El monje budista que impulsa el snowboard en Corea del Sur y hoy celebra tres medallas olímpicas
Mientras Corea del Sur celebra su mejor actuación histórica en snowboard en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, un nombre ajeno a las pistas concentra la atención internacional....
Mientras Corea del Sur celebra su mejor actuación histórica en snowboard en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, un nombre ajeno a las pistas concentra la atención internacional. El venerable Hosan, líder espiritual del Templo Bongsunsa, es señalado como el impulsor silencioso de un deporte que durante décadas careció de apoyo en su país y que hoy exhibe tres medallas olímpicas entre sus discípulos.
Tres de los representantes surcoreanos que subieron al podio en Livigno se formaron en la Dharma Snowboard Competition, el certamen juvenil que el monje creó hace más de dos décadas. Entre ellos sobresale la adolescente Choi Ga-on, de 17 años, que conquistó el primer oro olímpico de la historia de Corea del Sur en snowboard al imponerse en el halfpipe, incluso por delante de la estrella estadounidense Chloe Kim. También obtuvieron medallas Kim Sang-kyum, de 37 años, y Yu Seung-eun, de 18 años, ambos subcampeones en sus respectivas especialidades.
Desde el templo confirmaron a la agencia AFP que los tres medallistas integran la camada conocida como “Dharma Kids”, jóvenes que crecieron en torno de la competencia fundada por Hosan. Lee Kyung-min, uno de los responsables del Templo Bongsunsa, describió el estado de ánimo del religioso: “El venerable Hosan está obviamente en una nube. Está rezando por estos deportistas”. No obstante, aclaró que el monje también expresa cierta incomodidad ante el foco exclusivo sobre los ganadores. “Le incomoda un poco que solo los ganadores de medallas sean protagonistas y no todos los deportistas que están compitiendo”, señaló.
Hosan declinó formular declaraciones a la agencia internacional, con el argumento de que mantiene una agenda cargada de tareas y oraciones. Su figura, sin embargo, trasciende el silencio. Supera los 60 años y mantiene una relación personal con la tabla desde mediados de la década del 90. En 1995, un centro de esquí lo invitó a rezar por la seguridad del predio. Ese contacto derivó en un diálogo con jóvenes riders que le transmitieron qué significaba para ellos el snowboard.
Según relataron desde su entorno, aquellos practicantes le explicaron que la disciplina les ofrecía una sensación de libertad mayor que el esquí, tanto en la nieve como en el aire. Hosan interpretó esa experiencia como una manifestación acorde con los ideales budistas. A partir de esa convicción, consolidó un compromiso que combinó espiritualidad y deporte.
Cuando tomó conocimiento de que muchos adolescentes enfrentaban dificultades para financiar sus entrenamientos, e incluso debían asumir empleos de medio tiempo para sostener su carrera, el monje diseñó una competencia que otorgaba premios económicos. La iniciativa contó con el respaldo de otros miembros de la comunidad budista, que colaboraron para garantizar su continuidad.
El snowboard atravesó durante años problemas de popularidad en Corea del Sur, donde otras disciplinas invernales concentraban mayor respaldo institucional. La Dharma Snowboard Competition, sin embargo, se transformó con el tiempo en una plataforma clave para aspirantes a integrar el seleccionado nacional. Lee Sang-ho, quien obtuvo la primera medalla olímpica surcoreana en este deporte en Pyeongchang 2018, también participó en ese certamen.
“Para la comunidad budista resulta muy emotivo comprobar cómo gente que vimos de niños se convierte en miembro del equipo nacional e incluso gana medallas olímpicas”, afirmó Lee Kyung-min. En esa línea, agregó: “Es muy significativo que nuestra fe haya ayudado a jóvenes a alcanzar unos sueños que pueden ser difíciles de cumplir en esta sociedad”.
Kim Sang-kyum y Yu Seung-eun suelen visitar el templo cuando interrumpen sus entrenamientos. Allí participan en prácticas como la meditación y las 108 postraciones, un ritual que implica reverencias completas reiteradas. El vínculo excede lo deportivo y refuerza una identidad compartida.
“Hay un dicho budista que dice que el loto florece en el barro”, expresó Lee. Y completó: “Un deporte que antes se sentía como poco popular y desatendido, parece ahora un loto que acaba de florecer”. En Milán-Cortina, ese florecimiento adoptó forma de medallas y colocó al venerable Hosan en el centro de una celebración que trasciende la competencia.
Agencia AFP