Cristóbal Colón: sus dos tumbas y sus viajes post mortem a través del Atlántico
Cristóbal Colón fue un navegante incansable. La primera vez que atravesó el Océano Atlántico, en una expedición con tres carabelas, arribó a una tierra desconocida por los europeos. Fue el 1...
Cristóbal Colón fue un navegante incansable. La primera vez que atravesó el Océano Atlántico, en una expedición con tres carabelas, arribó a una tierra desconocida por los europeos. Fue el 12 de octubre de 1492. Él pensó que había desembarcado en las Indias Orientales, pero en realidad se trataba de América. Había logrado un descubrimiento que cambiaría para siempre la historia de Occidente.
Después de aquella trascendente travesía, el almirante de origen genovés pero al servicio de España cruzó varias veces el mismo mar. Lo curioso es que lo hizo en vida y también luego de su muerte. Es que los restos de Colón tuvieron diferentes destinos a través de los años, de un lado y del otro del Atlántico. Y todavía en estos tiempos, más de cinco siglos después de su fallecimiento, el lugar donde reposan sus restos es motivo de disputa.
El almirante de la Mar Océana -tal es uno de los títulos que Colón recibió de los Reyes Católicos Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón- murió en mayo de 1506 en Valladolid, España. Sus restos fueron enterrados en la Iglesia de Santa María de la Antigua, de esa localidad. Pero no estuvieron allí por mucho tiempo.
Los viajes póstumos del almiranteTres años más tarde, el difunto almirante fue trasladado a la Capilla de Santa Ana, en el Monasterio de la Cartuja, en Sevilla. Esta mudanza a tierras andaluzas tiene que ver con la afinidad que tenía el navegante con la orden religiosa de los cartujos. Allí estuvo hasta 1523, año en que volvió a cruzar el océano que tantas veces surcó en vida para llegar a su nuevo destino póstumo: La Española, isla que actualmente comparten República Dominicana y Haití.
El lugar tenía un significado especial para el navegante, pues en esa isla los europeos fundaron su primera colonia en el llamado “Nuevo Mundo”. Algunos historiadores aseveran que Colón había manifestado su voluntad de ser enterrado en tierras americanas. Sus restos se depositaron en la catedral de Santo Domingo. Y junto a él también se depositaron los restos de su hijo Diego. Esta tumba compartida va a resultar fundamental para el resto de la historia...
En 1795, España firmó el Tratado de Basilea. En ese acuerdo cedió a Francia los dos tercios orientales de La Española a cambio mantener el control de Guipúzcoa, en el País Vasco.
Tras la firma del tratado, los restos de Colón pasaron automáticamente a estar en territorio francés. Pero Carlos IV de España puso el grito en el cielo y decidió trasladarlos a La Habana, en Cuba, que todavía formaba parte de su reino.
Según el diario ABC de España, en la caja depositada en la catedral dominicana encontraron huesos dispersos, que fueron introducidos en varias urnas. Entre ellas, una de plomo y otra de cedro. Se realizó una misa solemne y, el 21 de diciembre de 1795, los restos fueron recibidos en la catedral de la capital cubana con una gran celebración.
En 1898, cuando España perdió dominio sobre Cuba como consecuencia de la guerra hispano—estadounidense, se decidió que los huesos de Colón deberían retornar a la madre patria. Así, un año después, el almirante regresó a Sevilla. Sus restos descansaron “provisionalmente” en la Iglesia del Sagrario hasta que en 1902 fueron depositados en la catedral sevillana.
En dicho templo se construyó un monumento especial para el reposo del navegante. Cuatro heraldos, que representan a los cuatro reinos de España (Castilla, León, Aragón y Navarra), sostienen el féretro, donde puede verse la leyenda: “Aquí yacen los huesos de Cristobal Colón, primer almirante y descubridor del Nuevo Mundo”.
Pero con todas estas travesías ultramarinas no termina la historia de los restos de Colón. En 1877, se descubrió en Santo Domingo una caja de plomo con huesos humanos que llevaba una inscripción en la que podía leerse “Cristóbal Colón”. Desde entonces, quedó planteada la duda: ¿los huesos que llegaron a Sevilla eran los del almirante genovés o los de su hijo Diego que había sido enterrado con él?
Por supuesto, el interrogante trajo una disputa internacional. Los españoles aseveraban que Colón estaba en su tierra y los dominicanos insistían en que los huesos del almirante yacían en su país.
La discusión sobre el lugar de descanso del navegante atravesó todo el siglo XX. ¡No podía haber dos tumbas para un solo Cristóbal Colón! Por fortuna, la ciencia llegó para poner algo de luz en este tema.
La ciencia pone luz a la disputaEn el año 2003 se permitió hacer un análisis de ADN a los restos óseos que descansaban en Sevilla y hacia el año 2006 el resultado de estos estudios genéticos determinó que se trataba, en efecto, de los de Cristóbal Colón. El genetista José Antonio Lorente, de la Universidad de Granada, fue el que llevó adelante la histórica investigación y quien expresó en su momento que “no cabe ninguna duda” de que los huesos de la catedral de Sevilla correspondían al navegante genovés.
Los estudios habían sido realizados sobre muestras óseas del propio Cristóbal Colón, su hermano Diego y su hijo Hernando. Se concluyó que había una coincidencia absoluta entre el ADN mitocondrial de los dos primeros, que es un material genético que se transmite de madre a hijo.
En el año 2024 y con una tecnología más avanzada, los mismos investigadores aseveraron que la hipótesis de que los huesos de Sevilla eran los de Colón quedó “definitivamente afianzada”.
Sin embargo, los avances científicos no pudieron concluir la disputa. En República Dominicana todavía están convencidos de que los restos que se encuentran allí son los del mismísimo almirante.
“Nosotros los dominicanos consideramos oficialmente que los restos auténticos de Cristóbal Colón están aquí basados en las pruebas documentales e históricas que existen, que son las principales”, le decía a BBC en 2019 el exviceministro de Patrimonio Cultural de República Dominicana, Federico Henríquez Gratereaux.
En Santo Domingo los que, según sus habitantes, serían los restos del navegante están ubicados en el llamado Faro a Colón, un enorme mausoleo levantado en su honor en 1992, a 500 años de la llegada de los europeos a América. Los años anteriores los huesos habían permanecido en la catedral de la capital dominicana.
¿Y si está en los dos lugares?Pero más allá de las certezas que ofrece la ciencia, puede ser que el dilema sobre los huesos del almirante tenga una solución que implica la convivencia de las dos teorías. Existe una posibilidad de que restos óseos de Colón estén en Santo Domingo y también en Sevilla.
Es que en la ciudad andaluza se exhumaron para su análisis de ADN apenas unos 150 gramos de huesos. Y en la caja encontrada en República Dominicana tampoco se halló un esqueleto completo, sino que hay un faltante importante de piezas. “Podría ser que parte de los huesos estén en Sevilla y parte en la República Dominicana”, admitió el propio genetista Lorente en ABC, en una declaración que busca la armonía entre ambas versiones de la historia.
En la catedral de Sevilla o en el Faro a Colón. O en ambos lugares. No sería ilógico que Cristóbal Colón, que tan importante fue para la historia de América y de Europa, haya preferido repartir entre los dos continentes la locación para su descanso eterno.