El costo de cambiar la realidad sin verla
Nadie aprende a ser presidente antes de serlo. Y mucho menos Javier Milei, que llegó al poder desde la nada.La experiencia que por lo general arrastran dirigentes que coronan su carrera en ...
Nadie aprende a ser presidente antes de serlo. Y mucho menos Javier Milei, que llegó al poder desde la nada.
La experiencia que por lo general arrastran dirigentes que coronan su carrera en la Casa Rosada tampoco ha sido garantía de grandes resultados. Lo prueba el propio Milei, elegido por una mayoría de argentinos, harta de la falsa gloria profesional de sus antecesores.
El Presidente acaba de deponer a la fuerza, y luego de pagar un alto precio, la decisión de sostener a Manuel Adorni en la Jefatura de Gabinete durante tres meses y medio. Paga un doble error: haberlo designado y no explicar la razón por la que lo sostuvo.
Desde que terminó el verano, Adorni unió a su incompetencia política para ejercer el cargo la inocultable evidencia de un repentino ascenso en su nivel de vida. Si hasta fue a la TV a celebrar como un mérito el delito de evadir el pago de impuestos de una módica fortuna supuestamente hallada en un pendrive.
Las encuestas empezaron a reflejar una pérdida de la valoración positiva del Gobierno y del propio Milei antes de que empezara el caso Adorni
Todavía hoy no puede demostrar cómo logró gastar una suma mucho mayor que sus ingresos corrientes, de la misma manera que jamás supo qué hacer en el cargo con rango constitucional con el que lo privilegió Milei.
Una parte del país, el kirchnerismo, disfrutó la larga caída de Adorni celebrando su escasa eficiencia para el delito como contracara de la supuesta habilidad para el ocultamiento de sus propios dirigentes.
No faltaron quienes señalaron que las sospechas respecto del comunicador registran un monto infinitamente inferior a los robos millonarios, enjuiciados y condenados de al menos una decena de funcionarios de Néstor y Cristina Kirchner y de la propia expresidenta. No se trata de quién robó más o quién menos, sino el hecho de haber usado dinero público para beneficio personal.
Otra parte de los argentinos asistió, indignada, al quiebre moral del gobierno libertario, desde cuyo vértice se insistió en defender a Adorni de las supuestas garras del periodismo y de la Justicia.
Javier y Karina Milei quedaron solos defendiendo a su funcionario, en el mejor de los casos sin recibir el reproche directo de parte del equipo de gobierno. El precio de la demora fue muy alto. Adorni se fue tarde y mal, cuando ya todo el costo de quedarse lo había asumido el Presidente y en una circunstancia especialmente adversa en la gestión económica.
Milei tiene delante de sus ojos una realidad que no está claro que pueda ver: son los datos que reflejan una inmovilidad sin horizonte en los grandes centros urbanos
Frente a esa situación, Milei quedó obligado a admitir que el experimento de gobernar con su hermana entró en crisis. Era un dato expuesto por los enormes conflictos y la paralización que provoca la pelea entre Karina y Santiago Caputo.
Milei tiende a encerrarse al amparo de su hermana. No cambiará; nadie que haya llegado tan alto como él modifica lo que le dio buen resultado.
A la fuerza, apelaron por segunda vez a un político de la casta como Diego Santilli, de la misma manera que antes le habían cedido la jefatura de Gabinete a Guillermo Francos luego de expulsar de mala manera a Nicolás Posse.
Adorni significó el intento de demostrar que con un incondicional alcanzaba para operar una botonera compleja y cambiante.
Francos se fue harto de negociar acuerdos que no podía cumplir y de la interna del “triángulo de hierro”. ¿Aprendió Milei de ese fracaso? Santilli será libertario en la medida en que lo dejen consumar sus aspiraciones de ser candidato a gobernador de Buenos Aires. De la misma forma, Patricia Bullrich seguirá siendo aliada si encuentra que ese lugar le servirá para ser candidata a un cargo ejecutivo.
A Milei le queda esperar que la realidad se acomode a sus teorías sin tener ninguna garantía de que eso ocurra
Uno y otro no hacen más que tener ambiciones, algo tan natural en política como negarle esas aspiraciones a los demás. Como un acto reflejo, Milei y su hermana convocaron a los legisladores propios un día después de que Santilli se rodeara de 14 gobernadores para asumir.
Milei tiene el poder de administrar las expectativas de todo su equipo, en especial los que se acercaron a él con la ilusión de crecer. Su hermana ha sido reticente con los que se acercaron.
La política también se trata de alimentar ilusiones en los demás; vale tanto para sus funcionarios más cercanos como para los votantes que lo acompañaron y esperan que el Presidente les explique por qué deben seguir confiando en él.
Las encuestas empezaron a reflejar una pérdida de la valoración positiva del Gobierno y del propio Milei antes de que empezara el caso Adorni. Ese declive se explica, antes que nada, por la estrechez económica personal de muchos argentinos, que ajustaron sus gastos y aun así no llegan a fin de mes con el salario que cobran. Los crecientes niveles de mora en el pago de tarjetas de crédito es apenas uno entre muchos reflejos de esa situación.
Las buenas noticias de la macroeconomía se reflejan en la vida cotidiana de la mayoría de las familias. Quienes valoran la dureza de Milei para generar una fuerte corrección fiscal empezaron a preguntarse cuándo les tocará recibir los beneficios del esfuerzo que realizan.
No es una necesaria añoranza por el regreso al populismo. Las viejas luces del distribucionismo kirchnerista no encandilan más que a un tercio de los votantes, los peronistas de siempre.
Milei tiene delante de sus ojos una realidad que no está claro que pueda ver. Son los datos que reflejan una inmovilidad sin horizonte en los grandes centros urbanos, ahí donde una parte de la actividad privada tiende a la inercia o se desliza hacia el extenso mar de la economía informal en la que habita casi una mitad del país.
Ideológicamente, el Presidente no cree que deba hacer algo para modificar ese factor. Desprecia la intervención del Estado en la economía y fue validado en ese sentido en dos elecciones consecutivas. Y no tiene muchas herramientas para promover la reactivación económica sin romper el cerrojo que él mismo impuso a las cuentas públicas.
A Milei le queda esperar que la realidad se acomode a sus teorías sin tener ninguna garantía de que eso ocurra. Junto al ministro Luis Caputo predijeron varias veces el derrumbe definitivo de la inflación y fallaron. Celebraron el crecimiento en términos generales de la actividad económica y obviaron la enorme disparidad entre sectores.
El promedio sirve para celebrar, pero el análisis en detalle obliga a mirar que la economía que emplea a más gente oscila entre el estancamiento y la decadencia.
¿Está mirando Milei lo que debe ver? Hacerlo puede ser la diferencia entre su reelección y su final.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/el-costo-de-cambiar-la-realidad-sin-verla-nid04072026/