Captura de película. Dos policías se vistieron de payasos para atrapar a un capo narco de José León Suárez
El dato sobre la ubicación del aguantadero en el que se refugiaba un capo narco de San Martín llegó a un grupo de policías bonaerenses hace tres semanas. No estaba en Corrientes, como se supuso...
El dato sobre la ubicación del aguantadero en el que se refugiaba un capo narco de San Martín llegó a un grupo de policías bonaerenses hace tres semanas. No estaba en Corrientes, como se supuso inicialmente: el GPS apuntaba a General Rodríguez. Pero montar un operativo discreto para acorralarlo y atraparlo suponía varios desafíos.
Cuando llegaron al lugar, los detectives advirtieron que las calles no tenían nombre y que se trataba de una zona de casaquintas, con mucho terreno descubierto. La geografía del área complicaba la puesta en marcha de un sistema de vigilancia encubierta o “capacha”, como se la conoce en la jerga policial.
Los investigadores policiales buscaron durante los últimos tres meses al capo narco que habría sido identificado como Jesús Fabián Bravo, alias el Gordo Pey.
Con las pruebas aportadas por los detectives, un fiscal de San Martín ordenó la captura del jefe narco por su presunta responsabilidad en un homicidio ocurrido en febrero de 2024 en el asentamiento La Cárcova, en José León Suárez, en medio de una guerra entre bandas para dominar el territorio de la venta de drogas.
Así circulaba disfrazado de payaso un policíaLa información que recibieron los policías hace tres semanas no indicaba la dirección de la casaquinta. El único dato con el que contaban los detectives indicaba que el Gordo Pey se había refugiado en un barrio parque situado a la derecha de la ruta 7, en dirección a Luján, donde finaliza la zona urbana de General Rodríguez. Otra referencia que tenían los investigadores sobre el barrio era que estaba entre los kilómetros 54 y 55 del Acceso Oeste, en la mano izquierda de la mano que lleva a Luján.
Con recorridos rápidos y desde lejos para no llamar la atención ante la presencia de extraños, luego de dos semanas de vigilancia, los investigadores lograron identificar a uno de los familiares del Gordo Pey y también localizaron la casaquinta desde la que salió el vehículo en el que se movilizaba el integrante del entorno del jefe narco.
Con este indicio, los detectives lograron establecer una posibilidad que indicaba que Bravo y sus familiares se refugiaban en una casa con determinadas características.
Así se camuflaba como un payaso un efectivo de la policía bonaerensePero en los últimos días la instalación de un circo en un campo cercano abrió una puerta para que los policías pudieran acercarse a la casaquinta que funcionaba como aguantadero del capo narco sin llamar la atención de los soldaditos que lo custodiaban.
Según fuentes de la investigación, un grupo de policías se encargó de conseguir volantes del circo, mientras que dos oficiales se vistieron como payasos y se dedicaron a repartir los panfletos por la zona.
A ninguno de los ocupantes de la casaquinta donde se refugiaba el Gordo Pey les llamó la atención la presencia de los payasos con los panfletos, debido a que el circo instalado en un campo cercano se veía desde su aguantadero.
Ayer a la mañana los dos oficiales que seguían el rastro del Gordo Pey desde hacía 15 días se vistieron de payasos, tomaron los panfletos del circo y se aproximaron a la casaquinta donde se refugiaba el capo narco. Pero en esta oportunidad no fueron solos: al menos 20 efectivos bloquearon las posibles rutas de escape y otra brigada formó parte del grupo táctico que irrumpió en el aguantadero y concretó la captura del capo narco, de su esposa y de su sobrino.
Todos quedaron a disposición de la Unidad Funcional de Instrucción N°7, a cargo de la fiscal Alejandra Maico.
El cerco sobre PeySegún informaron fuentes policiales, la investigación comenzó a cobrar un ritmo vertiginoso el 1 de abril, cuando una brigada interceptó un Chevrolet Cruze gris en el cruce de Beruti y Primero de Agosto, en José León Suárez, y detuvieron a Iván Abel Bravo −sobrino del Gordo Pey− y a Emiliano Horacio Recalde. Les secuestraron una Glock 9 milímetros con la numeración suprimida, un celular y drogas.
En la certeza de que esos arrestos pondrían en alerta a Pey, “se conformó una Comisión Especial de Investigación integrada por personal especializado de la Dirección de Operaciones de la Superintendencia de Investigaciones de Delitos Complejos y Crimen Organizado de la policía bonaerense a cargo del comisario general Matías Luján López, que desarrolló tareas de inteligencia criminal, seguimientos encubiertos y análisis de movimientos sobre distintos integrantes del entorno familiar y delictivo" del líder de la organización.
Lo primero que surgió es que Pey y su entorno más cercano no estaban en Bella Vista, Corrientes, donde se presumía que podrían haber buscado refugio. Luego se estableció que se movían entre Moreno y General Rodríguez, donde saltaban de casa en casa, alquilando quintas de forma temporaria. Así fue que detectaron que Fabián Jesús Bravo y Joana Abigail Giménez se habían asentado en el barrio Martín Fierro junto con sus hijos.
La instalación del Circo Lucas en el barrio les proporcionó a los policías una idea disruptiva. Dos oficiales de la policía bonaerense se vistieron como payasos del circo que funcionaba en el campo vecino al aguantadero y arriesgaron sus vidas para capturar al capo narco que dominó el tráfico de drogas en La Cárcova durante casi dos décadas.
Ambos caminaron por las calles de tierra, con sus trajes coloridos y nutridas pelucas para repartir panfletos promocionales del circo; casa por casa dejaron papeles y, de paso, escudriñaron movimientos en el interior de las casaquintas.
Así sorprendieron primero a Joana Giménez, acusada de ser la presunta autora de una serie de amenazas coactivas agravadas por el uso de armas de fuego contra un grupo de vendedores de droga de una banda rival.
Un grupo especial de la brigada irrumpió en la vivienda y atrapó al Gordo Pey, que opuso resistencia, pero fue rápidamente neutralizado. Quedó detenido, entre otros delitos, por su presunta responsabilidad en el homicidio de un “transa” de drogas ocurrido el 18 de febrero de 2024 en el asentamiento de José León Suárez.
A principios de este año, esa zona del noroeste del conurbano fue escenario de cuatro homicidios en el contexto de una guerra entre bandas de narcos que se pelean por cada búnker de venta de droga.
Dos de esos asesinatos ocurrieron con menos de 24 horas de diferencia. La primera víctima fue un joven que no tenía ningún vínculo con los transas de la zona. Fue un homicidio por error: el verdadero objetivo del ataque era un vendedor de droga de la banda de un narco conocido como Mate Cocido, quien comanda su organización criminal a pesar de que está preso en una cárcel federal.
Pasaron 24 horas y se concretó la venganza. La víctima fue identificada como Ángel Aguirre, un sicario que respondía a la banda de Mate Cocido. Fue asesinado con un doble mecanismo: le dispararon un balazo en la nuca y le hicieron un profundo corte en el abdomen.
Para llevar adelante la investigación que permitiera detener al Gordo Pey, la Justicia tuvo que convocar a un grupo especial de la policía bonaerense. Se hizo así teniendo en cuenta que cada comisario que asumió como jefe de la seccional con jurisdicción en La Cárcova no duró más de cuatro meses en el cargo debido al alto nivel de corrupción.
A principios de la investigación, mientras se desarrollaba la etapa final de la búsqueda del Gordo Pey, dos policías que se desempeñaban en esa comisaría fueron condenados a cuatro años de prisión por recibir coimas del jefe narco a cambio de protección.
No fue casualidad que el Gordo Pey y su pareja se refugiaran en General Rodríguez. Desde ese lugar pueden acceder a la ruta 6 o al Camino del Buen Ayre: esta última autopista era la vía elegida por el jefe narco para llevar la droga a sus casas de acopio en La Cárcova. En tanto que la casaquinta de General Rodríguez le servía como base logística. Bravo ya había sido apresado en octubre de 2016, durante una serie de operativos realizados por la policía bonaerense en el mencionado asentamiento.
Cuatro años después recuperó la libertad e intentó recuperar el territorio que ocuparon las bandas de Mate Cocido y otro narco de la zona conocido como “Abel”. Pero fue baleado en la cadera y tuvo que retirarse a Lanzone, otro asentamiento situado en una lonja al costado del Camino del Buen Ayre, entre la Ruta 8 y la avenida Debenedetti.
Según fuentes policiales, con la captura del Gordo Pey y Joana, su pareja, se habrían desmantelado los principales búnkeres de La Cárcova. Aunque el jefe narco no designó sucesor y con varios de sus lugartenientes presos y asesinados, el lugar del Gordo Pey podría ser ocupado por otra banda.
Según pudo saber LA NACION de fuentes de la investigación, “la estructura criminal liderada por Pey evidenciaba un funcionamiento orgánico y jerarquizado, con roles claramente definidos entre sus integrantes, que coordinaban las distintas maniobras ilícitas mediante comunicaciones cursadas a través de plataformas digitales de complejo rastreo, con la finalidad de evitar ser detectados mediante herramientas investigativas tradicionales".
Había miembros que cumplían funciones vinculadas a la administración de puntos de venta, distribución de estupefacientes y resguardo de sustancias ilícitas en inmuebles utilizados como lugares de acopio, lo que denotaba que se trata de “una organización con marcado dominio territorial, sostenido mediante el uso sistemático de la violencia, intimidación, amenazas calificadas con armas de fuego e incluso hechos de homicidio, infundiendo temor sobre vecinos y terceros con el objeto de someterlos y asegurar el control de las zonas de comercialización”, según se informó.