Generales Escuchar artículo

¿Cuántas te faltan?

Bueno, es hora de hablar de ese lugar donde conviven casados y solteros, jóvenes y viejos, musculosos y cuerpos flácidos que buscan levantar su temple. Se suelen llenar en la previa al verano y s...

¿Cuántas te faltan?

Bueno, es hora de hablar de ese lugar donde conviven casados y solteros, jóvenes y viejos, musculosos y cuerpos flácidos que buscan levantar su temple. Se suelen llenar en la previa al verano y s...

Bueno, es hora de hablar de ese lugar donde conviven casados y solteros, jóvenes y viejos, musculosos y cuerpos flácidos que buscan levantar su temple. Se suelen llenar en la previa al verano y son abandonados cuando el frío arrasa. Tienen su lógica, a sus personajes y con los años se fueron aggiornando, pero el espíritu no cambia: los gimnasios son -y serán― lugar de encuentro para los que quieren hacer ejercicio… y para los que no tienen opción porque el cuerpo se los demanda.

Hay dos tipos de gimnasios: los de cadena y los de barrio. Los de cadena te hacen pagar un año por adelantado, los profesores tienen uniforme, hay lockers y una app que organiza a todas las sucursales con sus horarios de actividades, requisitos de pileta y exigencias para cada actividad. Son los que tienen horarios super extendidos, por si uno tiene ganas de ir a hacer isquiotibiales a las tres de la mañana o si tiene un impulso de trabajar los bíceps un domingo a las once de la noche. Los gimnasios de cadena tienen a su propio especimen de deportista. Son los que van con la ropa deportiva combinada, de las marcas conocidas y compradas en el shopping. ¿Las zapatillas? A tono. Y los AirPods en los oídos. Son los que en cada repetición hacen ruido como si estuvieran dejando la vida y, una vez terminada la serie, van frente al espejo y miran el resultado (como si fuera automático el impacto en los músculos).

Los que van a los gimnasios de barrio son diferentes. Son los vecinos, los del consorcio, los dueños de los negocios cercanos, la vecina de enfrente que pasea al Bulldog francés, el de la ferretería de la otra cuadra. Van a hacer ejercicio y a desconectar. Ahí no hay pago del año por adelantado, ni lockers ni app que organiza nada. Se paga con MercadoPago el mes o en efectivo si uno anda holgado de efectivo. Los horarios de las clases están impresos y pegados en un corcho con dos tachuelas y al lado hay un volante de una veterinaria que se llama “Huellitas”. Sobre la ropa deportiva combinada no se puede decir mucho porque no hay dos prendas más o menos de la misma escala cromática ni por asomo. Eso no es un desfile de moda, ahí se va a hacer musculación, cinta o bicicleta fija. Y también a mirar TyC Sports entre cada repetición (en general no pagan el fútbol codificado, así que hay que imaginarse cómo son los goles). Todos conocen los nombres de todo o, al menos, de qué cuadros son. Entonces a uno que se llama Raúl, pero que nadie lo sabe, le dicen: “¡Cómo andás, funebrero!”. ¿Y cómo saben que es hincha de Chacarita? Porque va con el pantalón suplente de Chacarita de 2002.

Sin embargo, hay un punto en común entre gimnasios de cadena y gimnasios de barrio (y no, no es que en los dos hay levante). El punto de encuentro es que nadie quiere estar ahí. No importa si pagaron el año por adelantado, o si pagan mes a mes, o si el locker se abre con tarjeta o con llave o si la app… nadie quiere estar ahí. No hay nadie que diga: “Qué bueno, me quedan tres repeticiones de prensa y cuatro series de barra en banco plano”. Por eso, cuando alguien se entere de que usted va al gimnasio, y lo vea todo groso, marcado, con los abdominales cual Cristiano Ronaldo, y le diga: “Qué bien que estás, qué fuerza de voluntad tenés”. Hay que mentir y decir todo lo contrario a lo que se leyó acá: que a uno le gusta ir a escuchar a un desconocido hacer gemidos mientras levanta mancuernas; que disfruta alternar una serie y una serie con una señorita que está a años luz de sus posibilidades y que encima levanta muchísimo más peso; y que le encantó pagar por adelantado todo el año. Sí, hay que mentir. No sea cosa que alguien se entere de la verdad: que usted preferiría ya haber nacido todo tallado y poder estar en su casa tranquilo, mirando Aldosivi-Atlético Tucumán, mientras se abre la segunda cerveza de la noche.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/cuantas-te-faltan-nid30032026/

Volver arriba