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¿Colapso, intervención o el “modelo Venezuela”? Las opciones que baraja Trump para un cambio de régimen en Cuba

WASHINGTON.- “Hay conversaciones con algunos muy altos cargos dentro del régimen cubano. Otros no están enterados. Pongo el ejemplo de Venezuela: ¿qué pasó ahí? ¿De dónde salió Delcy Rod...

¿Colapso, intervención o el “modelo Venezuela”? Las opciones que baraja Trump para un cambio de régimen en Cuba

WASHINGTON.- “Hay conversaciones con algunos muy altos cargos dentro del régimen cubano. Otros no están enterados. Pongo el ejemplo de Venezuela: ¿qué pasó ahí? ¿De dónde salió Delcy Rod...

WASHINGTON.- “Hay conversaciones con algunos muy altos cargos dentro del régimen cubano. Otros no están enterados. Pongo el ejemplo de Venezuela: ¿qué pasó ahí? ¿De dónde salió Delcy Rodríguez? Creo que habrá un cambio en 2026“. Sugestiva, la frase esta semana del jefe de la misión diplomática norteamericana en la isla, Mike Hammer, podría ser una pista sobre la estrategia de Estados Unidos para el futuro inmediato de Cuba, mientras el país caribeño se acerca en cámara rápida hacia el colapso energético y una catástrofe humanitaria aún de dimensiones desconocidas.

¿Un modelo a la venezolana, con un gobierno bajo tutela de Washington tras sellar un acuerdo? ¿Un desmoronamiento económico total que derive en una implosión social insostenible para el régimen? ¿Un pacto para allanar el camino hacia la democratización de la isla? ¿O una posible intervención militar?

En Estados Unidos, nadie duda de que la táctica de presión máxima que adoptó Donald Trump en su segundo mandato puso a Cuba ante un momento crucial de su historia, aunque persisten las dudas sobre cómo decantará la crisis que tiene contra las cuerdas al presidente Miguel Díaz-Canel y toda la cúpula castrista.

“Esto no tiene precedentes. Es la primera vez que Estados Unidos adopta una postura abiertamente agresiva, no solo para esperar un cambio de régimen en Cuba, sino para precipitarlo“, señala a LA NACION Sebastián Arcos, director del Instituto Cubano de Investigación en la Escuela Steven Green de Asuntos Internacionales y Públicos, en Miami.

“El decreto de Trump del 29 de enero lo dice todo, con claridad”, remarca el especialista, en referencia a la orden ejecutiva del presidente que catalogó la situación de Cuba como “una amenaza inusual y extraordinaria” contra la seguridad nacional y la política exterior norteamericana. Allí fue que el líder republicano anunció un game changer para ahogar energéticamente a la isla, con la advertencia de aranceles a los países que le proporcionen petróleo.

“Expone que Estados Unidos deja de ser un observador pasivo y se convierte en un agente activo de cambio”, detalla Arcos.

Cuba llegó a un punto de quiebre que sus dirigentes ya no pueden ignorar. Agobiado por la hecatombe económica y social, el propio Díaz-Canel dijo días atrás que su gobierno estaba dispuesto a entablar un diálogo con Estados Unidos, aunque “sin presiones” y en una “posición de iguales”. Trump y Hammer revelaron que existen conversaciones, pero sin detallar con qué actores del régimen.

Abiertamente, el secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos y actor central de la estrategia de Trump hacia la isla, expresó ante un comité del Senado las intenciones de Washington. “Nos encantaría ver un cambio. No hay duda de que sería de gran beneficio para Estados Unidos que Cuba ya no estuviera gobernada por un régimen autocrático”, dijo, sin rodeos.

“Lo que vemos es una estrategia de estrangulación con la hipótesis de que al provocar un colapso total de la economía y una crisis humanitaria, de alguna forma eso resultará en un cambio de gobierno en Cuba. Pero cómo se desarrollaría eso no queda nada claro”, indica a LA NACION el politólogo Eric Hershberg, fundador del Centro de Estudios Latinoamericanos de la American University, en Washington.

“Refleja una lógica de larga data en Estados Unidos, que hemos visto desde el triunfo de la Revolución Cubana, en 1959. Pero este es un momento de especial intensidad de esa estrategia“, sostiene Hershberg. Y agrega que Rubio, quien dedicó gran parte de su carrera política al reemplazo del régimen en Cuba, “está intentando aprovechar la oportunidad”.

Sin cartas

La Casa Blanca apuesta a un cambio de régimen más temprano que tarde, y si bien Hammer evitó detallar cómo se produciría, sostuvo que el contexto actual de Cuba es diferente al de crisis anteriores, en particular debido a la ausencia de un aliado externo fuerte que apoye financieramente a la dictadura.

Con Venezuela bajo tutela de Estados Unidos tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, México ante una fuerte presión norteamericana para que no envíe petróleo a la isla, y Rusia y China moderados en su ayuda para no enfurecer a Trump en medio de un tenso escenario geopolítico global, Díaz-Canel se va quedando sin cartas en el mazo.

“Está ahora mismo en un estado de negación de la realidad“, señala Arcos. “La opción que Estados Unidos le ofreció es negociar directamente. Un proceso de transición que posteriormente tendrá que negociarse también con la oposición interna y externa cubana. Esa es la única salida para el régimen”, añade.

Diferencias con Venezuela

La alternativa de que una hipotética intervención norteamericana en Cuba lleve a la isla hacia un modelo como el que experimenta ahora Venezuela -cooperación total con Washington bajo la presidencia interina de una representante del régimen, Delcy Rodríguez- divide a los expertos, que hacen hincapié en diferencias sustanciales entre ambos países caribeños.

“Lo que Washington desea es estabilidad más que democracia, estabilidad más que colapso total. En ese sentido, creo que sí hay lecciones de lo que pasó en Venezuela, aunque no sea lo mismo que Cuba. Primero, estabilidad; luego, reconstrucción, y recién después, transición, es el modelo que de alguna manera también se plantea para la isla", explica a LA NACION el politólogo Eduardo Gamarra, experto en América Latina de la Universidad Internacional de Florida (FIU), en Miami.

“El escenario de la implosión no es el más deseado, porque profundizaría la crisis humanitaria y haría mucho más difícil llegar a la a la estabilidad”, añade. La gran incógnita, entonces, es saber con quién Estados Unidos podría llegar a un acuerdo en Cuba, al ser el de la isla un régimen mucho más opaco que el chavismo en Venezuela.

“Creo que que las conversaciones se están dando con militares dentro de Gaesa”, dice Gamarra, en referencia al Grupo de Administración Empresarial S.A., el conglomerado empresarial más grande de Cuba que controla el Ejército y que tiene intereses en los sectores del turismo, la inversión financiera, la importación y exportación, y las remesas. En Florida, las sospechas extendidas son que Gaesa oculta reservas por miles de millones de dólares.

Otra versión -en el sinfín de conjeturas sobre la isla- apunta a contactos entre funcionarios norteamericanos y Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro, para lograr un acuerdo.

Con su estrategia de máxima presión, Washington podría estar buscando concesiones de La Habana que incluyan una apertura económica a las empresas estadounidenses, restricciones a la cooperación militar con Rusia y China, y una compensación por las propiedades de empresas que fueron expropiadas por el régimen cubano, señalaron los expertos William LeoGrande y Peter Kornbluh en Foreign Policy.

Si bien Cuba tiene mucho menos que ofrecer económicamente que Venezuela, el país con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, la isla contiene importantes yacimientos de minerales críticos, incluida la tercera reserva más grande de cobalto, clave para la fabricación de baterías de iones de litio usadas en vehículos eléctricos.

Especialista en América Latina y política exterior de Estados Unidos hacia la región, LeoGrande marca algunas diferencias entre Trump y Rubio en cuanto a las posturas sobre Cuba. Mientras el secretario de Estado quiere ver derrocado el régimen, Trump seguramente prefiera algún tipo de acuerdo sin un colapso de la isla, porque eso significaría potencialmente una nueva crisis migratoria, como pasó en cada gran crisis económica, apunta.

El costo social de la estrategia de Trump hacia Cuba -que se suma al embargo estadounidense de décadas- ya empezó a generar críticas. La ONU alertó sobre un “colapso humanitario”, al igual que varios legisladores demócratas. “No se puede ahorcar a un pueblo así, es muy injusto”, advirtió, por su parte, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, que hace equilibrio entre ayudar a la isla y no tensar aún más la cuerda en su vínculo con Washington.

En una entrevista con Bloomberg este sábado, Rubio advirtió al régimen que deberá otorgar a los cubanos libertad política y económica para que Estados Unidos alivie la presión. “Estas cosas requieren espacio y tiempo para hacerse correctamente. Sin duda, su disposición a comenzar a abrirse camino en este sentido es una posible vía de avance”, dijo sobre el gobierno de Díaz-Canel.

“Si la administración Trump quiere en Cuba lo que consiguió en Venezuela, que no fue un cambio de régimen, sino un cambio en la relación entre el régimen y Estados Unidos, podría haber margen para algún tipo de acuerdo. Ambas partes tendrían que estar dispuestas a ceder hasta cierto punto", dice LeoGrande a LA NACION.

“Pero si lo que la Casa Blanca quiere es que el régimen se rinda y retroceda al 31 de diciembre de 1958, quedarán decepcionados porque Cuba no va a cometer un suicidio político“, aventura, al tiempo que minimiza la probabilidad de que Trump despliegue tropas sobre el terreno o lance una operación más quirúrgica como la del 3 de enero en Caracas.

En el corto plazo, el magnate, quien se considera a sí mismo un maestro negociador, parece estar inclinándose por tender puentes que lleven a un trato con la dictadura. Animada por lo que percibe como su “éxito en Venezuela”, la administración republicana busca algún interlocutor dentro del sistema cubano que podría intervenir para provocar una transición. Pero, ¿es posible?

“Los que conocemos de Cuba no damos mucha verosimilitud a esa visión. Es un Estado muy estructurado, con servicios de inteligencia y de seguridad muy sofisticados, y no hay evidencias de escisiones dentro de su liderazgo“, señala Hershberg, escéptico sobre esa estrategia al no poder dilucidar quiénes serían los interlocutores para Washington.

“En Venezuela, Estados Unidos tenía penetrados ciertos círculos del chavismo y no creo que sea una situación paralela en Cuba”, amplía.

LeoGrande adhiere en que “el régimen cubano es muy diferente” al chavismo. “Es un gobierno comunista maduro, altamente institucionalizado, con un liderazgo colectivo. Así que no hay analogía. Estados Unidos no va a encontrar a la ‘Delcy Rodríguez cubana’. E incluso, si la hubiera, no podría identificarla“, asegura.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/estados-unidos/colapso-intervencion-o-el-modelo-venezuela-las-opciones-que-baraja-trump-para-un-cambio-de-regimen-nid14022026/

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