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Claves emocionales para construir una pareja feliz, un vínculo que se elige todos los días

En la consulta, casi cada semana escucho algún relato que empieza igual: “Nos queremos, pero no nos encontramos”. A veces lo dicen cansados, otras frustrados, otras con miedo. El síntoma es e...

Claves emocionales para construir una pareja feliz, un vínculo que se elige todos los días

En la consulta, casi cada semana escucho algún relato que empieza igual: “Nos queremos, pero no nos encontramos”. A veces lo dicen cansados, otras frustrados, otras con miedo. El síntoma es e...

En la consulta, casi cada semana escucho algún relato que empieza igual: “Nos queremos, pero no nos encontramos”. A veces lo dicen cansados, otras frustrados, otras con miedo. El síntoma es el mismo: la sensación de que el vínculo se fue llenando de malentendidos, silencios incómodos o discusiones que se repiten como una trama conocida. Y, sin embargo, detrás de ese desgaste suele haber algo valioso: dos personas intentando, a su modo, seguir siendo un equipo. Mi trabajo —y el de cualquier profesional que acompaña procesos relacionales— consiste en ayudarles a recuperar ese punto en común desde el que alguna vez empezaron.

Lo primero que planteo siempre es que una pareja feliz no es una pareja “sin problemas”. Eso no existe. El amor adulto no se define por la ausencia de conflictos, sino por la manera en que esos conflictos se transitan. Y eso requiere habilidades afectivas que no solemos aprender ni en la escuela ni en la familia: responsabilidad emocional, comunicación honesta, apertura a revisar nuestras propias defensas y la capacidad —tan difícil como necesaria— de tolerar la frustración.

Responsabilidad afectiva: dejar de herir sin querer

Cuando hablo de responsabilidad afectiva, algunos imaginan un manual rígido donde todo debe decirse perfecto. No es eso. Responsabilidad afectiva es registrar el impacto que tenemos en el otro. Preguntarnos cómo hablamos cuando estamos enojados, qué hacemos cuando nos sentimos decepcionados, qué tipo de clima emocional generamos en casa. No se trata de evitar la incomodidad, sino de no usarla como arma.

En muchas parejas veo lo mismo: discusiones que podrían resolverse en diez minutos se prolongan durante horas porque nadie quiere retroceder, o porque la herida que se activa no tiene que ver con el presente sino con una historia anterior. La responsabilidad afectiva implica hacer ese trabajo interno: reconocer qué es nuestro, qué pertenece a viejas experiencias y qué sí tiene que ver con lo que está pasando ahora. Frecuentemente, el hecho de discutir por temas cotidianos y simples se convierte en un hábito, una práctica sumamente tóxica que genera desgaste, agotamiento y rechazo hacia la otra persona y la situación. Ser cuidados y elegir las batallas es primordial.

Presencia emocional: estar de verdad

Otro de los grandes desafíos es recuperar la presencia emocional. No hablo de pasar todo el día juntos ni de una intimidad idealizada que nadie sostiene. Hablo de un gesto sencillo pero profundo: estar disponibles. Poder decir “te escucho”, aunque sea cinco minutos con atención completa. Poder preguntar: ¿puedo hacer algo para que te sientas mejor?, ¿hay algo que pueda hacer para ayudarte?, aun cuando creemos que ya lo sabemos. Poder ofrecer un abrazo sin que medie una explicación.

En la práctica clínica veo que, cuando las parejas retoman este ejercicio de registrarse mutuamente, algo se ordena. No porque desaparezcan los conflictos, sino porque la conexión vuelve a tener un hilo conductor. La intimidad cotidiana —esa que se construye en lo pequeño— es la que suele marcar la diferencia. Somos seres afectivos: necesitamos sentirnos vistos, comprendidos, tenidos en cuenta. Una pareja donde cada integrante vive a la defensiva se desgasta. Una pareja que puede pedir y ofrecer sin miedo, en cambio, se fortalece.

Tolerancia a la frustración: aceptar que no todo será perfecto

En una cultura de inmediatez, donde todo debe ser “fácil, rápido y gratificante”, la frustración parece un enemigo. Pero en los vínculos es inevitable: habrá días donde la convivencia pesa, donde el cansancio domina, donde el otro no puede darnos lo que esperamos. Tolerar la frustración no es aguantar callados ni aceptar situaciones dañinas; es comprender que amar también incluye atravesar zonas incómodas.

Habitualmente, el espacio de psicoterapia de pareja habilita otro estilo de comunicación y surgen elementos que no estaban sobre la mesa hasta el momento: supuestos, pre conceptos, proyectos de vida que transcurren en paralelo, transformación personal, cambios de perspectiva pero también arribamos a nuevos acuerdos, formas de comunicarnos y expresar lo que pensamos, sentimos, deseamos y esperamos. En fin, abrimos la puerta a una versión de este “entre”.

Elegirse siempre

Sostener una pareja feliz no es un acto automático. Es una práctica, un trabajo emocional que se renueva todos los días. Implica revisar hábitos, escucharnos con paciencia, pedir perdón cuando sea necesario y animarnos a reparar sin orgullo. Implica recordar que la pareja no se sostiene sola: se sostiene con presencia, con límites sanos, con conversaciones que a veces cuestan pero liberan, con pequeños gestos que reafirman el compromiso.

Al final, una pareja feliz no es la que nunca se hiere, sino la que sabe volver a encontrarse. Aquella que entiende que elegirse no es un romanticismo ingenuo, sino una decisión adulta que se reafirma con actos, con palabras y con la ternura posible de cada día.

Por Sabina Alcarraz

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/claves-emocionales-para-construir-una-pareja-feliz-un-vinculo-que-se-elige-todos-los-dias-nid16022026/

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