Científico de día, renacentista de noche
Hay una tensión que aparece en muchas conversaciones con profesionales hoy, ligada a cómo orientar nuestra formación en momentos de extrema disrupción de la tecnología en nuestros roles y trab...
Hay una tensión que aparece en muchas conversaciones con profesionales hoy, ligada a cómo orientar nuestra formación en momentos de extrema disrupción de la tecnología en nuestros roles y trabajos. ¿Cuánto me especializo y cuánto me permito explorar lo nuevo? El paper The Night Science of Scientific Discovery, publicado en la revista Genome Biology por los investigadores Itai Yanai y Martin Lercher da pistas para encarar este desafío de la actualización permanente. Los investigadores parten de una distinción que le debemos al biólogo François Jacob: la “ciencia de día” y la “ciencia de noche”. La ciencia de día es la del experto: metódica, especializada, confiable. La ciencia de noche, se presenta como el territorio de la creatividad sin mapa: donde nacen las preguntas nuevas, las hipótesis inesperadas, las conexiones imposibles.
El prompt no alcanza: cuando todo se parece, gana la marca
Cuatro revelaciones que me interesaron de su investigación. Primera, las fronteras entre disciplinas son artificiales. Yanai y Lercher argumentan que los campos del conocimiento no tienen bordes naturales, sino que son construcciones históricas. Y esas fronteras, en vez de “protegernos”, pueden asfixiar nuestra creatividad. Los profesionales más innovadores son, con frecuencia, quienes se atreven a cruzarlas. También señalan que la interdisciplinariedad tiene un costo real para quien la transita. Quienes investigan de forma interdisciplinaria tienden a ser percibidos como menos confiables por sus pares. Los autores lo llaman el “dilema del experto”: cuanto más amplio es tu pensamiento, menos credibilidad tenés dentro de tu campo. Es un riesgo profesional concreto, pero también una posibilidad que abre a otros públicos, reconocer esta ambivalencia ayuda a gestionarla. Tercera idea: la clave está en explorar lo “adyacente posible”. La investigación muestra que la interdisciplinariedad más fructífera no es la que salta hacia campos muy lejanos, sino la que se asoma a los territorios vecinos. Alcanza con tener una curiosidad genuina y cultivada hacia lo que está justo al lado de lo que ya sabés.
Por último, sostienen que los grandes equipos no reemplazan la mente “renacentista” individual. Aunque hoy se celebran los equipos diversos y hay evidencia de que ante más diversidad más innovación, advierten que la creatividad interdisciplinaria suele florecer en personas (o dúos) que se animan a pensar fuera de su campo. El momento de conexión creativa lo tiene alguien que necesita haber explorado. La fórmula que proponen: pensá como experto de día, pero con una mente renacentista de noche (Ay, se me metió Ricky Martin en la cabeza, fuera). Mantener y profundizar el expertise es necesario, pero también leer de todo, asistir a charlas que no son de tu área, dejarse “contaminar” por otras disciplinas. No se olviden lo que nos enseñó Amy Webb hace un par de semanas. La innovación no la encontraremos en tendencias únicas, sino en las convergencias que surjan de estas.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/negocios/cientifico-de-dia-renacentista-de-noche-nid11042026/