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El hallazgo en un museo que pone en duda el colapso de la biodiversidad hace casi 500 millones de años

Un descubrimiento realizado en las profundidades de las colecciones del Instituto Smithsonian, en Washington D.C., generó un giro inesperado en la comprensión del periodo Cámbrico. Investigadore...

El hallazgo en un museo que pone en duda el colapso de la biodiversidad hace casi 500 millones de años

Un descubrimiento realizado en las profundidades de las colecciones del Instituto Smithsonian, en Washington D.C., generó un giro inesperado en la comprensión del periodo Cámbrico. Investigadore...

Un descubrimiento realizado en las profundidades de las colecciones del Instituto Smithsonian, en Washington D.C., generó un giro inesperado en la comprensión del periodo Cámbrico. Investigadores internacionales identificaron un nuevo artrópodo de 500 millones de años de antigüedad, bautizado como Magnicornaspis garwoodi, cuyo análisis sugiere que el denominado vacío Furongiense no sería, en realidad, un periodo de escasez biológica, sino el resultado de limitaciones en los métodos de búsqueda y clasificación de los especialistas.

Este fósil, recolectado originalmente en 1962 durante tareas de cartografía en las proximidades de Quebec, Canadá, permaneció décadas almacenado sin ser debidamente estudiado hasta que un equipo liderado por Russell Bicknell, de la Universidad Flinders (Australia), y Julien Kimmig, del Instituto de Tecnología de Karlsruhe (Alemania), decidió reexaminar el material. Según la investigación publicada recientemente en la revista BMC Biology, el Magnicornaspis garwoodi pertenece al linaje que daría origen a arañas y escorpiones actuales, destacándose por características anatómicas singulares como un escudo cefálico prominente y un cuerpo segmentado que lo posiciona dentro de los corcoránidos.

Durante mucho tiempo, la paleontología debatió las causas de una supuesta caída abrupta en la diversidad biológica entre hace 497 y 485 millones de años. Las teorías oscilaban entre cambios catastróficos en la química oceánica, enfriamientos climáticos severos o inestabilidades ambientales. Sin embargo, el estudio liderado por Bicknell y Kimmig plantea un cambio de paradigma. Bicknell, investigador beneficiario de una beca DECRA del Consejo Australiano de Investigación, afirmó: “Quizás no hemos estado examinando las rocas sedimentarias adecuadas ni los yacimientos fosilíferos apropiados para obtener una imagen clara de los organismos de cuerpo blando y artrópodos primitivos que habitaban el planeta en ese momento”.

Qué significa esto para la historia humana

El hallazgo en la Formación Rivière-du-Loup, una unidad geológica poco reconocida por su potencial fosilífero, demuestra que el Furongiense albergó ecosistemas mucho más complejos de lo que indicaban los registros previos. El Dr. Kimmig, quien encabeza el departamento de Paleontología y Evolución del Museo Estatal de Historia Natural de Karlsruhe, señaló: “El Furongiense puede que no represente un verdadero colapso de la biodiversidad, sino más bien una laguna en la investigación científica y en los tipos de rocas que se han estudiado”. Para el equipo, la clave reside en que los grandes hallazgos no siempre dependen de nuevas expediciones, sino de la aplicación de técnicas modernas sobre material ya existente en los archivos de los museos del siglo pasado.

El Magnicornaspis garwoodi, nombrado en honor al paleontólogo Russell Garwood, es una pieza clave para entender la transición hacia el periodo Ordovícico. Su preservación excepcional mediante procesos de fosfatización diagenética temprana permite trazar paralelismos con otros yacimientos del Cámbrico, como el famoso Burgess Shale. Los investigadores sostienen que el sesgo de muestreo operó en contra de una visión completa de la evolución.

“Revisitar estas colecciones con técnicas modernas puede reconfigurar radicalmente nuestra comprensión de los ecosistemas antiguos”, concluyó Kimmig al subrayar la importancia de las colecciones del Smithsonian. Este espécimen, además, desafía la noción de un mundo cámbrico tardío empobrecido, lo que sugiere que la vida se mantuvo diversa y ecológicamente sofisticada, con estrategias adaptativas que evolucionaron antes de lo que se creía anteriormente.

A medida que más especialistas vuelven a examinar depósitos en litofacies de aguas profundas, la brecha furongiense comienza a cerrarse, lo que revela que nuestra historia evolutiva estaba guardada en cajones a la espera de la tecnología adecuada para ser descifrada.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ciencia/el-hallazgo-en-un-museo-que-pone-en-duda-el-colapso-de-la-biodiversidad-hace-casi-500-millones-de-nid30052026/

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