Crianza: qué necesidades de los chicos hay que atender cuando van a la escuela
Es enorme el cambio que ocurre en el ámbito familiar cuando empiezan las clases: tenemos que levantarnos temprano, hacer el desayuno para todos, vestirnos y lograr que nuestros ...
Es enorme el cambio que ocurre en el ámbito familiar cuando empiezan las clases: tenemos que levantarnos temprano, hacer el desayuno para todos, vestirnos y lograr que nuestros hijos lo hagan, ayudar a los más chiquitos, y que todos estemos listos a tiempo para salir. Lleva unos días lograrlo sin gritos ni malas caras.
Por otro lado, no podemos forzar el aprendizaje de nuestros hijos ni el aprovechamiento de lo que la escuela les ofrece. Del mismo modo que le ofrecemos a una planta la luz, los nutrientes y el agua que necesita para crecer, podemos -o no- brindar a nuestros chicos y adolescentes las condiciones físicas, ambientales y socioemocionales que necesitan para aprender. ¿a qué tendríamos que estar atentos?
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Abraham Maslow en 1943, en su Teoría psicológica sobre la motivación humana, jerarquizó las necesidades en una pirámide de cinco niveles, explicando que las personas buscan -y pueden- satisfacer las necesidades superiores solo cuando las inferiores están cubiertas, incluyendo necesidades, en el caso de niños y adolescentes:
Fisiológicas: sueño, alimentación, hidratación y oxigenación suficientes.De seguridad: sentirse seguros, cuidados, protegidos, sanos, que tienen los elementos que necesitan para estudiar.Sociales: sentirse amados en casa y aceptados en el grupo, tener amigos.De estima: sentirse vistos, reconocidos, respetados y valorados por el entorno, especialmente los adultos cercanos (padres, docentes).De autorrealización: está en la cima de la pirámide, cuando las anteriores están satisfechas y los chicos pueden desarrollar plenamente su potencial, motivarse y atender, concentrarse, aprender, pensar, socializar, convertirse en personas morales y crecer intelectualmente.Es fundamental el rol del gobierno, tanto nacional como provincial y municipal, para garantizar que todos los niños argentinos lleguen a la escuela en condiciones de poder estudiar y aprender, y/o reciban en la escuela lo que necesitan para lograrlo. En nuestro país, muchas ONG colaboran para que esto sea posible, pero es mucho lo que todavía falta.
¿Qué pasa con aquellos chicos que tienen sus necesidades básicas aseguradas? Ellos no tienen claras estas necesidades básicas, buscan hacer lo que les gusta sin tener en cuenta lo que les hace bien, y los padres y madres debemos ocuparnos de que lleguen a la escuela en condiciones de pasarla bien y aprender.
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Las investigaciones demuestran que la cantidad de horas de sueño influye en el rendimiento: a más horas de sueño, mejores notas. Por eso es tan importante que duerman las horas que necesitan a cada edad. Podemos preguntarle al pediatra, y también tuvimos todas las vacaciones para darnos cuenta de cuántas horas duerme cada uno de nuestros hijos.
Los adultos nos ocupamos de que las cumplan; ellos no tienen la fortaleza interna ni la voluntad suficiente para hacer lo que les conviene. Implica comer temprano a la noche, apagar pantallas, “arrearlos” a la cama. Los primeros días cuesta porque tienen que cambiar sus hábitos de vacaciones, pero con el tiempo se acostumbran y ya no necesitamos hacer tanta fuerza.
Lo mismo ocurre con la comida, el agua y el oxígeno: son los combustibles que su cuerpo necesita para poder funcionar adecuadamente. Estemos atentos para consultar, si hiciera falta, los temas respiratorios y ocupémonos de que se alimenten bien, tomen suficiente agua y se muevan lo suficiente como para tener una adecuada capacidad pulmonar.
El desayuno es clave, pero si a alguno de nuestros hijos le cuesta comer a esa hora, hablemos de la importancia de la buena alimentación y, si aun así no lo logramos, se lo llevará para el recreo. Es más importante que el ambiente los nutra y no los intoxique; los gritos y las peleas no son un buen comienzo para el día.
Despertarnos con tiempo facilita que el clima de la mañana sea amigable: probablemente no veamos a nuestros hijos por varias horas. Intentemos que predominen en su recuerdo nuestras sonrisas y no nuestros gritos, y que lleguen al colegio tranquilos y no preocupados por el enojo de papá o mamá con ellos o con un hermano, o por las peleas entre sus padres.
No podemos olvidar en este comienzo de año el poner pautas claras para las pantallas. Seguramente en las vacaciones se nos fue de las manos el control de los horarios y es fundamental que nuestros hijos tengan tiempo para el juego libre, el deporte, la lectura, la familia, algún hobby, los amigos (presenciales, no online), incluso para aburrirse. En las vacaciones, con muchas horas disponibles durante el día, había tiempo para todo, pero al empezar las clases, si no regulamos el uso de las pantallas, se pierden otras actividades, muy importantes para un desarrollo integral y armonioso de nuestros hijos. Ellos se van a enojar. Es nuestra tarea de padres cuidarlos; somos adultos y sabemos lo que les hace bien.