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El derribo de dos aviones hace 30 años por el que EE.UU. acusa ahora a Raúl Castro

WASHINGTON.– A principios de la década de 1990 la ruta de quienes escapaban de Cuba no era como la actual, donde la mayoría de los migrantes viaja a terceros países en los que pueden entrar si...

El derribo de dos aviones hace 30 años por el que EE.UU. acusa ahora a Raúl Castro

WASHINGTON.– A principios de la década de 1990 la ruta de quienes escapaban de Cuba no era como la actual, donde la mayoría de los migrantes viaja a terceros países en los que pueden entrar si...

WASHINGTON.– A principios de la década de 1990 la ruta de quienes escapaban de Cuba no era como la actual, donde la mayoría de los migrantes viaja a terceros países en los que pueden entrar sin visa, como Nicaragua, y luego llegan por tierra a Estados Unidos, donde vive la mayoría de la diáspora cubana.

En aquel momento, decenas de miles de cubanos se lanzaban al mar en precarias balsas hechas a mano en una ruta muy corta, de apenas 150 kilómetros, pero extremadamente peligrosa, con fuertes correntadas e infestada de tiburones.

Fue así que en 1991 un grupo integrado mayormente por aviadores cubano-estadounidenses formaron en Florida el grupo “Hermanos al rescate”, con el objetivo de ayudar y rescatar a los balseros que trataban de emigrar de Cuba y de “apoyar los esfuerzos del pueblo cubano a liberarse de la dictadura a través del uso de la no violencia”.

José Basulto, piloto, exagente de la CIA y veterano de la fallida invasión de Bahía de Cochinos, fue uno de los fundadores. Recaudó millones de dólares para comprar avionetas y sobrevolaba regularmente el Estrecho de Florida en busca de personas perdidas en el mar. Luego solicitaba ayuda a la Guardia Costera de Estados Unidos.

El grupo reconoció, en algunos rescates, haber incursionado en el espacio aéreo soberano cubano de unas 12 millas náuticas (22,2 kilómetros) que rodean la isla, calificándolos de “actos de resistencia legítima contra el gobierno”.

No solo se dedicaban a buscar migrantes varados en el mar, sino que a veces también provocaban al entonces presidente Fidel Castro sobrevolando la isla o incluso lanzando folletos con extractos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU. En 1995, la Administración Federal de Aviación anunció que estaba investigando a la organización por violar el espacio aéreo cubano.

Pero según la investigación de la Organización de Aviación Civil Internacional, el incidente de hace treinta años por el que se acusa ahora a Raúl Castro ocurrió en aguas internacionales, a 18 millas náuticas (unos 33 km) de la costa cubana en un caso, y 30,5 millas náuticas (unos 56 km) en el otro.

La tarde del 24 de febrero de 1996, ocho voluntarios partieron de un pequeño aeropuerto al norte de Miami a bordo de tres avionetas Cessna. Solo una regresó.

El ejército cubano desplegó cazas MiG y derribó dos de los aviones, causando la muerte de cuatro personas, entre ellas tres ciudadanos estadounidenses, y provocando una protesta internacional. Además, se escuchó a los pilotos de los MiG celebrando el ataque por la radio.

“Fueron pulverizados en el aire, en espacio aéreo internacional, a plena luz del día y ante los ojos del mundo”, declaró Sylvia G. Iriondo, pasajera del tercer avión. “Fue un crimen atroz cometido contra avionetas indefensas y desarmadas”.

Los asesinatos siguen siendo una de las tragedias más significativas en los casi 70 años de historia de la comunidad cubana en el exilio en Miami. Durante tres décadas, legisladores cubanoamericanos, activistas en el exilio, sobrevivientes y familiares de las víctimas han exigido la imputación penal de Raúl Castro, quien era ministro de Defensa de Cuba en ese momento, posteriormente presidente, y ahora una figura clave en la toma de decisiones en Cuba.

El día del ataque

La Fuerza Aérea de Cuba le había advertido a Basulto que no cruzara el paralelo 24, una línea situada entre 60 y 95 kilómetros al norte de la costa cubana. Si bien forma parte de aguas y espacio aéreo internacionales, Cuba considera la zona que se extiende hasta esta línea como su zona de defensa.

El día en que derribaron los aviones, Basulto había presentado un plan de vuelo con la intención de realizar un viaje de cinco horas hasta el límite de dicha línea.

Se identificó ante el control de tráfico aéreo de La Habana, indicando que cruzaría el paralelo 24 y volaría al norte de La Habana durante varias horas.

“Recibido, señor”, respondió el control de tráfico aéreo cubano, según las transcripciones que posteriormente se hicieron públicas. “Le informamos que la zona al norte de La Habana está activada. Está corriendo un riesgo al volar al sur del paralelo 24″.

A las 14.58, Basulto respondió: “Sabemos que corremos peligro cada vez que volamos al área al sur de la Ruta 24, pero estamos listos para hacerlo como cubanos libres”.

A las 15.20, Basulto comentó que era un día hermoso. “La Habana se ve muy bien desde aquí”, dijo.

Un minuto después, los pilotos de Hermanos al Rescate avistaron aviones de combate.

“¿Nos van a disparar?“, se oye preguntar a la pasajera Sylvia Iriondo.

Sin seguir los protocolos habituales de las convenciones internacionales de aviación, que incluyen emitir una advertencia directa de “destrucción inminente” o escoltar la aeronave civil fuera de la zona, el primer avión fue derribado a las 15.21, a 18 millas de la costa cubana, según un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Los fallecidos fueron Carlos A. Costa, de 29 años, piloto, y su pasajero, Pablo Morales, también de 29 años.

Morales era un exbalsero cubano que había sido rescatado por Hermanos al Rescate y posteriormente se convirtió en voluntario de la organización. Fue el único de los cuatro fallecidos que no era ciudadano estadounidense.

Siete minutos después, el segundo avión fue destruido, a más de 30 millas de la costa cubana.

El segundo avión estaba pilotado por Mario Manuel de la Peña, de 24 años, quien cursaba su último semestre en la Universidad Aeronáutica Embry-Riddle. Su pasajero, Armando Alejandre, de 45 años, era un veterano de Vietnam que trabajaba como consultor para una autoridad de transporte local.

Los pilotos del MiG se regocijaron. “¡Cojones, lo conseguimos!”

“Estos no nos volverán a fastidiar”, dijo el piloto, según las transcripciones de audio.

Los cuerpos de los cuatro hombres nunca fueron encontrados.

La semana pasada Basulto, hoy de 85 años, exhortó a la Justicia norteamericana a actuar con rapidez.

“Las autoridades estadounidenses tienen toda la documentación, incluidas las transmisiones de radio entre los pilotos de MiG que derribaron nuestros aviones”, dijo Basulto. “Que traigan a Raúl Castro ante la justicia, que lo traigan aquí en persona”.

En febrero, miembros del Congreso escribieron al Departamento de Justicia solicitando que considerara la posibilidad de acusar formalmente a Raúl Castro. La carta citaba un reportaje periodístico sobre una grabación de audio de una conversación en la que supuestamente se oía a Castro hablando sobre dar las órdenes de derribar los aviones.

Agencia AP y diario The New York Times

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/estados-unidos/el-derribo-de-dos-aviones-hace-30-anos-por-el-que-eeuu-acusa-ahora-raul-castro-nid20052026/

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