Datos favorables, el rescate del campo y un mundo que necesita alimentos
El dato económico de la semana que alegró al Gobierno tuvo como base un logro del campo. Se trata del 4,4% de crecimiento de la economía argentina en 2025, difundido por el Indec a partir de su ...
El dato económico de la semana que alegró al Gobierno tuvo como base un logro del campo. Se trata del 4,4% de crecimiento de la economía argentina en 2025, difundido por el Indec a partir de su Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE). Según las autoridades económicas, la cosecha récord de trigo fue la gran impulsora de esa cifra.
“Se destacó Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, con un salto del 32,2% interanual, impulsado por una cosecha histórica de trigo, tanto en volumen —el mayor de la serie— como en rendimiento promedio, 50% superior al de las últimas cinco campañas”, señaló la información oficial.
Enhorabuena por el reconocimiento al campo y su aporte al crecimiento del país, porque en ocasiones anteriores se decía que el campo no agregaba valor y que era una “actividad primaria”.
Claro que la estadística tiene sus bemoles. Como se sabe, los 27,5 millones de toneladas de la cosecha de trigo se lograron, en gran parte, por las condiciones climáticas favorables en la mayoría de las regiones agrícolas del país. Principalmente, la humedad de los suelos fue óptima en el momento de la siembra, especialmente en las zonas no eminentemente trigueras.
Aún así, con pocas señales, como la baja temporal de los Derechos de Exportación (DEX), que luego fue permanente, el campo respondió al incentivo e incrementó en 400.000 hectáreas el área sembrada con el cereal.
Pero si el Gobierno se ufana de datos como el crecimiento de la cosecha de trigo debería prestarle atención a lo que sucede con la soja, el cultivo que genera el mayor volumen de divisas por exportaciones de bienes del país. El área sembrada con la oleaginosa se retrajo en 800.000 hectáreas en la última campaña, que, como se sabe, en parte fueron al maíz y al girasol. Por las condiciones climáticas adversas, por la falta de lluvias en los primeros meses del año, las proyecciones de cosecha dan cuenta de un volumen que, por ahora, se mantiene por debajo de los 49 millones de toneladas. Demasiado poco para un cultivo que luego del segundo año del mandato del presidente Milei debería haber despegado.
No solo la producción de la oleaginosa está estancada, también la molienda. De acuerdo a las advertencias que desde hace tiempo viene realizando la cadena, la Argentina puede perder su liderazgo en el comercio internacional de la harina de soja, el principal producto de exportación del país. El foco debería ponerse en desatar los nudos que afectan la competitividad del complejo. Hay expectativas por la inminente resolución del dragado y el balizamiento de la hidrovía del Paraná mediante una nueva concesión privada, pero está absolutamente frenado el impulso a la producción de biodiésel. Los países líderes en la producción de soja como Estados Unidos y Brasil, en cambio, mejoran su competitividad año a año.
En donde sí se puede observar avances es en la celeridad con la que el Gobierno impulsó la aprobación del tratado de acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur. “La Unión Europea es la tercera economía del mundo. Sus 450 millones de habitantes importaron en 2024 productos agroindustriales por US$ 220.000 millones. Gracias a este Acuerdo, Argentina podrá ampliar sustancialmente su presencia en ese mercado, dado que la UE eliminará aranceles o abrirá cuotas sobre el 99,5% de las exportaciones agroindustriales del Mercosur”, dijo Ricardo Marra, presidente de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. A su vez, el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) expresó que “la agroindustria es uno de los sectores más competitivos del país. Buscaremos capitalizar este acuerdo para potenciar nuestra capacidad exportadora al máximo”.
La rapidez en la aprobación es clave para comenzar a aprovechar las nuevas cuotas. En el caso de la carne es clave. El consultor Miguel Gorelik, director del sitio valorcarne, explicó que “el desafío de fondo será distribuir la nueva cuota para la carne vacuna en un bloque cuya estructura exportadora cambió drásticamente en las últimas dos décadas”. El especialista estima que Brasil, la Argentina, Uruguay y Paraguay deberán acordar un mecanismo para aprovechar la baja arancelaria de sus envíos.
En un mundo que se aferra al proteccionismo y le es cada vez más difícil aceptar las reglas multilaterales, el Mercosur tiene la oportunidad de mostrarse como un bloque sólido y proveedor confiable de alimentos de calidad.