El presunto plan secreto de la CIA para incitar una rebelión de las minorías étnicas en Irán
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BARCELONA.– Una vez entrados ya en el quinto día de guerra entre Irán y Estados Unidos e Israel no parece que el objetivo de Donald Trump de forzar una capitulación de Teherán sea factible a corto plazo, por lo que podría estar incitando una rebelión armada por parte de las minorías étnicas del país.
La república islámica no solo ha tenido éxito con sus ataques en generar el caos en toda la región, provocando una alza sustancial del gas y el petróleo, sino que varias informaciones apuntan a que su élite optará por elegir al ultraconservador Mojtaba Khamenei, el hijo de Ali Khamenei, el Guía Supremo asesinado, como nuevo líder del país.
Ante esta situación de bloqueo, la CNN informaba el miércoles que Washington estaría planeando armar a través de la CIA a facciones kurdas iraníes para que lanzaran una ofensiva desde sus posiciones en Irak. La finalidad de este plan sería intentar controlar una franja de territorio, provocar una movilización de las tropas iraníes en la frontera noroeste del país, dificultando la represión de las movilizaciones populares de la oposición en las ciudades de todo el país.
Según fuentes del gobierno regional kurdo en Iraq citadas por la cadena estadounidense, el apoyo de la CIA a las milicias kurdas iraníes se habría iniciado hace ya meses. La CNN incluso apunta que el presidente Trump habría mantenido una conversación telefónica con el presidente del Partido Democrático del Kurdistán Iraní (PDKI), Mustafa Hijri, uno de los principales movimientos políticos kurdos de oposición al régimen de los ayatollahs.
Durante las últimas horas, Hijri ha hecho un llamado a través de las redes sociales a la deserción de las fuerzas de seguridad iraníes. “Insto a todos los soldados y a todo el personal con conciencia y deseo de libertad en Irán -especialmente en el Kurdistán- a abandonar las casernas del ICRG y las fuerzas armadas del régimen. Deben abandonar sus tareas y volver con sus familias”, reza un comunicado suyo.
Diversos analistas han dado credibilidad a estas informaciones en base al hecho de que no parece casual que los bombardeos israelo-estadounidenses se han ensañado con las posiciones de los Guardianes de la Revolución, la guardia pretoriana del régimen, en la región fronteriza con Irak.
Asimismo, las tropas iraníes también han lanzado ataques de artillería y con drones contras las bases de las milicias kurdas en la región autónoma kurda de Irak ante la expectativa de que estos grupos puedan lanzar una ofensiva militar durante los próximos días.
El rumor de que Estados Unidos e Israel están incitando una rebelión en las regiones habitadas por minorías étnicas, sobre todo la kurda y la baluchi, es un viejo rumor en los medios de Medio Oriente, incluido en los iraníes.
En ambas regiones, el Kurdistán y el Baluchistán, existen grupos armados que luchan por lograr la independencia de estas dos naciones sin Estado. Sin embargo, hasta ahora no han sido capaces de hacerse con el control de una franja de territorio y convertirse en potentes movimientos insurgentes, algo que podría cambiar con un mayor apoyo de Washington y Tel Aviv, sobre todo en forma de armamento.
Como sucede con otros países de la región, Irán es un país muy diverso a nivel cultural y religioso. Si bien existe una identidad persa y chiita mayoritaria, esta no supera el 60%. La principal minoría del país es la azerí, es decir, la etnia mayoritaria en Azerbaiyán, que representa alrededor del 20% de la población iraní. De lengua turcófona y religión chií, se considera que es la mejor integrada en Irán desde hace siglos.
De hecho, el propio Alí Khamenei era de origen azerí, así como también lo es el presidente del país, Masud Pezeskhian. Desde hace años, existe un movimiento que defiende unos mayores derechos lingüísticos para las azeríes.
En cambio, la minoría más alienada del poder en Teherán es la baluchi. De confesión sunnita, el pueblo baluchi, formado por cerca de 20 millones de personas, está dividido por la frontera de tres Estados: Irán, Afganistán y Pakistán. Ahora bien, en Irán viven tan solo unos dos millones de baluchis en la región del sureste, lo que dificulta que sus movimientos nacionalistas puedan representar una seria amenaza para el gobierno central de un país de más de 90 millones de personas.
Los kurdos han sido históricamente un mayor dolor de cabeza para Teherán por su activismo político. Algunas estimaciones sitúan la población kurda en cerca del 10% de la población iraní, y se concentra sobre todo en la zona montañosa del norte del país. Durante la historia contemporánea de Irán, ha habido diversas revueltas kurdas en defensa del autogobierno de la región y existen diversos partidos que cuentan con sus propias milicias basadas en la región autónoma kurda de Iraq.
De hecho, tras la Segunda Guerra Mundial llegó a existir durante varios meses una entidad independiente kurda en el norte de Irán, conocida como la República de Mahabad, apoyada por la URSS.
Uno de los factores que ha debilitado el movimiento independentista kurdo en Irán es su faccionalismo entre los diversos clanes y partidos. No obstante, con el objetivo de superar esta desventaja, varios partidos constituyeron a principios de este año la Coalición de Fuerzas Políticas del Kurdistán Israní al rebufo de las potentes protestas antigubernamentales en Irán.
En los protestas de los últimos años, se ha percibido una mayor agitación no solo en las zonas kurdas, sino también en las habitadas por otras minorías.
El mosaico étnico iraní se completa, entre otros, con las minorías árabe, armenia, turcomana o lura, pero ninguna de ellas representa más de un 3% de la población y no han contado con un potente movimiento secesionista.
De todas ellas, la minoría árabe es quizás la más inquieta. También existe una comunidad judía en Irán formada por unas 20.000 personas. Si bien cuenta con una cuota de un diputado en el Parlamento iraní, la mayoría de sus miembros huyeron del país hace décadas tras la Revolución Islámica.