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El lodge en plena selva y sobre el río que propone desconexión y mucha naturaleza

La idea es que nos internemos en la selva, en una de las penínsulas del límite norte de la provincia, sobre el serpenteante río Iguazú. Yacutinga Lodge está a 25 minutos de Comandante Andresit...

El lodge en plena selva y sobre el río que propone desconexión y mucha naturaleza

La idea es que nos internemos en la selva, en una de las penínsulas del límite norte de la provincia, sobre el serpenteante río Iguazú. Yacutinga Lodge está a 25 minutos de Comandante Andresit...

La idea es que nos internemos en la selva, en una de las penínsulas del límite norte de la provincia, sobre el serpenteante río Iguazú. Yacutinga Lodge está a 25 minutos de Comandante Andresito, en Misiones. Como parte de una propuesta integral, nos llevan en combi. Y, si hace falta, habrá camioneta 4x4 para la vuelta.

Del chubutense Carlos Sandoval, el hotel está dentro de una reserva de 570 hectáreas que compró en 1995 con su amigo y socio Miguel Killian. Dedicado a la “hotelería remota”, Charlie (así lo llaman todos) lo inauguró en enero de 2000, después de tres años de obra. “Quiero proteger la selva y darle un uso responsable, para formar un círculo virtuoso”, asegura y se define apasionado por la arquitectura orgánica. A algunos metros de la recepción y del restaurante del lodge, las 21 habitaciones están en la selva. De cemento y madera, en algunos sectores la luz se filtra por botellas de vidrio recicladas. Y lo lindo es que tienen una galería cubierta, con mosquitero, para disfrutar sin interrupciones de los sonidos de la selva.

“Cuando empecé a construir, Andresito era apenas un pueblito y tuvimos que instalarnos con campamentos porque aquí no había nada. Generé fuentes de trabajo, abrimos senderos e hicimos inventarios biológicos. Fue una cruzada”, comenta Charlie, orgulloso de lo logrado y con nuevos emprendimientos en la Patagonia.

Luego, agrega: “La selva misionera es una belleza con gran biodiversidad. Para quien sabe leerla, es un libro abierto de sabiduría natural con detalles espectaculares. Tiene un equilibrio muy frágil. Por todo eso me enamoré de esta porción de selva que era casi inhóspita. Este lugar me regaló momentos mágicos, sobre todo entre mayo y junio, cuando cerramos por mantenimiento y me he quedado hasta veinte días solo. En una de esas, cuando atravesaba en auto la RN 101 para ir a Iguazú, tuve la suerte de cruzarme cuatro yaguaretés, una hembra con dos juveniles. La estaban buscando y olfateando, entonces a lo lejos vi el macho dominante que venía rápido. Frené y quedaron a apenas diez metros de donde yo estaba. Todo duró segundos, porque se metieron en el monte de nuevo… Tampoco me olvido la vez que –muy enamorado de María, mi actual esposa–, me sentía tan feliz que salí a remar por el riacho San Francisco y de pronto, cuando estábamos en el río Iguazú, me tiré al agua y bajé nadando y flotando hasta el puerto con la corriente mientras un águila negra volaba cerca”.

Inspirados por el entusiasmo de Charlie, por la mañana del día siguiente caminamos 500 metros hasta un muelle, donde nos subimos a kayaks y bajamos con la corriente por el arroyo San Francisco, que desemboca en el Iguazú. Una tormenta se nos viene de frente cuando Diego Armando Pelinski, el guía histórico del lugar, nos insta a remar más rápido y a no alejarnos de la costa. Un martín pescador mediano nos marca el camino. Después de dos kilómetros de remada, llego al puerto empapada por la lluvia, pero feliz por la aventura. Caminamos cuatro kilómetros más, con menos lluvia, pero con el mismo entusiasmo. La tierra luce más colorada que nunca.

Arnold Sánchez, el guía que habla inglés y lidera el grupo para los extranjeros (una familia de Suiza y otra de Holanda), nos señala muchos de los mismos árboles que ya vimos entre el hotel Overo y el Parque Nacional. Se suma una Araucaria angustifolia. De pronto, una tacuara nos impide el paso y Diego Armando abre camino a machetazos. Cuando el monte se hace más alto y tupido, asegura que estamos en un sector de “selva de primera”, es decir, que nunca fue talada. Junto a un alecrín dice que, si nos perdemos en la selva, tenemos que saber que los troncos con musgo nos marcan para qué lado está el sur. Escuchamos un bailarín azul, vemos un tucán arasarí y varios monos, caí y carayá.

Por la noche, después de comer un muy buen pastel de mandioca, salimos a caminar –a sentir– la selva de noche. Nos entretenemos con los ojos de las arañas, que brillan cuando la linterna les da de frente. Escuchamos aves e insectos que no habíamos escuchado antes. Olemos árboles y flores que no habíamos olido. Nos reunimos alrededor de un fogón, cual ceremonia, para tomar mate cocido quemado. Y cuando se desata una última tormenta, feroz, con rayos y centellas, yo ya estoy metida en la cama. La escucho sobre el techo de chapa y siento toda la potencia de esta selva. Mañana, seguro, de acá salimos en 4x4.

Datos útiles

Yacutinga Lodge. Reciben en plena selva con muy buenos guías y con comida casera. Desde u$s 210 para dos noches por persona en habitación doble con pensión completa. Las actividades se abonan aparte: salida en kayak, u$s 35; caminata por la selva u$s 25; caminata nocturna u$s 20; ceremonia del mate, u$s 30, alquiler de bicis; por 3 horas u$s 7. Traslado desde Puerto Iguazú, u$s 80. Lote 7 A, zona de Alto Iguazú, Comandante Andresito. T: (2945) 64-5376. IG: @yacutingalodge

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-lugares/el-lodge-en-plena-selva-y-sobre-el-rio-que-propone-desconexion-y-mucha-naturaleza-nid09092026/

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