El caso Amari Bailey: de la NBA a la NCAA, el movimiento que rompería todas las estructuras del básquetbol estadounidense
El universo del básquetbol de los Estados Unidos está revolucionado. El caso de Amari Bailey desestabilizó todas las estructuras. Sucede que el base de 21 años de Charlotte Hornets contrató un...
El universo del básquetbol de los Estados Unidos está revolucionado. El caso de Amari Bailey desestabilizó todas las estructuras. Sucede que el base de 21 años de Charlotte Hornets contrató un staff de abogados para que le permitan regresar a jugar al básquetbol universitario (NCAA) y eso desató una ola de sospechas de este movimiento que, según el jugador, consiste en encontrar motivaciones deportivas, mientras que la sospecha es que pretende generar un impacto publicitario que le permita facturar lo que en la NBA, como novato, no puede.
Este caso de Bailey mantiene en vilo a las organizaciones del básquetbol local, porque busca un vacío legal en la NCAA para reactivar su elegibilidad universitaria. El auge de los contratos NIL (Nombre, Imagen y Semejanza), que les permite a los atletas de la NCAA ganar dinero mediante patrocinios, redes sociales, autógrafos y apariciones personales, es lo que empujaría la determinación del base.
En definitiva, el caso de Cooper Flagg, está dinamitando las fronteras entre el profesionalismo y el deporte escolar, porque el jugador de 19 años, que ahora es parte de Dallas Maverick, llegó a embolsar cerca de 28 millones de dólares en su año como universitario en Duke.
Amari Bailey has all the tools to become special. Lefty with great athleticism and a feel for the game. He just has to lock himself in a gym this summer and shoot. If he can develop a consistent shot and keep improving his handle, he can be a lottery pick in 2024. pic.twitter.com/DwvcMOS6go
— Ball Don't Stop (@balldontstop) March 13, 2023El base de 1.91 metro jugó una temporada en UCLA en 2022-23 antes de presentarse al draft de la NBA de 2023, cuando fue seleccionado por los Hornets en la segunda ronda. Jugó 10 partidos en la NBA durante su temporada de novato con un contrato de doble vía y pasó dos años en la G League antes de ser despedido en la última temporada. En total, el jugador percibió unos 565.000 dólares en su etapa profesional entre la NBA y la G-League.
Existen casos de jugadores que fueron elegidos en el Draft de la NBA, pero terminaron en la NCAA. Como el del nigeriano James Nnaji, que fue incorporado a Bears Baylor. Este chico de 21 años, que fue formado en España, con pasos por Barcelona y Girona fue seleccionado en 2023 por Detroit Pistons, y sus derechos para la NBA pasaron también por las manos de Charlotte Hornets y New York Knicks. La situación de Nnaji pareció más sencilla de resolver porque no jugó como profesional, a pesar de haber sido seleccionado, por eso la posibilidad de ingresar al básquetbol universitario resultó menos complejo y controvertido.
Amari Bailey is selected 41st overall by the @hornets in the 2023 #NBADraft presented by State Farm!
Watch the 2nd round on ABC/ESPN. pic.twitter.com/HrRfXzp1AP
Ahora bien, la estrategia de Bailey se apoya en el caso de Charles Bediako que jugó en la Universidad de Alabama dos años (2021/22 y 2022/23) luego se presentó al Draft de la NBA en 2023, pero no fue elegido. Sin embargo, fichó en la G-League (3 equipos distintos en la temporada 23/24, 24/25 y 25/26), incluso firmó un contrato doble vía con San Antonio Spurs y Exhibit 10 con Denver Nuggets y Detroit Pistons. Como no logró instalarse en la NBA consiguió que un juzgado estatal le permitiera regresar a la universidad (Alabama). Aunque la NCAA intentó prohibir su participación, los abogados de Bediako encontraron un agujero legal para lograr el retorno a la NCAA: se tomaron de la cláusula que establece que se puede regresar al básquetbol universitario en la ventana de 5 años posteriores a la graduación en la secundaria, algo que Bediako había logrado en 2021.
El presidente de la NCAA, Charlie Baker, poco después de que admitieran a Bediako para volver a la universidad, dijo: “Que un juez ordene a la NCAA que permita que un exjugador de la NBA juegue contra estudiantes-atletas universitarios es precisamente lo que no queremos. Por eso el Congreso debe intervenir y facultar a los deportes universitarios para que hagan cumplir nuestras reglas de elegibilidad”.
AMARI BAILEY JUST ENDED THIS GUY’S LIFE 😵 pic.twitter.com/MJJPbVnqtj
— Barstool UCLA (@StoolWestwood) March 12, 2023Para Bailey, esta cláusula de Bediako, más el caso de Nnaji, serían determinante y el jugador dice que su regreso a UCLA no se trata de una “maniobra publicitaria”, sino de una búsqueda de justicia deportiva: “No pretendo tener 27 años y seguir jugando a ser universitario. Sin ofender a quienes sí lo hacen, ésa es su trayectoria. He sido jugador profesional y he aprendido mucho, pero quiero un último año para demostrar que puedo liderar a un equipo. Esto no es una maniobra publicitaria”, le dijo a ESPN.
Además, Bailey explicó que jugar unos pocos minutos en un pequeño número de partidos de la NBA al final de su temporada de novato no es una buena razón para tratarlo de manera diferente a Bediako o Nnaji. “Tenemos a un joven en edad universitaria que quiere ir a la universidad, y tenemos un sistema que dice: ‘Qué lástima, has jugado en otra liga, así que estás fuera para siempre’. No veo ninguna justificación real para ello”, argumentó Elliot Abrams, abogado de Bailey.
La intención de Bailey pone en jaque la esencia de la NCAA, porque originalmente era una competición para aficionados que recibían una beca de estudios, pero desde hace varios años se transformó en un mercado en el que financieramente compite con clubes profesionales de las mejores ligas del mundo, los jugadores pueden permanecer en la competencia hasta edades avanzadas para seguir explotando su imagen y la falta de controles estrictos sobre los ingresos de los jugadores hace que tengan contratos que, en algunos casos, superan la elite.
Amari Bailey is selected 41st overall by the @hornets in the 2023 #NBADraft presented by State Farm!
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En este contexto, la NCAA sigue está luchando para revocar la decisión judicial a favor de Bediako, que prohíbe que cualquier persona que haya firmado un contrato profesional participe activamente de los deportes universitarios a menos que el dinero que reciba de su equipo profesional cubra solo los “gastos reales y necesarios”, como comida, alquiler, atención médica y costos de entrenamiento asociados con la práctica de su deporte.
Los principales miembros de la NCAA adoptaron la excepción de “gastos reales y necesarios” en 2010, cuando las universidades comenzaron a reclutar cada vez más jugadores del extranjero. La nueva regla requirió que la NCAA manejara a los jugadores caso por caso, ya que las universidades estaban ampliando constantemente los límites de la exención, desde jugadores adolescentes de ligas europeas hasta jugadores mayores que recibían mejores pagos que en las liga de Europa e incluso en la G League.
En este contexto Bailey intentará cumplir con su deseo de regresar, pero para eso también UCLA tendría que solicitar una exención a la NCAA para que se le permita jugar. Si la NCAA niega la solicitud de exención, Bailey y sus abogados podrían presentar una demanda en un tribunal estatal o federal para impugnar la decisión. “Hablo muy en serio sobre regresar. Solo quiero mejorar mi juego, cambiar la percepción que tienen de mí y demostrar que puedo ganar”, dijo el base de 21 años.