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De cuentapropistas e informales. Las nuevas dinámicas laborales que forjó la crisis

El debate por la reforma laboral que se activará en los próximos días en el Congreso se posará sobre una realidad transformada del mercado del trabajo en los últimos años. Actuaron dinámicas...

De cuentapropistas e informales. Las nuevas dinámicas laborales que forjó la crisis

El debate por la reforma laboral que se activará en los próximos días en el Congreso se posará sobre una realidad transformada del mercado del trabajo en los últimos años. Actuaron dinámicas...

El debate por la reforma laboral que se activará en los próximos días en el Congreso se posará sobre una realidad transformada del mercado del trabajo en los últimos años. Actuaron dinámicas muy profundas de adaptación a una realidad económica que quedó congelada en su capacidad de crecimiento desde 2011. Como si fuera una ejercicio de supervivencia, la población activa se reacomodó del modo en el que pudo y logró que, a pesar del estancamiento productivo, el índice oficial de desocupación sea de sólo 6,6%.

Como ocurre también en otros planos, la gente encuentra sus propias soluciones, precarias e inciertas, por fuera de los canales institucionales que ejecutan el Gobierno, los gremios y las empresas, y más allá de la legislación vigente. La sociedad es hoy el actor dinamizador de los procesos que después la política busca interpretar y liderar. Pero el protagonismo reside cada vez más en un colectivo social que se percibe abandonado, sin representación genuina, que se las rebusca para mantenerse a flote.

Este recorrido es muy nítido al ver la evolución del mercado laboral en la Argentina de los últimos años. El empleo privado está estancado en alrededor de 6,1 millones de personas desde hace 15 años. Para algunos es una consecuencia de la falta de crecimiento; para otros, una demostración de la rigidez de las leyes que rigen el mundo del trabajo.

Esta crisis de desarrollo genuino fue paliada en una primera etapa con una fuerte suba del empleo público, que entre el último gobierno de Cristina Kirchner y la llegada de Javier Milei se incrementó 33%, al pasar de 2,5 a 3,3 millones de personas que trabajaban en los estados nacional, provincial o municipal. Otro esquema de resarcimiento temporal que terminó convirtiéndose en un mecanismo cristalizado, y que después por su propio peso se terminó hundiendo. Según una estadística del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (Crees), en ese período la Argentina fue el país con mayor tasa proporcional de empleados públicos sobre el total de ocupados, con un 19,8%, es decir, casi uno de cada cinco.

En paralelo, el otro sector que experimentó un notable crecimiento fue el de los trabajadores independientes, que nuclea a monotributistas y autónomos, que se disparó un 30% en el período previo a Milei, para alcanzar una cifra de 2,2 millones de personas. La emancipación laboral y el emprendedurismo fue la otra respuesta que encontró la sociedad ante la falta de oportunidades en el empleo asalariado privado. En definitiva, cuando LLA llegó al poder, el empleo privado estaba estancado, el público había actuado durante un tiempo como colchón y después se frenó, y los independientes eran los más dinámicos.

Sin embargo, estos datos representan sólo una parte cada vez más parcial del panorama completo, ya que por fuera del empleo formal, creció en forma exponencial el trabajo informal, que entre 2012 y 2023 pasó a representar el equivalente a dos tercios de la masa laboral “en blanco”. Este aumento de trabajadores “en negro” fue el otro atajo con el que la dinámica del mercado laboral amortiguó el índice de desempleo.

En los dos años que lleva Milei en el poder, se perdieron unos 120.000 puestos privados, unos 80.000 públicos y bajaron 25.000 las empleadas en casas. Los únicos que se mantuvieron fueron los monotributistas, y los que volvieron a crecer fueron los trabajadores informales, que son los que han dado el salto más brusco. Es decir, que en apariencia, se consolida la tendencia previa: estancamiento en la formalidad, y crecimiento en la independencia y la informalidad.

Pero hay una novedad muy importante en esta nueva etapa, que identificó un trabajo de Idesa en base a datos de la Secretaria de Trabajo y la Encuesta Permanente de Hogares del Indec. El informe detectó que dentro del universo de los informales los que más se ampliaron no fueron los asalariados que cobran “en negro”, sino los cuentapropistas “en negro”. Ya no se trata del empleado de una pyme que no tiene aportes ni cargas sociales, sino del peluquero a domicilio, el jardinero itinerante, el repartidor de plataformas.

Mientras que los asalariados informales se mantuvieron estables en 3,6 millones de personas en los últimos dos años, los cuentapropistas informales crecieron de 2,7 a 3,3 millones en el mismo período. “Hasta ahora se miraba siempre al asalariado en negro, pero ese segmento se frenó en 2025 y despegó fuerte el cuentapropismo en negro, que representaría la última etapa de deterioro del mercado laboral, pero es el que hoy evita que suba el índice de desempleo”, explica Jorge Colina, titular de Idesa.

Se trata del indicador más significativo del mercado laboral actual, porque representa el cruce entre dos variables. Por un lado, la informalidad, como respuesta a la falta de crecimiento y a la rigidez normativa. Por otro, el vector del cuentapropismo, que es una tendencia de época, sobre todo después de la pandemia, que expresa una inclinación muy fuerte hacia el trabajo independiente y al aprovechamiento tecnológico. Es la síntesis más acabada del rebusque en tiempos de algoritmos. Acá no inciden los actores institucionalizados; es un universo de sobrevivientes.

El mundo app

Probablemente la imagen más nítida de esa nueva geografía laboral sea la representada por los trabajadores de plataformas como Rappi, PedidosYa, Uber, Cabify o Didi. En las principales empresas de ese rubro, reconocen un proceso de crecimiento sostenido, en especial en 2025, como consolidación de una tendencia que se inició en la pandemia.

Rappi elaboró una estadística que detectó que entre noviembre de 2024 y el mismo mes de 2025 la cantidad de repartidores activos (al menos un pedido al mes) creció de 31.105 a 43.048, es decir que escaló casi un 40% en un año. En la empresa sólo recuerdan un salto similar a mediados de 2022, con la mayor crisis económica del gobierno de Alberto Fernández, tras la salida de Martín Guzmán, cuando pasaron de unos 15.000/20.000 repartidores a 25.000/30.000. En ese momento fue una solución desesperada ante la falta de ingresos, en un momento en el que las apps estaban en período de consolidación.

Un movimiento similar identificaron en la empresa PedidosYa, en donde relevaron que la cantidad de repartidores que prestaron servicios a través de la aplicación aumentó casi 23% entre fines de 2023 y fines de 2025. En Uber también indican que hubo “un crecimiento en la cantidad de gente que maneja” y aportan como cifra que desde que la plataforma desembarcó en el país en 2016, unos 500.000 conductores hicieron viajes a través de ella.

Los trabajadores de las apps representan un fenómeno transversal que describe mucho mejor las dinámicas sociales que otros indicadores clásicos. Son herederos de la pandemia y socios de los algoritmos. Valoran su libertad de decisión y la posibilidad de administrar sus tiempos y preferencias. Se sienten abandonados por el Estado, los sindicatos y las empresas. Fueron protagonistas clave del triunfo electoral de Milei. Pertenecen a una clase media y media-baja que se transformó en el nuevo sujeto social de la Argentina, así como tras la crisis de 2001 las clases más bajas fueron las principales protagonistas.

Hay tres datos muy interesantes para profundizar en esta nueva fase del cuentapropismo de plataforma. En primer lugar, que el aumento en la cantidad de trabajadores en el sector es acompañado también por una evolución en la demanda de pedidos. Rappi dice que subió 29,3% en un año y PedidosYa un 35% desde 2023. En definitiva, el fenómeno opera sobre una transformación profunda en las dinámicas sociales, acentuada por la pandemia, que hace juego con una tendencia global hacia la digitalización, la optimización del tiempo y la tercerización de procesos. Como en otros aspectos, en la Argentina esos movimientos tienen una intensidad especial.

El segundo dato clave deriva del análisis sociológico de quienes trabajan en esas plataformas. Todas las empresas consultadas coinciden en señalar en que el dato saliente en la Argentina en comparación con otros países de América latina, es el carácter mucho más acentuado de trabajadores part time. Así lo reflejó un relevamiento que hizo Civic House, financiado por el BID, según el cual el 66,5% de los repartidores de plataforma hacían menos de 90 pedidos al mes, lo que equivale a trabajar menos de 20 horas semanales. “Esta tendencia podría indicar que el trabajo en plataformas de reparto complementaría los ingresos de otras actividades, más que ser la única fuente de ingresos”, resume el trabajo.

En una de las empresas líderes en el segmento hicieron un estudio al respecto y detectaron que el 70% de sus repartidores trabajan menos de 4 horas diarias. “En comparación con otros países de la región, acá es mucho más parcial la dedicación. Hay gente que estudia o trabaja en otra cosa, y hace esto como complemento; adultos con síndrome de ‘nido vacío’, deportistas de segunda línea. Además, la mayoría trabaja para varias plataformas al mismo tiempo”, señalan en una app de viajes.

Y el tercer indicador es quizás el más sensible de todos. Lentamente empezaron a aparecer síntomas de saturación en el esquema de las plataformas, porque la mayor cantidad de trabajadores hace que se abarate el servicio y sea menos conveniente para repartidores y conductores.

Esta señal de advertencia surgió en algunos estudios de focus group de una consultora importante, y es un tema que en las empresas admiten seguir con atención. “Está claro que si la base de trabajadores sigue creciendo, no va a haber pedidos para todos”, reconocen. Los conductores o repartidores dicen que están ganando menos por cada viaje o entrega, y muchas veces se lo comentan a sus clientes, aunque las empresas sostienen que han mantenido actualizados los valores del servicio en línea con la inflación.

Estructuralmente sería el dato más saliente, porque demostraría que, así como en su momento se saturó el empleo público como reservorio de trabajadores sin lugar en el mundo privado, y después ocurrió lo mismo con los monotributistas y empleados en negro, ahora podría estar pasando lo mismo con la última rotación del mercado laboral que es el cuentapropismo informal.

Ingresos y productividad

Todos estos giros han evitado que en lo que va de este siglo se repita el síndrome de los 90’ menemistas, cuando la recesión impactó directo en un desempleo que llegó al 20% de la población activa. Desde la crisis de 2001 la desocupación no volvió a tener picos tan altos, ya que varió entre el 6,5 y 9%, pero el costo fue una mayor precarización y un subempleo encubierto masivo.

El último índice que se difundió a fin del año pasado da cuenta de que así como bajó el desempleo, sigue subiendo el trabajo informal, que ya está en 43,3% de la masa laboral. Sin embargo, ese indicador podría ser más elevado porque a partir de los cambios introducidos por el Indec en la Encuesta Permanente de Hogares, que agregó nuevos módulos e incorporó más centros urbanos, ya hoy estaría en 45%, y con tendencia creciente. “La actualización que hizo el Indec introdujo por primera vez un conjunto de preguntas orientadas a medir con mayor precisión la formalidad o informalidad laboral, como capacidad de emitir facturas, realización de aportes, verificación del registro laboral de los establecimientos”, señala Jorge Paz, economista especializado en temas laborales y demográficos.

Bajo este nuevo indicador, Paz realizó una proyección que apunta al otro gran problema derivado de la informalidad, que es el nivel de ingresos. Mientras que los asalariados no registrados ganan un 18% menos que un trabajador formal, si se le suman los cuentapropistas informales la diferencia se estira a un 68% menos. Es decir, que se amplía exponencialmente la brecha entre el registrado y el informal a partir de precisar ese universo que estaba subestimado hasta ahora, que es el de los cuentapropistas informales.

Emerge acá el otro dato sustancial que acompaña la mayor informalidad laboral que es el estancamiento salarial. Los datos que se conocieron esta semana sobre el tercer trimestre de 2025, da cuenta de que en los primeros once meses del año los ingresos de los privados estuvieron 2,3% debajo de la inflación, y los públicos nacionales un 8,9%.

El Gobierno ha utilizado un ancla salarial a través de la homologación de paritarias, para mantenerlo en el orden del 1 o 1,5% mensual, pero con un índice de precios que terminó el año en 2,8%, la relación con los ingresos quedó descalzada. Por eso quizás también el fin de año exhibió un retroceso en el consumo en comparación con 2024.

Detrás de este problema asoma el déficit de productividad que arrastra desde hace décadas la Argentina, y que la ha llevado a una falta de competitividad aguda, hoy transparentada por la apertura económica dispuesta por Milei.

Conceptualmente la reforma laboral que impulsa el Gobierno apunta en esencia a una reducción de los costos laborales y a una erosión del poder de los sindicatos, pero hay consenso en que al mismo tiempo se requiere de una reactivación económica para que el mercado laboral se dinamice.

De fondo subyace una percepción de que la discusión política luce hoy alejada de las dinámicas que rigen casi la mitad de la fuerza del trabajo de la Argentina, y que parece formateada para una matriz productiva declinante. ¿Cómo será leída la nueva ley en cinco años, cuando la IA haya terminado de sacudir las bases de la sociedad postindustrial y a punta de algoritmo haya reconfigurado por completo el mercado laboral?

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/politica/de-cuentapropistas-e-informales-las-nuevas-dinamicas-laborales-que-forjo-la-crisis-nid24012026/

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