Del inicio al ocaso en el conflicto de Medio Oriente: vuelven a tener peso los factores tradicionales del mercado
El memorando de entendimiento de Islamabad entre Estados Unidos e Irán, con 14 puntos a negociar en un plazo de 60 días corridos desde su firma —prorrogables—, no es un acuerdo definitivo, pe...
El memorando de entendimiento de Islamabad entre Estados Unidos e Irán, con 14 puntos a negociar en un plazo de 60 días corridos desde su firma —prorrogables—, no es un acuerdo definitivo, pero marcó el punto de partida para que el petróleo volviera a foja cero. El Brent, la referencia a escala global, ya cotiza en valores previos al conflicto, y ese descenso repercutió con fuerza en las cotizaciones de los granos en Chicago.
En la columna del pasado 6 de junio hacía hincapié justamente en esto: la posición fuertemente comprada de los fondos de inversión en Chicago, en pleno ingreso de la cosecha récord sudamericana tenía como única razón la suba del petróleo y la alta correlación del oro negro con los tres grandes granos: soja, maíz y trigo. Con la baja del crudo, los fondos liquidaron todas las posiciones que mantenían netamente compradas en los productos agrícolas —a excepción del aceite de soja— y quedaron netamente vendidos en maíz, soja y en trigo. De aquí en adelante, y en la medida en que el acuerdo continúe sobre rieles, la atención del mercado se concentrará cada vez más en el devenir climático de la región productiva estadounidense.
Un anticipo de esa sensibilidad se vio el martes pasado, cuando el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, en sus siglas en inglés) publicó sus informes de área sembrada y de stocks trimestrales. El dato saliente fue el trigo: 17,3 millones de hectáreas implantadas, la menor superficie desde que existen registros (1919). Los stocks de maíz al 1° de junio, aunque voluminosos, quedaron por debajo de lo esperado, con una demanda trimestral récord. Frente a fondos muy vendidos, la reacción fue inmediata: tres ruedas consecutivas de subas, encabezadas por el trigo. El próximo test llegará el 10 de este mes, con el informe mensual de oferta y demanda.
En materia climática, hay pronósticos divididos entre los climatólogos estadounidenses. Para algunos, un “Niño” fuerte puede ayudar a mejorar las lluvias en el sur de Estados Unidos, mientras que otros prevén que el jet polar que se desplaza por el norte podría generar un domo de sequía y altas temperaturas en la zona norte y oeste del cinturón sojero/maicero. La probabilidad de que los rendimientos, tanto de la oleaginosa como del forrajero, se ubiquen en los niveles que proyecta el USDA dependerá de cómo evolucionen las temperaturas y las lluvias en los próximos dos meses. Pero hay algo que es cierto: el USDA está proyectando un “techo” defendible y no un “piso” asegurado.
Por otro lado, y teniendo en cuenta cómo ha crecido el área girasolera y la de otros oleaginosos de alto contenido de aceite, como carinata y camelina, resulta extremadamente importante seguir de cerca lo que pueda ocurrir con la producción de palma en Malasia e Indonesia. Sabido es que un año “Niño” puede generar sequías en el sudeste asiático y Australia, pero cuando los climatólogos prevén un “Niño” fuerte o muy fuerte, el impacto podría ser mayor al habitual. Ello podría comprometer el abastecimiento de aceite de palma para la producción de biocombustibles, justo en el momento en que el mercado energético mundial intenta diversificar su matriz. Para seguir con atención...
El autor es socio de Nóvitas SA.