Cuánto tiempo hemos sido uno los dos
Una novela en dos o dos novelas en una: en Un hombre, un tipo con suerte para la abundancia construye un taller de lujo para guardar sus autos de colección en la parte trasera de su mansión y as...
Una novela en dos o dos novelas en una: en Un hombre, un tipo con suerte para la abundancia construye un taller de lujo para guardar sus autos de colección en la parte trasera de su mansión y así descubre los fondos que dan a un barrio pobre; en Dos mujeres, dos tipas que no se conocen caminan juntas por la ciudad, una siguiendo a otra que hizo votos de pobreza y renuncia. El nuevo díptico de Juan José Becerra, uno de los más geniales escritores argentinos (y viejo aficionado a las bromas literarias, no pregunte por qué), es un pequeño portento que actualiza la visión especular de la realidad. Así, uno puede leer una sola o las dos novelas (en cualquier combinación pero yo, mandatado por el sistema ordinal, leí primero Un hombre y después Dos mujeres) y descubrir que tratan sobre un hombre que se duplica y dos mujeres que se hacen una.
Si es cierto que “ver la realidad como una alucinación es la función de la velocidad”, el hombre pone quinta
Un hombre a punto de cumplir sesenta años compra un Rambler modelo 65, el año que nació, y al fondo de su casona levanta un taller para guardar ése y un Audi y un Jaguar, promesas de un camino por delante: más que restauración, el tuneado de sus autos es un renacimiento. “Veía en la transición del cañaveral un pasaje franco entre los mundos que había decidido dividir”, escribe Becerra: la medianera es la frontera porosa con una barriada en la que el hombre se convertirá en un personaje mítico (apodado El Ingeniero, El Coleccionista, El Mecánico, El Parrillero y más… hasta llegar a ser El Asesino, sin espoilear). Si es cierto que “ver la realidad como una alucinación es la función de la velocidad”, el hombre pone quinta: al frente, es el dueño de una constructora que compra autos como si fueran chicles; al fondo, es uno más del caserío. Y en la dualidad ve el escenario de su vida como en un teatro mientras se pregunta cuál es el hombre y cuál es el personaje.
Dos mujeres que nunca se habían visto caminan juntas como “las únicas habitantes del desierto en que se había convertido la ciudad”. Una sigue a la otra, fascinada con el exabrupto: la había visto cuando le gritaba a la Casa de Gobierno, daba su nombre y su número de documento, decía no ser nadie ni tener nada. Esa mujer no trabaja, come canapés en las presentaciones de libros, roba alguna cosita, toma vino en los vernissages, se baña donde puede, se dedica a matar el tiempo. En la deriva nocturna, la seguidora (¿debería decir follower?) se obsesiona con la seguida al punto de fantasear con la fusión. Enamorada de su existencia y atraída por su singularidad, sueña con edificar un mundo de solo dos habitantes pero la inminencia del día traerá la claridad: el desapego total no es para cualquiera y el abandono de lo mundano también implica dejar la casa, el marido, los hijos, etcétera. Tal vez sea el precio de la revolución de uno solo.
En algún momento de la trama, un hombre y dos mujeres se cruzan pero no es importante: las novelas son autónomas aunque las dos tapas sugieran una correspondencia (en una, la trompa de un Cadillac rojo con un hombre al volante; en la otra, el baúl del mismo auto con dos mujeres caminando). Unidos y separados, los dos libros conjugan un tópico clásico del hombre y la mujer: el cambio de identidad en la soledad o la pareja porque, como dice la canción popular, quién no se preguntó alguna vez cuánto tiempo hemos sido uno los dos.
ABCA.Nacido en Junín en 1965, Juan José Becerra es periodista, ensayista, novelista y dramaturgo; recibió el Premio Konex 2024 en la categoría de Letras.
B.Su novela Un hombre, recién publicada, narra el extraño giro en la vida de un ingeniero que colecciona autos de lujo y está por cumplir 60 años.
C.En Dos mujeres, un encuentro casual lleva a las protagonistas a vagar por una ciudad opulenta mientras una hace votos de desapego total.