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¿El fin del aburrimiento?

Andan diciendo que ya nadie se aburre. Que las redes sociales y las plataformas digitales no nos dejan tiempos vacíos; que scrolleamos sin parar en el celular y que eso está mal porque nos priva ...

¿El fin del aburrimiento?

Andan diciendo que ya nadie se aburre. Que las redes sociales y las plataformas digitales no nos dejan tiempos vacíos; que scrolleamos sin parar en el celular y que eso está mal porque nos priva ...

Andan diciendo que ya nadie se aburre. Que las redes sociales y las plataformas digitales no nos dejan tiempos vacíos; que scrolleamos sin parar en el celular y que eso está mal porque nos priva del ocio productivo, del dolce far niente que nos podría conducir a momentos de iluminación creativa.

No creo que ser adulto sea la mejor condición para comprobar esa teoría que últimamente circula en los medios y en las propias redes, porque las características de la vida moderna hacen que no tengamos tiempo para nada y menos aún para aburrirnos.

Pero sí es cierto que hay una frase que casi nunca les escuché decir a mis hijos: “Estoy aburrido”. Parte de la magia de la paternidad es que ellos nos recuerdan situaciones de nuestra propia historia. Nos descubrimos haciendo o diciendo las mismas cosas que hacían o decían nuestros viejos, aunque en esta cuestión no hay coincidencias. En nuestros hijos, el celular es el nexo entre todos los momentos del día; no quedan huecos sin ocupar.

En cambio, yo les decía a mis padres que estaba aburrido bastante a menudo. Y, con similar frecuencia, mi abuela intervenía en el asunto con una frase delirante que sabe Dios de dónde habría sacado: “Pues entonces arráncate los pelos de una pierna y pásatelos a la otra”. Dudo que fuera parte del repertorio de dichos y refranes españoles; parecía más bien un chiste casero con el toque ácido característico del humor gallego.

La opción era, muchas veces, ir al garage de casa a leer y releer la pila de diarios y revistas viejas que esperaban a ser vendidas a un personaje mítico de mi infancia, el “botellero”, que recorría las calles del barrio montado sobre un carro cochambroso tirado por un caballo. Entonces, por un largo rato desaparecían la ansiedad y el tedio, pero tampoco es que de esos momentos naciera ninguna genialidad.

La cosa se empezó a complicar entrada la adolescencia. Como cualquier padre sabe, los jóvenes no se entretienen tan fácilmente y, encima, a eso se suman la rebeldía y una autosuficiencia engañosa. Ahí sí, el aburrimiento pasa a ser “el” tema y su alcance es universal.

A 11.000 kilómetros de Buenos Aires, el grupo británico Buzzcocks, del que entonces no había escuchado ni una palabra, publicaba Boredom, uno de los hits de la revolución punk. “Acabo de venir de la nada y estoy volviendo directamente allí”, cantaban en el legendario 1977. De ahí en más, fueron muchos, como Los Violadores aquí o Cyndi Lauper en Estados Unidos, los que solo querían divertirse, escapar de la monotonía.

Investigadores de Harvard y de la Universidad de Virginia pidieron hace una década a un grupo de personas encerradas en una habitación que estuvieran sin hacer nada durante 15 minutos. El único pasatiempo posible era presionar un botón que provocaba un pequeño shock eléctrico. Sorpresa: casi la mitad lo apretó. Prefirieron “hacer algo”, aunque no fuera agradable, antes que dejarse llevar por sus pensamientos. Los investigadores concluyeron entonces que un smartphone es como llevar en el bolsillo un equivalente psicológico a ese botón. Un artefacto que puede neutralizar el aburrimiento en un instante y librarnos del divague mental, aunque no sea algo bueno.

¿Pero realmente cambió algo en todo este tiempo? Cuarenta años después de los Buzzcoks, en 2017, el rapero y productor musical Tyler, the Creator, advirtió que con el teléfono tampoco alcanza. “El celular no es divertido y espero que alguien lo sea; envíame un mensaje con planes que sean divertidos porque no he visto la salida de estos muros desde antes de esta mañana”, canta en una canción también llamada — no casualmente— Boredom.

El aburrimiento es un estado esencialmente humano y, por más que nos inquiete la omnipresencia del celular, todavía no se inventó el dispositivo que permita extirparlo. Afortunadamente.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/el-fin-del-aburrimiento-nid01072026/

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