Dan Stevens y la serie que trae de regreso al actor que se negó a ser solo un “galán de época”
“Este lugar es, en sí mismo, una película de terror. Incluso sin un monstruo, seguiría siendo un lugar horrible en el que estar”. Dan Stevens no está describiendo un rodaje difícil ni una ...
“Este lugar es, en sí mismo, una película de terror. Incluso sin un monstruo, seguiría siendo un lugar horrible en el que estar”. Dan Stevens no está describiendo un rodaje difícil ni una locación incómoda: se refiere a New Hyde, el hospital psiquiátrico donde transcurre The Terror: Devil in Silver, la nueva temporada de la antología de horror que Ridley Scott produjo para televisión y que el 21 de septiembre estrenará en la señal AMC.
En ese lugar tenebroso la pregunta no gira sobre las presencias sobrenaturales que acechan desde las sombras, sino alrededor de una cuestión casi paradójica: ¿Quién es, en definitiva, el monstruo? Una respuesta quizás simple, trillada y sencilla podría ser “el hombre”. Pero una posible solución a esa incógnita, aún más inquietante, resulta más interesante: las instituciones son el lobo del hombre.
El actor que dejó Downton Abbey en su pico más alto para no quedar pegado al rol del galán de época, se enfrenta a algo mayor que cualquier persona: un sistema que no tiene ningún apuro en dejar en libertad a sus víctimas. Este Leviatán moderno y retorcido es lo que se condensa en buena parte de lo que cuenta Stevens en una charla exclusiva con LA NACION.
El heredero que decidió no heredar nadaPara comprender la metamorfosis de Daniel Jonathan Stevens hace falta remontarse a una ciudad del sur de Londres, Croydon. Allí nació en 1981 y, adoptado por una pareja de docentes, se formó estudiando teatro y literatura. Saltó a la fama con la elegancia y la distinguida actitud de Matthew Crawley, el accidental heredero de la fortuna Grantham en Downton Abbey.
Después de tres temporadas, entre 2010 y 2012, Stevens decidió no renovar contrato: prefirió que su personaje, Matthew, muriera en un choque de autos antes que quedar atado para siempre en ese personaje. Luego vinieron series como Legion, en donde interpretó al atormentado David Haller.
“Tal vez la mayor lección de esa serie fue que uno nunca sabe cuándo algo va a estallar y volverse un éxito. Así que simplemente seguís haciendo lo que hacés. Si algo se vuelve grande, genial. Si no se vuelve grande, eso también está bien. No hay ningún control sobre eso”, decía en ese momento sobre el sinuoso camino de la fama. Esa misma lógica, dice, es la que lo llevó a un proyecto tan alejado de la aristocracia británica como un manicomio de Queens.
Devil in Silver, la serie que ahora lo tiene como protagonista, está basada en la novela homónima que Victor LaValle publicó en 2012, y sigue a Pepper, un trabajador de Nueva York que termina internado injustamente en el Hospital Psiquiátrico New Hyde. En ese lugar deberá lidiar con pacientes hostiles, médicos que ocultan secretos y una presencia que bien podría ser el propio diablo. Karyn Kusama, directora de Diabólica tentación, se hizo cargo de los dos primeros episodios, filmando gran parte en una prisión verdadera abandonada de la ciudad.
Para Stevens, el desafío actoral pasaba por un lugar específico: la locura de tener que demostrar la propia cordura. “Tan pronto como estás en una posición en la que necesitás demostrar que estás cuerdo, ya estás en un lugar bastante demente”, explica a LA NACION. “Y Pepper, en esta historia, tiene que demostrar constantemente que lo que dice es verdad. Hay tantas preguntas que surgen cuando ambientás una historia en una institución psiquiátrica: ¿para qué sirven en realidad? ¿Están ahí para ayudar a la gente o para ignorarla un poco?”.
Esas preguntas no son un agregado del guion: son, según Stevens, el motivo por el que aceptó el papel. “Fue un gran atractivo de la serie el sentido de justicia y comentario social que trae Victor con esta historia”, reconoce. “Al mismo tiempo que tenés todos los elementos clásicos del género, porque hay un monstruo, hay un ‘¿cómo salimos de acá?’, existe este monstruo paralelo que es, en realidad, el sistema de salud mental y cómo institucionalizamos a las personas, en los Estados Unidos y en todo el mundo”. Ambientar la historia en un lugar así, agregó, permitió acercarse a los internos como seres humanos con historias reales y no como una simple categoría: “No los estás mirando como locos, entre comillas. Tuvimos actores maravillosos que lograron darle vida a esas historias”.
Por supuesto, sus palabras hacen eco con otras obras que también han entendido que las instituciones pueden resultar terroríficas. Martin Scorsese lo demostró con La isla siniestra, ese perturbador relato sobre un detective, interpretado por Leonardo DiCaprio, que investiga una misteriosa desaparición en una prisión para criminales dementes. Hasta en los cómics estas prisiones son los lugares más terroríficos: basta con revisar los nombres que figuran entre las celdas de Arkham, el asilo que más de una vez tuvo que recorrer Batman.
Por suerte para Stevens, el rodaje no fue tan duro como una prisión mental. Ni siquiera lo afectó tener que trabajar en algunas locaciones reales. “Era como una pequeña pandilla loca”, resumió con una sonrisa, sobre el trabajo con sus compañeros de elenco. “Pero series como esta realmente pueden unir a un grupo de personas, y fue muy, muy divertido. Era como estar en una especie de extraño campamento”.
Fantasmas que inspiranCuando se le pregunta por referencias, Stevens no duda: Atrapado sin salida fue una influencia difícil de esquivar. El galardonado y exitoso clásico protagonizado por Jack Nicholson y Louise Fletcher, por supuesto, es mucho más que una crítica hacia las instituciones. La otra referencia, más inesperada, fue Tiburón, por una razón puntual: “Es como el monstruo que en realidad no ves, pero que está ahí. Esa idea de una especie de monstruo en las profundidades fue una gran influencia”.
Ambos títulos, cuenta, formaron parte de las charlas que tuvieron los propios actores durante el rodaje, y a eso se sumó el ojo de Kusama, curtida en cine de género: “Hay influencias que ni siquiera conozco y que se filtraron en ese episodio piloto, y que realmente se sienten, estableciendo el tono para toda una serie de terror”.
La mención a Atrapado sin salida abre, sin embargo, un debate más específico: ¿Es la enfermera Ratched el monstruo de esa historia, o lo es la institución que la contiene? Stevens no elige un solo lado. “Son las dos cosas, y creo que nuestra serie se hace exactamente la misma pregunta”, responde. “No podés decir simplemente ‘esa persona es el verdadero monstruo’, porque sino creerías que esa institución estaría perfecta si no hubiera monstruos. Y eso no es cierto: este lugar es en sí mismo una película de terror, incluso sin un monstruo adentro”.
Para el actor, se trata de capas superpuestas: “¿Son estos individuos los monstruos? Tal vez la institución los volvió monstruosos. Mi personaje, por ejemplo, no es un monstruo, pero el sistema, por cómo fue desfinanciado y dejado sin personal, convierte a las personas en algo que tal vez no son”. Para Stevens, cuanto más se mira de cerca el sistema de salud, “más terrorífico” resulta.
La marca de Ridley ScottDetrás de Devil in Silver está Scott Free, la productora de Ridley Scott, el legendario cineasta detrás de Alien, Blade Runner y Gladiador. Para Stevens, también productor ejecutivo, la influencia de Ridley se nota: “Tienen un gusto tan increíble. Realmente establecen el tono. Hay un peso particular en una producción de Scott Free: sabés que va a estar arraigada en un cine de género auténtico, que va a tener impacto de alguna manera. Hay algo indefinible que las producciones de Ridley tuvieron durante años”, remarca.
Esa asociación, agregó, también funciona como imán para atraer a directoras como Kusama, y sirve, además, para respaldar un tipo de contenido que hasta hace poco no gozaba de tanto prestigio: “Creo que fue estupendo que ellos defendieran la televisión de terror, que no siempre fue tan popular. Pero la gente se está dando cuenta de que puede dar lugar a una excelente serie, del mismo modo en que una película de terror puede ser muy popular”, dice.
Cuando termina la charla, vuelve la misma pregunta que abrió la temporada. ¿Qué hace falta para demostrar la propia cordura? Stevens no ofrece una respuesta cerrada, y tal vez ahí esté la gracia de todo esto. “Creo que como especie todavía no entendemos realmente nuestra propia mente tan bien como deberíamos”, señala. Y en ese punto ciego, entre lo que Pepper puede probar y lo que la institución elige creer, sigue viva la pregunta que hizo de este manicomio de la ficción un lugar tan parecido, después de todo, a tantos otros.