Ceuta y Melilla, donde comenzó la Guerra Civil Española: las primeros fusilados, el atentado frustrado a Franco y el convoy de la victoria
“Las dos ciudades” es la expresión que usan los españoles para referirse a Ceuta y Melilla, los dos únicos territorios españoles —y de la Unión Europea— situados en el norte de África...
“Las dos ciudades” es la expresión que usan los españoles para referirse a Ceuta y Melilla, los dos únicos territorios españoles —y de la Unión Europea— situados en el norte de África. Deriva de una forma histórica que fue utilizada durante siglos: “las dos plazas de soberanía” o “las dos plazas de África”.
Además, desde 1995, Ceuta y Melilla, ambas a orillas del Mediterráneo, a 400 kilómetros de distancia, comparten también una condición política exclusiva: son las únicas dos ciudades autónomas del Reino de España.
Hoy “las dos ciudades” concentran la atención del mundo: más de 50 mil migrantes ilegales cruzaron la frontera de Ceuta por vía marítima, provenientes desde el vecino Marruecos. La invadieron.
El hecho volvió a poner en foco las posesiones españolas emplazadas en el norte africano. Y, sobre todo, su historia. Madrid no las reconoce como colonias y ya obtuvo el respaldo de la ONU. Entre sus argumentos, asegura que sostiene su posesión desde finales del siglo XV, mucho antes de la fundación de Marruecos.
Marruecos, por su parte, dice que son territorios ocupados y las reclama desde su independencia, en 1956.
Pero más allá de sus conflictos limítrofes, “las dos ciudades” también tuvieron un papel preponderante en uno de los capítulos más sangrientos de la historia: en ellas, en Ceuta y Melilla, comenzó la Guerra Civil Española.
El enfrentamiento intestino de los españoles comenzó con una sublevación militar en Melilla. Y de Ceuta partieron, poco tiempo después, cientos de aviones con soldados, armas y municiones del bando sublevado hacia la España europea. El hecho que fue reconocido como el primer puente aéreo militar de la historia. De Ceuta salió también el que se llamaría luego por los partidarios nacionales como “el convoy de la victoria”.
Un golpe que se adelantóEn julio de 1936, gran cantidad de guarniciones militares de España estaban dando las puntadas finales a su levantamiento contra la Segunda República. Estos uniformados encarnaban las ideas conservadoras y monárquicas que estaban en contra de las propuestas de corte socialista que llevaba adelante el gobierno del Frente Popular.
El general Emilio Mola era el principal coordinador de la conspiración. Desde el cuartel que comandaba en Pamplona, había dado la orden de que el levantamiento contra la República debería comenzar en los enclaves españoles de Marruecos el 17 de julio de 1936 a las 17 horas.
La idea estratégica de comenzar un golpe de Estado en territorio africano tenía que ver con que allí se encontraban los efectivos del Ejército mejor dotados y adiestrados de España. En ese entonces, además de Melilla y Ceuta, también la ciudad de Tetuán formaba parte de los dominios de España en Marruecos. Esta ciudad era la capital del Protectorado Español en dicho país, además del Protectorado Francés. Por ello, para defender esos territorios era necesario tener allí un ejército capacitado y eficiente.
Todo estaba preparado, entonces, para que estallara la insurgencia contra la República Española en el norte africano en la tarde del 17. Pero sucedió algo que hizo adelantar los planes.
Fue precisamente en Melilla, en la mañana de ese 17 de julio, donde todo se precipitó. Un grupo de oficiales comprometidos con el golpe hicieron una reunión en el edificio de la Comisión Cartográfica de la ciudad. El jefe al mando de ellos era el coronel Juan Seguí.
Pero hubo un dirigente de la Falange -movimiento de extrema derecha que fue la pata política de la rebelión- que traicionó a los conspiradores y avisó a los líderes leales a la República lo que se estaba tramando.
El teniente Juan Zaro, leal al Frente Popular, acudió a la Comisión Cartográfica y rodeó el edificio con su tropa. Pero los insurgentes convocaron para su rescate a una unidad cercana de la Legión Española, división de elite del ejército ibérico integrada en parte por extranjeros que, de inmediato, redujo a los hombres de Zaro.
A partir de allí, Melilla quedó enteramente bajo el dominio de los rebeldes. Se apoderaron de la estación de radio, donde proclamaron el “estado de guerra”, y tomaron los edificios públicos de la ciudad. Cerraron la Casa del Pueblo y todos los centros políticos o sociales de raíz socialista.
“La Adelantada”Aquellos que, con las armas o desde la política democrática, se opusieron a esta movida rebelde, terminaron fusilados, tras un juicio sumario. Fue el caso del general Manuel Romerales, al mando de la Comandancia militar de Melilla, que fue acusado de rebelión militar y traición. Fue ejecutado unos diez días después.
Otra de las primeras víctimas del conflicto que se inició en Melilla fue el alcalde de la ciudad, Antonio Diez Martín, que cayó bajo las balas de un pelotón de fusilamiento faccioso el 28 de julio de 1936 en uno de los paredones del cementerio local.
Estos primeros crímenes ocurridos a los pocos días del levantamiento anticipaban el desarrollo sangriento que tendría la Guerra Civil en un país que presentaba divisiones irreconciliables en su población.
En el año 1962, cuando la dictadura franquista ya tenía 23 años de existencia, el mismo Francisco Franco le otorgó a Melilla el título de “La Adelantada del Movimiento Nacional”, porque consideraba que allí comenzó todo. Curiosamente, el decreto del llamado Generalísimo todavía no ha sido derogado. De modo que, en los papeles, el enclave español sigue ostentando ese título aún en los actuales tiempos de democracia española.
Pocas horas después del alzamiento en Melilla, todo el llamado “Marruecos español” caía ante las armas de los sediciosos. Así, Tetuán se convirtió pronto en un emplazamiento de los alzados y lo mismo ocurrió a eso de las 11 de la noche de ese 17 de julio con Ceuta. Allí, el general Juan Yagüe, oficial de la Legión Española, tomó la ciudad sin derramamiento de sangre.
Franco visita CeutaCeuta, por su proximidad a la península ibérica, sería un punto esencial en el comienzo del accionar de los nacionalistas para el desarrollo de la Guerra Civil. Desde allí partirían los soldados que estaban en África hacia la España europea. Pero antes de que eso ocurriera, la ciudad recibiría la visita de un personaje fundamental en esta violenta historia de la España contemporánea. El 19 de julio llegaría a la ciudad el general Franco.
Cuando estalló la insurgencia, el general nacionalista se encontraba en las Islas Canarias, que también cayeron en manos de los rebeldes. El 18 de julio, Franco se montó al avión de pasajeros británico Dragon Rapide, alquilado por derechistas españoles especialmente para él, para llegar a Tetuán. Allí se puso al frente del ejército de África y del golpe de Estado. Un lugar de liderazgo por sobre los demás ideólogos de la revuelta que ya nunca más abandonaría.
Franco llegó a Ceuta en la tarde del 19 de julio. Se reunió con la cúpula militar del lugar, donde se respiraba una tensa calma. Los detenidos en la ciudad eran cientos. Muchos de ellos fueron ejecutados tras juicios sumarísimos. De acuerdo con el medio El Faro de Ceuta, entre los primeros días del golpe y el año 1944, en esa ciudad se fusilaron unas 268 personas.
Lo que muy pocos saben en esta parte de la historia es que existió un grupo de militares leales a la República que pocas horas antes de la llegada del futuro dictador español a Ceuta hicieron un plan para asesinarlo. La idea fue fraguada por un grupo de uniformados del Batallón de Cazadores del Serrallo Nº 8, que planeaban disprarle al líder nacionalista cuando este hiciera una revisión de las tropas en el patio del cuartel.
Pero alguien delató estos planes para eliminar al jefe faccioso y los militares que organizaron el atentado fueron todos detenidos. Tiempo después, 41 hombres fueron procesados por este intento abortado. Dos fueron ejecutados antes de terminar el proceso por patrullas falangistas. Cinco fueron condenados a fusilamiento; ocho, a cadena perpetua; 13, a otras penas; y 13 fueron absueltos.
El puente aéreoAhora que todas las posesiones españolas en África estaban en manos de los rebeldes, era necesario extender el dominio a la península. Allí, algunas ciudades habían quedado bajo el mando de los insurgentes, como Sevilla o Pamplona, pero muchos otros centros urbanos y territorios continuaban leales al gobierno democrático.
El problema para los rebeldes de África fue que la zona marítima del Estrecho de Gibraltar había quedado bloqueada por barcos de la Armada fiel a la República. Era necesario buscar otra forma de trasladar hombres a España.
En Tetuán, Franco se reunió con oficiales rebeldes y decidieron utilizar todos los aviones disponibles para llevar tropas y armas y así consolidar la insurgencia en toda España. De este modo, se montó lo que muchos consideran que es el primer puente aéreo estratégico y militar de la historia. Básicamente, había dos rutas principales: una que iba de Tetuán a Sevilla, al aeródromo militar de Tablada, y la otra unía Ceuta con Algeciras. La mayoría de los aviones eran de pasajeros.
En la primera ruta volaron trimotores Fokker FVII, Douglas DC-2, Junkers Ju 52, que había enviado Alemania y Savoia-Marchetti SM.81 de Italia. En la otra ruta, la de Ceuta a Algeciras, había hidroaviones como el Dornier Wal.
Se calcula que por esta vía, entre julio y octubre de 1936 llegaron a la península ibérica entre 15.000 y 22.000 soldados nacionales. También arribaron toneladas de armamentos y suministros.
El Convoy de la VictoriaAdemás, Ceuta fue el punto de partida del primer traslado de fuerzas insurgentes a la España Europea a través del mar. El 5 de agosto, de la ciudad anclada en África partió el que los nacionalistas llamaron “Convoy de la Victoria”: un conjunto de barcos, de carga y de guerra, que cruzaron, sin ser interceptados ni atacados, desde Ceuta a Algeciras.
Si bien el traslado de hombres y de armas en este convoy no fue muy significativo, el triunfo del bando nacional fue un gran golpe moral contra la Armada del Frente Popular.
A partir de los primeros días de agosto, la Guerra Civil, que se había iniciado con una sublevación en el norte de África, pasó a desarrollarse con toda su furia en la península. Y el conflicto no se detuvo hasta el 1 de abril de 1939, cuando Francisco Franco publicó el último parte de guerra: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares”.
Se iniciaba entonces la dictadura de Franco, que finalizó con su muerte, el 20 de noviembre de 1975.