Dembélé dio un recital goleador, Francia pasó por encima a una Noruega B y mete miedo
Pisada. Amague. Freno. Enganche. La cintura que se hamaca, y enseguida el latigazo. De zurda o de derecha, con chanfle o recto, con idéntica eficacia: el resultado son tres golazos en media hora. ...
Pisada. Amague. Freno. Enganche. La cintura que se hamaca, y enseguida el latigazo. De zurda o de derecha, con chanfle o recto, con idéntica eficacia: el resultado son tres golazos en media hora. En diciembre de 2022, en Qatar, Ousmane Dembélé parecía un futbolista perdido para la causa. Su paso gris por el Barcelona le había restado una confianza en sí mismo que tampoco su selección le devolvía. En la final del estadio Lusail, y ante el baile que Argentina le estaba dando a los suyos, Didier Deschamps lo retiró de la cancha antes de que terminase el primer tiempo.
Pasaron 42 meses y unas cuantas cosas en la vida del Mosquito ambidiestro. Primero regresó a su país, a un PSG que cambiaba su visión y se olvidaba de las superestrellas. Después se encontró con Luis Enrique, el técnico que llevaba en su cabeza los conceptos para armar un equipo destinado a hacer historia. El mix lo reconcilió con el fútbol. El entrenador asturiano lo hizo sentir pieza clave de su proyecto y Dembélé recuperó todo lo perdido: la velocidad, el enganche, la pisada, la cintura indescifrable. Y además le agregó gol, ingrediente con el cual hasta pudo ganar un Balón de Oro.
En este Mundial, al puntero galo le costó encontrar el sitio en el campo (empezó jugando por el centro y Deschamps lo movió a la derecha en el descanso del primer partido), y también la red, pero contra los suplentes de Noruega, en el triunfo por 4-1, se hizo una panzada. A los 7 minutos enganchó hacia afuera y metió el derechazo cruzado y a media altura que Egil Selvik, un muy buen arquero, ni vio pasar. En el minuto 19 el enganche lo hizo afuera del área y hacia la izquierda: zurdazo con comba abajo, contra el palo derecho, inatajable. Apenas pasada la media hora juntó todo en la coctelera: freno, pisada, cintura, dos enganches, y zurdazo calcado para acomodar la pelota en el mismo agujerito de la red que en el 2-0. Un recital memorable.
Dembélé fue el factor decisivo de un primer tiempo espectacular de Francia, cuyos jugadores le dedicaron a su técnico ausente una exhibición de fútbol ofensivo, con algunos matices añadidos a tener en cuenta para lo que viene. Por ejemplo, el espíritu con el que Kylian Mbappé esta afrontando el torneo. El delantero parisino no le embocó al arco esta vez, entre otras cosas porque hizo aquello que Luis Enrique le reclamaba sin éxito cuando coincidieron en el PSG, pensar en función de equipo.
Más allá de mantener sus promedios goleadores, Kiki vivió una temporada llena de sinsabores en el Real Madrid. No hubo títulos, y sí más de una silbatina estruendosa en el Bernabéu como reproche a actitudes excesivamente individualistas, dentro y fuera de la cancha. En Estados Unidos se le observa otra conducta. Asistió a Dembélé en los dos primeros tantos, retrocedió para recuperar alguna pelota y, sobre todo, su rostro expresa satisfacción y disfrute. Dialoga con compañeros y rivales con una sonrisa en la boca, acepta que lo sustituyan sin un mal gesto; y el equipo lo busca una y otra vez, consciente de que ahí tiene su as de espadas.
El bagaje es tan amplio que para la ocasión Francia ni siquiera necesitó de la visión en zonas interiores que Michel Olise viene demostrando en su nuevo puesto de pseudoenganche; tampoco de la imprevisible habilidad de un irregular Doué, que jugó empeñado en estrenar su casillero de goles (marcaría sobre la hora el que cerró el 4-1). Sí, en cambio, contó nuevamente con el aporte de Kouadio Koné en el medio, un volante mixto de múltiples cualidades que recuerda al Paul Pogba de Rusia 2018 y aplica para quedarse con el puesto.
Noruega se tomó el partido de forma muy distinta, casi con resignación desde que presentó la planilla. Diez cambios respecto al equipo que había vencido a Senegal, entre ellos Erling Haaland y Martin Odegaard, sus grandes figuras, le daban a priori una ventaja casi suicida a los franceses y la realidad lo confirmó muy rápido: a los 23 segundos del arranque, Mbappé ya había sacudido el travesaño con un derechazo.
Pese a todo, el equipo B de los nórdicos no defeccionó por completo. Un poco por su propio esfuerzo, y otro tanto por ciertas desatenciones del fondo francés que, por ejemplo, permitió que le hagan un gol desde el saque de centro luego del 2-0 (buena jugada y remate de Thelo Aasgaard). La capitulación definitiva del conjunto vikingo llegaría a los 4 de la segunda mitad, cuando Jorgen Strand Larsen ejecutó muy mal un penal que Theo Hernández le había cometido al zurdo Oscar Bobb y Mike Maignan lo rechazó sin demasiados problemas.
Francia completó de manera impecable su paso por la etapa de grupos. Ganó todo, marcó 10 goles y ya nadie discute su apuesta por darle el peso del equipo a la delantera. Fue así también en Qatar, pero ahora se trata de un ataque recargado. Dembélé es otro jugador, Olise es un Antoine Griezmann con más dribbling, Doué y Barcola le imprimen velocidad y habilidad, y Mbappé le suma mentalidad colectiva a su voracidad de siempre. Es verdad, el fondo da alguna que otra ventaja y habrá que ver si eso le pasa facturas contra rivales con más pegada. Por ahora, ya aprobó la primera materia: nadie mete más miedo que les bleus.