtió el viaje a Rancagua en una prueba todavía más exigente. Por eso, Rodolfo Arruabarrena ya comenzó a probar variantes en busca de una versión más sólida y confiable de su equipo.
Esta vez, el Vasco no armará la formación de atrás hacia adelante ni de adelante para atrás: el punto de partida estará en el mediocampo. La idea es reforzar esa zona y devolverle la conducción a Leandro Paredes, quien después de jugar en la ida tuvo unos días de descanso por su participación en el Mundial. No se trata solamente del futbolista más importante del plantel ni de la principal esperanza para salir de este momento. También es el jugador más influyente en los ataques de Boca: desde su regreso al club, en el segundo semestre de 2025, es quien más asistencias dio y quien más chances de gol generó.
La primera lectura que dejó la caída ante el Guapo, en un partido en el que Boca apostó por una formación con titulares y suplentes, fue que cuando Paredes no está, el equipo se resiente. Y no solo por lo que aporta con la pelota. El volante es el punto de equilibrio, el encargado de ordenar a sus compañeros y también uno de los futbolistas que mejor interpreta dónde ubicarse para recuperar. Pero su ausencia se nota especialmente en la construcción. Sin él, Boca pierde claridad, circulación y capacidad para poner a sus delanteros en situación de gol.
Paredes puede generar ese desequilibrio a través de la pelota parada, una herramienta que resultó determinante durante su primer semestre desde la vuelta, pero también con pases que pueden romper un partido. Así ocurrió varias veces en este 2026. Primero, en el triunfo frente a River en el Monumental, donde además convirtió de penal. Y más recientemente, en el comienzo del ciclo de Arruabarrena. Hasta ahora sólo estuvo presente en la ida contra O’Higgins y alcanzó para volver a marcar la diferencia: cuatro días después de disputar la final del Mundial frente a España, asistió a Miguel Merentiel en la jugada que le dio a Boca la ventaja en la serie.
Cifras indiscutiblesLos números respaldan esa influencia. Desde que volvió al club, todavía bajo la dirección técnica de Miguel Russo, acumula diez asistencias y 75 ocasiones creadas. La métrica contempla los pases-gol, pero también cada entrega que deja a un compañero en posición de rematar, los centros que terminan en un cabezazo o un disparo y los pases cortos o largos que derivan inmediatamente en una definición. El segundo futbolista de Boca en ese rubro es Lautaro Blanco, aunque bastante más atrás, con 52 oportunidades generadas.
La diferencia también quedó expuesta ante Riestra. Mientras Paredes disfrutaba de unos días de descanso junto a su familia, Boca apenas pateó cuatro veces al arco. Al equipo le faltaron respuestas, pero sobre todo alguien capaz de pensar con la pelota. Por eso, su regreso toma todavía más valor en una revancha en la que Boca no podrá limitarse a defender la ventaja.
El mediocampista había regresado inmediatamente después del Mundial y su intención era no tomarse vacaciones. Quería ponerse a disposición de Arruabarrena desde el primer día y continuar entrenándose con normalidad. Sin embargo, por recomendación del cuerpo técnico, recibió una licencia de 72 horas. La preocupación era que pudiera sufrir alguna lesión después de tantas semanas de tensión, partidos, entrenamientos y viajes.
El lunes se reincorporó a los entrenamientos y este martes ya participó de la práctica de fútbol en la que Arruabarrena comenzó a darle forma al equipo. El técnico terminará de resolver la formación este miércoles, antes de partir rumbo a Chile, pero la presencia del capitán no está en discusión.
En la ida ya se observó a un Paredes bastante más adelantado que durante el ciclo de Claudio Ubeda, cuando solía retroceder hasta quedar casi a la altura de los defensores para iniciar las jugadas. Frente a O’Higgins, su mapa de calor lo ubicó prácticamente sobre el círculo central y sólo siete de sus 89 pases fueron realizados en el primer tercio de la cancha. Es decir, participó mucho menos cerca de su propia área y tuvo mayor libertad para involucrarse en la zona de creación. Aquella noche también lideró a Boca en cantidad de toques, pases completados y recuperaciones.
En principio, la idea de Arruabarrena sería sumar un volante para jugar en Chile y resignar un delantero. Santiago Ascacibar ingresaría en lugar de Leonardo Flores para conformar un 4-3-1-2, con el Rusito y Milton Delgado como laderos de Paredes en la mitad de la cancha, Tomás Aranda como enganche y la dupla Sebastián Villa-Miguel Merentiel en ataque. El cambio permitiría reforzar el círculo central, proteger mejor al equipo cuando pierda la pelota y, al mismo tiempo, liberar al campeón del mundo para que pueda jugar unos metros más adelante.
Además, permanece abierta una duda en el lateral derecho. Leandro Lozano ya se recuperó de una distensión en el músculo semimembranoso izquierdo y podría regresar en lugar de Dylan Gorosito.
Paredes fue uno de los futbolistas que Arruabarrena siempre quiso tener en su equipo. Cuando asumió por primera vez en Boca, en 2014, el mediocampista llevaba apenas unos meses en Europa. Volvieron a cruzarse en 2022, cuando la selección argentina disputó un amistoso frente a Emiratos Árabes en la recta final de la preparación para el Mundial de Qatar. El Vasco conversó con él y le expresó la admiración que sentía por su juego. Poco después le tocó sufrirlo desde el banco: con Paredes como eje del mediocampo, Argentina manejó el partido a voluntad y goleó 5-0 a su equipo.
Ahora, Arruabarrena puede disfrutarlo, aunque también lo necesita más que nunca. Con Paredes, Boca juega a otra cosa: se ordena, recupera mejor, tiene más claridad para avanzar y genera más situaciones. En una serie apretada, contar con un campeón del mundo en el centro de la cancha representa una ventaja importante. Sobre todo para un Boca que necesita seguir en la Copa y que, con Paredes en la cancha, parece mucho más cerca de conseguirlo.