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El cantautor italiano Domenico Modugno nació en la Puglia, aunque decía ser siciliano

PUGLIA.- Los acantilados de roca y los balcones al mar Adriático se encienden cuando ...

El cantautor italiano Domenico Modugno nació en la Puglia, aunque decía ser siciliano

PUGLIA.- Los acantilados de roca y los balcones al mar Adriático se encienden cuando ...

PUGLIA.- Los acantilados de roca y los balcones al mar Adriático se encienden cuando Polignano a Mare celebra a San Vito Mártir, su patrono. Durante esos días de fiesta, las reliquias del santo navegan hasta la costa en antiguos veleros y continúan en procesión por la calle principal.

De noche, los fuegos artificiales forman flores, estrellas y corazones en el cielo con estallidos que parecen interminables, pero que en realidad no duran más de 20 minutos, y las calles se iluminan con arcos multicolores característicos de la Puglia.

Familias locales, unos cuantos visitantes de otros pueblos y turistas recorren la vía principal (llamada San Vito, como era de esperar) y cruzan el Ponte Borbonico hasta llegar a la Piazza Giuseppe Garibaldi. Otros atraviesan el magnífico Arco Marchesale para pasar al casco histórico, un laberinto de pasajes empedrados y recovecos donde vale la pena perderse.

En los restaurantes -estos días con pocas mesas libres- sirven panino al polpo, orecchiette al pomodoro, productos di mare y, claro, risottos, pizzas y pastas en todas sus formas. Y la convocante heladería Il Super Mago, que también forma parte de esta historia -aunque para descubrirla habrá que avanzar unos párrafos más-, tiene más espera de lo habitual.

Con las celebraciones, la vía principal vuelve a llenarse de puestos que venden ropa, cerámicas, pinturas, bijouterie artesanal, tejidos, golosinas y caramelos de regaliz. También, figuras en 3D, accesorios made in China, perfumes árabes y carteras que intentan replicar a las de grandes etiquetas italianas, pero sin éxito.

Todavía faltan unos meses para que los acantilados reciban a los temerarios nadadores dispuestos a participar de la competencia de salto de Red Bull, un desafío que los lleva a lanzarse de hasta 27 metros sobre el mar.

Entre tantos festejos, encuentros y movimiento no deja de sonar una canción en los restaurantes, en los tuk tuk, en las recepciones de los hoteles, en las lanchas: Volare, oh-oh; Cantare, oh-oh, oh-oh; Nel blu dipinto di blu; Felice di stare lassù…

Tampoco pasa desapercibida, frente al Adriático y con los brazos abiertos, la escultura del cantautor Domenico Modugno, que aún parece entonar hacia el viento aquel himno italiano que le dio fama mundial. El mismo gesto que lo hizo célebre -los brazos extendidos, como quien quisiera abrazar la vida- se repite en las fotos de su época dorada, en los años cincuenta.

No soy de aquí...

Domenico Modugno nació en Polignano a Mare el 9 de enero de 1928, y heredó de sus padres el amor por la música, como dice su biografía oficial. A los 7 años y por el trabajo de su papá, Vito Cosimo, su familia se mudó a Pietro Vernotico, en Brindisi, pero regresaba cada verano a Polignano.

“Solían llamarlo Mimì, el chico del pelo rizado. De niño, era terrible -cuentan en el Centro Turístico de Polignano a Mare-. No obedecía, siempre andaba haciendo travesuras, subiendo y bajando las escaleras del casco antiguo y tirando piedras a las ventanas. Aun así, sus padres solían castigarlo. Pero era una excepción a la regla y decían le A te sono mancati gli schiaffi (‘no te han castigado’, una expresión que usan los lugareños para referirse a un niño o niña sin disciplina)”.

En las escapadas a su pueblo natal pasaba tiempo entre la tabaquería de su tío, en la Cala Grottone, en la zona de Largo Gelso y en el carrito de helados Super Mago del Gelo, de la familia Campanella. Actualmente, en las paredes de la heladería, entre fotos de grandes personalidades que visitaron el lugar, se encuentra la de Domenico, ya adulto, que posa como si estuviera cantando, junto a su amigo Mario Campanella, hijo del fundador.

Pero la vida de pueblo no era lo suyo y, después de cumplir con el servicio militar, viajó a Roma. Se fue acercando a la pantalla grande cuando ganó un concurso de interpretación de un centro experimental de cine y, luego, una beca. La primera película en la que participó fue Filumena Marturano, con guion y dirección de Eduardo De Filippo, en 1951. Un año después, interpretó a un soldado siciliano en Carica eroica, de De Robertis. Así comenzó el primer capítulo de la historia que decía que era nativo de Sicilia.

Luego de papeles menores en otras películas y obras de teatro, su suerte cambió definitivamente cuando ganó un concurso radiofónico y fue convocado por la RAI para escribir letras y diseñar sonidos en una serie de programas.

Ya había comenzado a andar el camino a la fama: compuso canciones en dialecto apuliano (de San Pietro Vernotico) y siciliano, y, en 1957, ganó el segundo premio en el Festival de la Canción Napolitana con Lazzarella. Y siguieron los éxitos.

Pero si por algo es hoy más icónico Modugno es, justamente, por la canción Volare, como se la conoce ahora, aunque su nombre original es Nel blu dipinto di blu, coescrita por Franco Migliacci. Su melodía es un canto a la felicidad:

Penso che un sogno così non ritorni mai più Mi dipingevo le mani e la faccia di blu Poi d’improvviso venivo dal vento rapito E incominciavo a volare nel cielo infinito

(Creo que un sueño como este nunca volverá / Me pinté las manos y la cara de azul / Entonces de repente fui secuestrado por el viento / Y comencé a volar en el cielo infinito)

Volare, oh-ohCantare, oh-oh, oh-ohNel blu dipinto di bluFelice di stare lassù

(Y volando, volando feliz / Yo me encuentro más alto / Más alto que el Sol)

Fue una revolución: se tradujo a varios idiomas, cruzó el continente y vendió miles de copias en los Estados Unidos y, en 1958, recibió el Oscar de la Grabación e inauguró los Premios Grammy que lo reconocieron como Grabación del Año y Canción del Año.

Alcanzó al primer puesto en los Billboard Hot 100 cuando, según sus estadísticas del año pasado, solo 39 canciones grabadas en lengua no inglesa llegaron al top 10 en sus 65 años de historia. La primera fue… Volare, y mantuvo cinco semanas consecutivas este récord.

Según la biografía de su sitio oficial (aunque no se pudo comprobar por otros medios) durante una gira recibió las llaves de Washington, a 8000 kilómetros de Polignano a Mare, aunque la distancia era más que geográfica.

Mientras continuaba siendo conocido como siciliano y negando sus raíces, transcurrió su carrera entre la música, el teatro, el cine y componiendo clásicos. También tuvo una fase política cuando, en 1986, se unió al partido radical y fue elegido diputado en la circunscripción de Turín-Novara-Vercelli. Así como vivió también falleció lejos de la Puglia, en la isla Lampedusa, en 1994.

Este año, por primera vez se organizó entre los municipios de Polignano a Mare, San Pietro Vernotico y Lampedusa el proyecto En el espíritu de Domenico Modugno: música de cantautor, cine y lugares entrañables para promover su figura y su obra.

Las imágenes de su época de esplendor lo muestran con los brazos abiertos, el rostro elevado y la boca abierta, en pleno canto. Así se lo ve en la imponente estatua de bronce de tres metros que lo homenajea al final del paseo del Largo Gelso, lugar al que iba de niño. De espaldas al mar y de cara a la ciudad, el monumento a manos del escultor argentino Hermann Mejer, se levantó en 2009.

Al parecer, habría quedado olvidada su historia de amor y desamor con este rincón de Puglia. Pero no es así.

Polignano a Mare, el pueblo de "Volare"

A unos kilómetros del monumento, también en sobre la costa, un muelle congrega a unas cuantas agencias de excursiones que ofrecen paseos por lo que no se ve desde tierra: las grutas dei Giunchi, della Rondinelle, Azzurra. Entre focaccias, prosecco y limoncello proponen dejarse sorprender por los juegos de luces que se crean entre el agua cristalina, los reflejos del sol y las paredes calcáreas.

En el recorrido se pueden ver cuevas que no soportaron el peso de los acantilados, otras que esconden imágenes de animales (aunque es necesaria mucha imaginación para descubrirlas); algunas con estalactitas, con huellas de restos fósiles y con historias que solo se pueden contar en su interior.

Entre tanta información y anécdotas, hay algo que no olvidan contar los guías locales que acompañan las excursiones y es, justamente, sobre Domenico y la leyenda Modugno: “En el mundo, él siempre se presentó como siciliano, no decía que era de nuestras tierras. Solo antes de morir reconoció que era de Polignano a Mare. Si quieren, sáquense una foto con él, pero nosotros no lo queremos”. Pero quién se puede negar a esa selfie al ritmo de Volare.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/el-cantautor-italiano-domenico-modugno-nacio-en-la-puglia-aunque-decia-ser-siciliano-nid01082026/

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