Ceamse, otra caja negra de la política manejada por Tapia
“Si fuimos campeones del mundo, podemos ser campeones del planeta”. La primera parte de esta afirmación se refiere, obviamente, al fútbol y la Copa 2022 lograda en Qatar. La segunda, en cambi...
“Si fuimos campeones del mundo, podemos ser campeones del planeta”. La primera parte de esta afirmación se refiere, obviamente, al fútbol y la Copa 2022 lograda en Qatar. La segunda, en cambio, resulta claramente exagerada en términos ambientales.
Esa ambiciosa frase cierra un spot radial profusamente difundido este verano por Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (Ceamse), que preside Claudio “Chiqui” Tapia. La campaña arrancó justo cuando aparecieron las primeras denuncias judiciales, periodísticas y administrativas sobre negocios turbios, testaferros y empresas fantasma que comenzaron a jaquear su escandalosa gestión al frente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).
El combo de fútbol y política personalista forman parte del ADN de Tapia, al igual que sus negocios “flojos de papeles” en sociedad con el tesorero de la AFA, Pablo Toviggino, más su vinculación con Sur Finanzas, puestos al descubierto en los últimos meses.
Pero también está políticamente contaminada la conducción de Ceamse, la empresa interjurisdiccional estatal creada en 1977 -plena dictadura militar- entre la Ciudad y la provincia de Buenos Aires, para la gestión integral del manejo de los residuos sólidos urbanos en el AMBA y eliminar la quema e incineración de basura, que en 1970 había sido prohibida en la Capital Federal.
Si bien cuenta con ingenieros y ambientalistas calificados, al menos desde el retorno de la democracia los presidentes de su directorio fueron designados por gobiernos del peronismo bonaerense. La única excepción fue el período 2016-2019 (Pro) durante el mandato de María Eugenia Vidal en acuerdo con Horacio Rodríguez Larreta.
Tapia puede ser incluso considerado un “hombre de la casa”. No tanto porque en su juventud trabajó como recolector de residuos en la desaparecida empresa Manliba, sino porque lleva algo más de 10 años en el directorio de Ceamse.
Desde 2015 ejerció la vicepresidencia, llamativamente en representación de la CABA, hasta que a fin de 2024 el nuevo jefe de Gobierno, Jorge Macri, lo desplazó del cargo.
Pero casi de inmediato, el gobernador bonaerense Axel Kicillof lo designó presidente en reemplazo de Mónica Cappellini, funcionaria de planta que respondía al intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi
Para entonces y en simultáneo, Tapia ya presidía la AFA desde 2017 (respaldado por su exsuegro, Hugo Moyano, titular de Independiente, y Daniel Angelici, de Boca) y desde fin de 2001 el club Barracas Central, que en 2021 consiguió por primera vez en el profesionalismo un meteórico ascenso a primera división. Previamente se había dedicado a remodelar, modernizar y ampliar el modesto estadio, que en 2008 había sido bautizado “Claudio ‘Chiqui’ Tapia” y en el período 2023-2025 triplicó su capacidad -hasta 12.000 espectadores- con una inversión millonaria no precisada.
Para más datos, el injustificado relevo a mediados de 2025 (“por razones organizativas”) de Miguel Blanco como titular de la Sindicatura General de la Nación (Sigen) incluyó una novedad políticamente sugestiva: en su reemplazo fue designado Alejandro Fabián Díaz, que cuenta con 30 años de experiencia en al área y preside la Comisión Fiscalizadora de la AFA.
Los numerosos fallos arbitrales (y arbitrarios) a favor de su equipo, con la anuencia de muchos dirigentes de clubes, son tan conocidos como su tendencia a adjudicarse como propios los formidables logros de la selección argentina en los últimos años; varias veces relegando a Scaloni y a Messi a segundo plano.
Como si esta exposición pública con rasgos megalómanos no fuera suficiente, al cumplirse el primer año de su presidencia, el sitio web oficial de Ceamse estrenó en enero último un breve video institucional titulado “Cerramos un año, abriendo el corazón”. Al estilo de un candidato en campaña, las imágenes lo muestran abrazándose con operarios y técnicos; recibiendo a escolares en visitas guiadas a centros de interpretación ambiental y cortando cintas de inauguración de nuevas oficinas, piletas y quinchos en el Parque San Martín. “Todos bienvenidos al gran semillero ambiental de la Argentina (otra referencia futbolera), donde se procesan diariamente 19 mil toneladas de residuos”, invita, bajo la consigna “Campeones del planeta”.
Pese a esta emotividad, el mismo sitio incluyó hace pocos días un comunicado oficial firmado por Tapia con una extraña denuncia retroactiva. Según el texto, al asumir la presidencia y revisar decisiones de su antecesora en el cargo, advirtió que “existían significativas erogaciones en concepto de dádivas disfrazadas de pautas publicitarias, que no tenían correlato con avisos institucionales u operativos de Ceamse que hubieran aparecido en medios de comunicación”. Por eso las dejó sin efecto tras lograr la trazabilidad de los pagos a un listado de periodistas sin conocimiento del directorio.
Quizá para curarse en salud, porque ya integraba el directorio, aclaró además que esos gastos no tenían que ver “con las contrataciones publicitarias que desde hace décadas mantiene la sociedad con medios que poseen instalaciones de transmisión en predios de la empresa, por vía de canje de segundos, en los cuales se verificó la emisión normal y habitual de publicidad institucional y, por ende, continúan desarrollándose sin modificaciones”. Aun así, destaca que desde que asumió el nuevo directorio Ceamse comenzó a aplicar políticas de compliance y buen gobierno corporativo, “para alcanzar los más altos estándares en materia de prevención de la corrupción” (sic) con un mapeo de riesgos encomendado a terceros independientes.
Números ausentesMás allá de estas intenciones, la ausencia de datos oficiales y auditorías sobre el funcionamiento y resultados de Ceamse resulta una cuenta pendiente desde hace años. De ahí que quienes tuvieron algún tipo de contacto con su operatoria no duden en afirmar –en estricto off the récord- que se trata de otra “caja negra” de la política.
Por caso, en el portal de la sociedad estatal no es posible obtener datos elementales, como el número de empleados directos e indirectos (por tercerización de servicios), el monto anual de aportes de la provincia de Buenos Aires y la CABA destinados a proveedores y contratistas ni la recaudación por peaje del Camino del Buen Ayre, que une el Norte con el Oeste del conurbano y es administrado por la empresa. Mucho menos, las remuneraciones de los funcionarios políticos solventadas con fondos públicos.
Tampoco figuran los ingresos por el servicio de tratamiento y disposición final de los residuos sólidos urbanos de más de 45 municipios del AMBA (incluyendo CABA y algunos del interior provincial como San Antonio de Areco y San Andrés de Giles) que son enviados a sus complejos ambientales.
Otra falencia es la opacidad de los pagos a los municipios por la basura recolectada y entregada a Ceamse. Al no existir una tarifa preestablecida, el sistema favorece la discrecionalidad política y la sobrefacturación, que no pocos intendentes suelen destinar a otros gastos corrientes.
El último informe de gestión realizado por la Auditoría General de la CABA data de 2020. Pero como coincidió con la parálisis provocada por la pandemia de Covid, no aportó ningún dato relevante. Salvo que en el ejercicio 2018 se habían identificado debilidades en el control de la legalidad del proceso de transferencias de fondos desde la solicitud por parte de la sociedad estatal hasta su efectiva liquidación”.
En cambio, el Tribunal de Cuentas de la provincia publicó una auditoría ambiental del período 2020/23, donde destacaba el profesionalismo de la organización, pero señalaba que ningún centro de disposición final de Ceamse contaba entonces con licencias de emisión de gases, que la Autoridad del Agua (ADA) –organismo de control provincial- “nunca le expidió permisos de vuelco de efluentes líquidos para los sitios de disposición final” y la propia web del organismo no publicaba los informes de control e impacto ambiental (que subsanó posteriormente).
Aunque la información pública de Ceamse es más política que económica, permite al menos dimensionar su operatoria. En el conurbano bonaerense cuenta con cuatro complejos ambientales activos (Norte III, González Catán, Ensenada y Ezeiza) más otro en etapa de post cierre (Villa Domínico). También funcionan cuatro centros de transferencia de residuos sólidos en la CABA (Colegiales, Flores, Pompeya y Zavaleta) que reciben (en parte desde el conurbano) y procesan entre 41.000 y 45.000 toneladas promedio por mes y un quinto en Almirante Brown, con 54.500 toneladas del conurbano.
En estos últimos se cumple un plan de monitoreo ambiental, antes del traslado de los residuos procesados en grandes camiones para su disposición final como relleno sanitario. El Buen Ayre conforma un corredor biológico donde se desarrollan cuatro parques y una reserva natural, con ecosistemas típicos que albergan especies de flora y fauna nativa, que permiten recuperar espacios verdes.
También incorporó normas ISO y mejoras tecnológicas, como plantas de separación y reciclaje de materiales. El manejo de relleno sanitario a gran escala permite además capturar biogás y abastecer una central térmica de 10 MW, interconectada al sistema troncal y suministrar electricidad a una localidad de hasta 15.000 habitantes.
Aun así, con las falencias políticas, institucionales y ambientales de Ceamse, el eslogan “campeones del planeta” se reduce a una muestra de surrealismo.