El derrumbe que nadie esperaba: razones incómodas detrás de la caída del Bitcoin
La criptomoneda más famosa de todas, Bitcoin (BTC), llegó a retroceder cerca de 50 por ciento desde su máximo de 126.199 dólares, al tocar los 60.000 el pasado 5 de febrero. La magnitud de la b...
La criptomoneda más famosa de todas, Bitcoin (BTC), llegó a retroceder cerca de 50 por ciento desde su máximo de 126.199 dólares, al tocar los 60.000 el pasado 5 de febrero. La magnitud de la baja, por sí sola, no resultaría especialmente llamativa si se la analizara aislada de su contexto, teniendo en cuenta las fuertes oscilaciones a las que BTC ha acostumbrado a sus inversores a lo largo de su historia.
Sin embargo, lo que vuelve singular a este movimiento es el momento en el que ocurre: con el oro marcando nuevos máximos históricos y con un gobierno de Estados Unidos que, al menos en el plano discursivo y regulatorio, parece dar señales de mayor apertura hacia la adopción de la criptomoneda.
La volatilidad forma parte del ADN de Bitcoin, pero cuando el precio se mueve con esta intensidad en un entorno que, en apariencia, debería ser favorable, la pregunta deja de ser meramente técnica y se vuelve estructural. ¿Estamos frente a una oportunidad de compra o ante una corrección que todavía no encontró su piso?
La combinación de factores actuales obliga a ir más allá del precio y a indagar qué fuerzas están actuando por debajo de la superficie del mercado. La respuesta no es única ni lineal; la caída parece explicarse mejor como el resultado de distintos vectores que se superponen y se potencian. En la columna de hoy, analizamos los dos que consideramos más preponderantes.
1) La tensión entre Coinbase y los bancos: el frente menos visibleEn las últimas semanas volvió a escalar un conflicto estructural entre los exchanges cripto y el sistema bancario tradicional, un frente que rara vez ocupa titulares pero que tiene implicancias profundas sobre la dinámica del mercado. El punto de fricción es el pago de recompensas por mantener stablecoins dentro de las plataformas. Para los exchanges, reconocer un rendimiento sobre saldos en dólares tokenizados es una herramienta lógica para retener clientes y competir por liquidez en un entorno cada vez más exigente.
Para los bancos, en cambio, el fenómeno es percibido como una amenaza directa: cada dólar que migra a una stablecoin remunerada es un dólar menos en depósitos, con impacto potencial sobre su fondeo y, por extensión, sobre su capacidad de otorgar crédito. El trasfondo del conflicto va más allá de una simple discusión tecnológica. En Estados Unidos, buena parte del sistema bancario defiende un modelo de negocio tan extendido como poco discutido: captar depósitos del público, invertirlos mayormente en bonos del Tesoro de corto plazo y apropiarse de la mayor parte del rendimiento, trasladando apenas una fracción mínima a los ahorristas.
Exchanges como Coinbase proponen una lógica distinta, al reconocer a sus clientes una tasa del orden del 3 al 4 por ciento anual simplemente por mantener stablecoins (monedas estables atadas al dólar estadounidense) dentro de la plataforma. Esa diferencia no es marginal; cuestiona directamente la intermediación tradicional y explica la resistencia del sector financiero tradicional.
La disputa aún no se manifiesta como una prohibición explícita, pero sí como presión regulatoria, lobby y señales cruzadas que elevan la incertidumbre institucional. En los mercados financieros, la incertidumbre no necesita materializarse para afectar precios; alcanza con alterar expectativas y modificar el apetito por riesgo.
En ese contexto, Bitcoin suele funcionar como válvula de ajuste, no porque el conflicto lo afecte de manera directa, sino porque el retraso en la aprobación de la Clarity Act, la ley llamada a ordenar y dar previsibilidad al criptomercado en su conjunto, vuelve a cargar de incertidumbre al escenario regulatorio.
La demora incrementa el riesgo político de que la norma quede virtualmente “cajoneada” si el oficialismo pierde las elecciones de medio término de noviembre, un evento que obligaría a reiniciar el debate legislativo desde cero. Frente a ese horizonte más difuso, el mercado tiende a reducir exposición en los activos más volátiles, y Bitcoin absorbe buena parte de ese ajuste. La presión bajista resultante no responde a un problema intrínseco de la red, sino a tensiones externas, regulatorias y políticas, que terminan filtrándose en el precio.
2) La teoría de los ciclos: cuando la estadística incomodaMás allá de las noticias del momento y de los factores coyunturales, hay un marco analítico que reaparece una y otra vez al observar la historia de Bitcoin: la dinámica de ciclos prolongados de suba seguidos por un año de corrección profunda. En su versión más simplificada, esta lectura sostiene que BTC tiende a atravesar tres años mayormente alcistas y uno claramente bajista. Bajo ese prisma, el desempeño del año pasado resulta, como mínimo, llamativo. Fue apenas negativo, algo atípico para lo que, según el patrón histórico, debería haber sido el tramo más alcista del ciclo.Esa anomalía abre dos interpretaciones posibles.
La más conservadora sugiere que el ajuste todavía no se manifestó en toda su magnitud y que 2026 podría terminar siendo el verdadero año de depuración del ciclo actual. La más optimista, en cambio, plantea que ese comportamiento irregular podría estar señalando un quiebre de la estructura clásica de tres años de subas y uno de baja, dando lugar a un escenario distinto, más cercano a un ciclo extendido impulsado por la creciente adopción institucional y por un proceso de “mainstreamización” que Bitcoin no había tenido en etapas anteriores.
Esta segunda hipótesis es conceptualmente atractiva, pero hoy cuenta con un grado de certeza limitado y requiere evidencia adicional para ser validada.Si, en cambio, el esquema histórico de ciclos se mantuviera vigente, la corrección actual podría no haber concluido. En episodios anteriores, las caídas promedio desde los máximos oscilaron entre el 70 y el 80 por ciento desde el valor máximo alcanzado.
Trasladado a los precios recientes, ese rango ubicaría a Bitcoin en niveles cercanos a los 38.000–40.000 dólares. No se trata de una proyección ni de una predicción operativa, sino de una referencia estadística que incomoda porque entra en tensión directa con el optimismo narrativo dominante. La historia de BTC muestra que ignorar estos patrones no los invalida; apenas los vuelve más difíciles de digerir cuando finalmente se imponen.
ConclusiónLa baja de Bitcoin no responde a una contradicción simple del tipo “el contexto es positivo, entonces el precio debería subir”. Los mercados rara vez funcionan de ese modo. Entre tensiones estructurales con el sistema financiero tradicional y la posibilidad de estar transitando la fase incómoda de un ciclo más largo, BTC vuelve a poner de relieve que su proceso de adopción no es lineal ni está exento de fricciones. Entender estas dinámicas no garantiza acertar el piso ni anticipar el próximo movimiento, pero sí habilita algo más valioso: diferenciar el ruido coyuntural de las fuerzas de fondo que realmente moldean el mercado.
Desde estas columnas insistimos en un punto que suele pasarse por alto: el análisis no puede construirse solo sobre el eje del precio, sino sobre la combinación de precio y tiempo. Ignorar una de esas variables conduce a lecturas incompletas y, muchas veces, a decisiones erróneas, como le ocurre a la mayoría de los inversores cuando queda atrapada en la urgencia del corto plazo.
Al final del día, la pregunta relevante no es hasta dónde puede caer Bitcoin en este tramo ni si logrará volver a marcar un nuevo máximo histórico este año, sino qué tan profunda es su capacidad disruptiva sobre un sistema financiero que aún opera con reglas y estructuras diseñadas en las décadas de 1930 y 1940. Porque cuando el debate se reduce solo al precio, se pierde de vista lo esencial: las correcciones pasan, los ciclos se repiten, pero las transformaciones tecnológicas que logran alterar las bases de un sistema suelen avanzar en silencio, precisamente cuando el mercado deja de mirarlas.
La seguimos la semana próxima con más material de finanzas personales e inversiones.