Brenda Gandini: su historia de amor con Gonzalo Heredia, su admiración por su mamá, Daniela Cardone y su infancia en Cipolletti con su papá
Brenda Gandini tiene una mirada clara y profunda, y una sonrisa que invita a sonreír también. Está entusiasmada con el estreno de Nene revancha, la ópera prima de Gonzalo Demaría que se estren...
Brenda Gandini tiene una mirada clara y profunda, y una sonrisa que invita a sonreír también. Está entusiasmada con el estreno de Nene revancha, la ópera prima de Gonzalo Demaría que se estrena en cines este jueves. Todo un desafío actoral para la actriz que interpreta a una mujer de barrio, totalmente despojada de maquillaje y glamour.
En una charla íntima con LA NACION, Brenda Gandini repasa su infancia en Cipolletti con su papá, sus inicios en televisión de la mano de Cris Morena y la convicción de que quería ser actriz. También habla de su historia de amor con el actor Gonzalo Heredia, a quien conoció hace 16 años compartiendo las grabaciones de la tira Malparida, y de cómo la atravesó la maternidad. Además, cuenta sobre su relación con su mamá Daniela Cardone.
-En la película hacés un personaje muy diferente de los que estamos acostumbrados a verte...
-Me encantan ese tipo de personajes. Siempre estoy más asociada a lo comercial, pero había hecho otra película de Eduardo Pinto, que se llamaba Corralón y también era un personaje muy despojado. Y más que nada me gustaba la idea de entrar en el universo de Gonzalo Demaría. Es un gran dramaturgo y director, con una trayectoria impoluta y muy admirada. Y esta es su primera película. Lo conozco hace mucho tiempo, de verlo en reuniones de amigos en común, y siempre lo admiré. Así que cuando me llamó le dije que sí sin saber de qué se trataba (risas).
–¿De qué trata la película?
–Habla sobre las masculinidades tóxicas y el poder al mando. Y el mío es uno de los pocos personajes femeninos que, con el correr de la película, va encontrando con ese poder que perdió, porque se lo entregó a su compañero, Luciano Cáceres, que es un boxeador que queda ciego. Y está la intervención del personaje de José “El Purre” Giménez Zapiola, que la desestructura. Es muy interesante la evolución de esta mujer que está dormida, entregada, anestesiada, triste. Hay algo muy lindo de la película que rescato y es lo sutil. Gonzalo tiene una forma muy hermosa de contar, de hacer posible hasta la oscuridad más tremenda. Porque es una tragedia.
-¿Sos de esas actrices que para componer un personaje apela a la memoria emotiva?
-Tengo varios métodos. Estudié tanto teatro que tengo mezcla de diferentes métodos. No voy por uno solo, sino que busco el que me permita una capacidad de juego más amplia. Soy de trabajar mucho con el director. No soy tan individual. Siento que siempre puede haber un laburo muy potente cuando te dejás dirigir. Y me entrego por completo. Gonzalo es el escritor y el director, entonces nadie más que él conocía a ese personaje y yo tenía que interpretarlo a su forma. Entonces estaba muy atenta a lo que me dijera. Me gusta salirme de lo convencional. Necesito cosas nuevas, desafiarme, probarme. Y siento que hoy tengo una capacidad de juego mucho más amplia que a los veintipico, que me importaba mucho el qué dirán. Hoy me divierto. Sé y soy consciente de que me gusta contar historias, salirme de mí, interpretar personajes, cuestionarme.
-Es una de las pocas películas argentinas que se estrenarán este año...
-Me gusta ver mucho cine independiente porque es donde más aprendo, abro mi cabeza, me nutro, y me permite ver la posibilidad del pensamiento del otro. Quizá las películas comerciales tienen el cuentito más armado y funcionan, pero el cine independiente es lo que más me atrae. Y la verdad es que siento que está bastante complicada la cosa, y que nuestra cultura está siendo golpeada injustamente porque a veces se dicen cosas que no son reales, por ejemplo, de cómo se financian las películas. Seguramente hay que organizar un montón de cosas, como todo, pero es algo que hemos ganado y por lo que tenemos reconocimiento en el mundo y no lo cuidamos. Me genera un poco de bronca cuando hay un reconocimiento internacional y acá lo festejamos. En realidad, debemos festejarlo todo el tiempo porque tenemos mucha gente valiosa en el cine. A través del arte contamos historias que nos atraviesan como argentinos y que forman parte de nuestra identidad. Me pone triste ver todo lo que acontece. Hay que reinventarse y hacer otras cosas, pero siempre el espíritu de filmar películas está presente.
-¿Vos tuviste que reinventarte?
-Me reinvento constantemente. Yo estudio muchas cosas, soy muy curiosa. Estudio fotografía, edición, video. He pasado por astrología, por cursos de cocina. Me gusta saber de todo un poco. Mi pasión es actuar, aunque siento que podría hacer otra cosa. Ojalá que no, pero podría. Creo que todos nos reinventamos y vamos mutando con el tiempo, despojándonos de corazas que nos hacen creer que éramos una cosa y, por ahí, terminamos siendo otras. El arte tiene muchas aristas. Por ejemplo, trabajo mucho en redes y trato de pensar cómo puedo comunicar una idea de la forma más natural y creativa.
-¿Es verdad que te descubrió Cris Morena?
-Todo fue muy casual, porque hice unas fotos con mi madre que tenía su propia marca de ropa en España, en ese momento. Yo la ayudaba, hicimos esas fotos y me vio Claudia Zaefferer, que era directora de casting de Telefe. Obviamente no quedé porque no tenía ni la menor idea de nada. Entonces me recomendó a Cris Morena porque estaban buscando un personaje para Floricienta. Y quedé. Ahí empecé en la escuela de Cris, a tomar clases de actuación, baile y canto.
-¿Te habías planteado ser actriz hasta ese momento?
-Nada que ver. Pensaba hacer Administración de empresas o contabilidad, porque me encantaban los números. Me gustan las matemáticas. Me pasó algo raro. De chica siempre fui muy para afuera, muy histriónica, me disfrazaba de Madonna y cantaba y bailaba. Y en la adolescencia lo reprimí, me fui muy para adentro. Pensé en estudiar teatro porque en ese momento era lo que recomendaban los psicólogos, para la timidez. Y me atrajo la actuación. Después me formé con muchos maestros como Raúl Serrano, Julio Chávez, Elena Tritek.
-Arrancaste en un programa que fue un éxito, ¿cómo lo viviste?
-No era consciente de lo que fue Floricienta. Realmente fue algo muy hermoso. Recuerdo que nos íbamos de gira internacional y había 20.000 personas en un estadio gritando tu nombre en Perú, en México. Era una locura. Hace un par de años nos reencontramos con Benjamín Rojas en una obra de teatro después de 20 años, y la gente nos iba a ver por haber estado en Floricienta.
-De todo lo que hiciste, ¿qué personaje rescatás?
-Hubo un quiebre muy grande en mi actriz, en mi importancia de interpretar personajes, que fue Vidas robadas, una novela que hice en Telefe. Ese tema, la trata de personas, me atravesó por completo. En ese momento no era muy consciente y sabía poco, pero entendí que los actores tenemos un compromiso y mucha responsabilidad cuando contamos historias. Antes, con Floricienta, todo era como un viaje de egresados, y Vidas robadas fue una bisagra.
-¿Tenés proyectos de trabajo?
-Sí, tenemos ganas de hacer teatro off con un grupo de amigos, entre los que está Luciano Cáceres. Hicimos muchas cosas juntos. La primera fue una película que se llamaba Las Ineses. Y luego él me propuso estar en una obra que se llamaba Pieza plástica, en el Konex, como cooperativa. Después hicimos la película Corralón y durante cuatro años estuvimos en teatro protagonizando Desnudos, e hicimos de marido y mujer en la última novela de Polka, Buenos chicos. Siento que cuando trabajamos juntos, Luciano saca mi mejor versión porque es un compañero que te ayuda a arriesgarte, que sabés que, si te tirás, él está ahí con vos, y no es tan común encontrar a alguien así. Más allá de admirarlo y de escucharlo. Me gusta arriesgarme con personajes diferentes….
-¿Renegás cuando te llaman para hacer personajes de chica bonita?
-En un momento renegué de eso, hasta que dije: “Soy esto también”. Y llegó la aceptación, que es un trabajo de años. Cuando cumplí 40 el mundo tomó otra forma y dejé de perder tanta energía en agradar a todos. Porque estás todo el tiempo buscando la aceptación o el reconocimiento de los pares, de la gente que te viene a ver al teatro. Y si hay gente a la que no le gusto, está bien también. Es un poco lo que sucede ahora, que no hay tolerancia al pensamiento diferente, a decir algo sin agredir al otro, sin violencia.
-Hace 16 años que estás con Gonzalo, ¿cómo funciona una pareja de actores tan apasionados?
-Con Gonzalo tenemos una linda historia. Lo gracioso es que desde el principio nosotros hablábamos ya de separarnos. “Cuando nos separemos... tal cosa”, decíamos. Creo que fue el éxito de nuestra relación, saber que en algún momento nos podíamos separar. Hay que entender que el amor no está asegurado, que se construye. Y en nuestro vinculo aprendimos a ser independientes, a apoyar el crecimiento del otro. A veces, cuando te ponés en pareja hacés como una simbiosis, y en la entrega te perdés con el otro. Al principio el amor puede ser así, pero después tenés que ir creciendo.
–Y formaron una familia...
–Nosotros tenemos un proyecto en común, que son nuestros hijos Eloy y Alfonsina, y podemos seguir encontrándonos en el tiempo, ya con otras miradas, con otros valores. Yo lo admiro, y siento que la admiración es mutua. Nos gusta salir todo el tiempo de nuestra zona de confort y buscar. Él se levanta temprano, a las seis de la mañana, para escribir y hasta las cuatro de la tarde no lo molesto, pero sale y se vuelve padre. Y hablamos, y me cuenta de libros. La admiración es tan importante en el otro. El amor va mutando y si te podés encontrar en esos cambios, está buenísimo. Y si no, bueno, tomás caminos diferentes. Los dos venimos de familias mega disfuncionales y nunca en la vida pensé que iba a estar más de dos años con alguien, porque no era algo de lo cual me sentía parte. Nos desafía a construir un tipo de amor diferente, y ahí estamos descubriéndonos siempre, constantemente.
-Han tenido crisis que pudieron superar...
-Claro. Y es tan normal la crisis porque de las crisis siempre sale algo bueno. Son necesarias para aprender. Tocar fondo, ir a la mierda más profunda, para volver a reencontrarte y volver a elegirte. En nuestra alianza tenemos grabado “todos los días”, porque todos los días hay que laburar en el amor. Lo cotidiano también te lleva por delante, te va adormeciendo, y hay que reinventarse, encontrar esos espacios para compartir.
-¿Siguen hablando de “cuando nos separemos”?
-Bueno, ya no tanto (risas).
View this post on Instagram-Decías que vienen de dos familias disfuncionales. ¿Cómo fue crecer con una mamá tan famosa y tan particular también?
-Me gusta rodearme de gente original. La normalidad para mí es esa. Cuando yo era chica, mi vieja era la reina del Orgullo Gay en España. Y en Cipolletti tenía un padre mega conservador, que trabajaba como comerciante. Viví esas historias muy diferentes entre ambos y siento que me quedé en el medio. Soy un poquito conservadora porque sé hasta dónde no quería llegar como madre, y también tengo una mente completamente abierta. Hasta los 18 años viví con mi papá y me acuerdo que en el pueblo me preguntaban si me molestaba que mi vieja saliera en las revistas, en bolas. Y me hicieron creer que me molestaba porque yo siento que tanta pregunta me generaba ruido. Me incomodaba. Y después me di cuenta que no. Logré tomar lo mejor de cada uno de mis padres. Y siento una admiración muy grande por mi vieja.
-¿Cómo es tu vínculo con tu mamá?
- Mi vieja es una persona muy culta, muy leída, y es muy hermoso hablar con ella. A veces siento que está elevada porque puede no darle tanta trascendencia a cosas insignificantes. Me llevó un tiempo también amigarme con esa mamá, porque las madres de mis amigas eran diferentes. Hoy que soy madre, puedo verla de una manera distinta. Mi mamá me tuvo muy chiquitita, a los 19 años, y tuvo que decidir ir atrás de su sueño o quedarse para siempre en un pueblo siendo madre. Eligió ir detrás de su sueño y celebro eso y lo agradezco porque es lo que me transmitió. Entonces, yo soy madre, pero voy atrás de mis sueños y si mañana me tengo que ir a trabajar seis meses a España, me iré. Es una mujer que me ha dado una gran apertura en pensamiento.
-Tu hermano, Junior Pisanú, también es actor. ¿Qué comparten en las charlas de familia?
-Mi hermano es muy piola y tenemos un vínculo tan hermoso. Él está muy atravesado por la actuación porque su abuela paterna fue una actriz maravillosa de cine (Gloria Bernal). Todo el tiempo está leyendo, armando, haciendo. Me hace acordar mucho a Gonzalo. Se juntan y hablan de libros y se comentan. Toda la gente que viene a casa no puede creer la biblioteca que tiene Gonzalo. Porque directamente mi casa es una biblioteca (risas).
-¿Leés los borradores que escribe tu marido?
-Sí. Me encanta su escritura tan visceral. Gonzalo escribe desde siempre y tuvo una evolución muy hermosa. Es un inquieto intelectual, digo yo.