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El proyecto de US$100 millones con terrazas verdes al mar en el que Viñoly logró que ningún vecino se cruce

“Es sin duda uno de los edificios más innovadores y sustentables del planeta”, declara Román Viñoly, hijo y sucesor del reconocido arquitecto uruguayo Rafael Viñoly. Se refiere al último p...

El proyecto de US$100 millones con terrazas verdes al mar en el que Viñoly logró que ningún vecino se cruce

“Es sin duda uno de los edificios más innovadores y sustentables del planeta”, declara Román Viñoly, hijo y sucesor del reconocido arquitecto uruguayo Rafael Viñoly. Se refiere al último p...

“Es sin duda uno de los edificios más innovadores y sustentables del planeta”, declara Román Viñoly, hijo y sucesor del reconocido arquitecto uruguayo Rafael Viñoly. Se refiere al último proyecto que ideó con su padre en vida: Médano by Viñoly, un emprendimiento residencial en el que se invertirán US$100 millones.

La obra empezó en agosto del año pasado en Canelones, cerca de la ciudad de Montevideo, a 14 minutos de Carrasco por la Rambla Costanera. “Fue la última creación de mi padre y de cierta manera resume lo que aprendió en sus 60 años practicando arquitectura”, observa.

Definieron el proyecto juntos durante los dos años previos a la muerte repentina su padre. “Es un legado muy importante”, reconoce Román con emoción. “Pero me entusiasma mucho llevarlo”.

Arrancaron a pensarlo en septiembre del 2021, junto al arquitecto Sebastián Goldberg, Managing Director del Estudio Viñoly en Montevideo y socio de Román en Integrated Developments, la empresa desarrolladora que lo está ejecutando. Lo idearon de cero 26 veces y en cada uno de esos proyectos hubo entre seis y diez versiones. “Fueron casi 200 proyectos”, cuantifica el empresario.

Las habilitaciones del terreno admitían torres de hasta 15 pisos de altura pero optaron por un edificio de solo cinco pisos emplazados en un terreno con más de 500 metros de frente.

“Buscamos que sea invisible desde la playa, y del menor impacto a los vecinos y al medioambiente”, relata Román. “Papá siempre quiso proyectar un “landscaper,” en lugar de un skyscaper”, agrega. “El terreno se destaca por ser el único en todo “gran Montevideo” que no está separado de la playa y el mar por una calle o por la rambla.”

Viñoly cuenta que el proceso con la agencia medioambiental del Uruguay, Dinacea, fue muy colaborativo y enriquecedor para el proyecto. “Con las características naturales extraordinarias que tiene este terreno, construir torres hubiera sido un atropello a la razón”, insiste.

Entre las estrategias sostenibles del proyecto está la creación de una laguna de casi dos hectáreas que duplica la capacidad del terreno para absorber los caudales de lluvias extraordinarias que erosionan la playa. “Y de paso,” agrega Román, “le dimos un segundo frente al edificio y logramos que todas las residencias gocen de vistas privilegiadas”.

El emprendimiento tendrá 116 departamentos de entre 80 y 330 metros cuadrados con tickets en pozo que hoy arrancan en los U$360.000 y superan U$2.500.000. “También hay doce penthouses de 530 metros cuadrados con precios de más de US$3,5 millones y dos súper penthouses con valores bastante más altos”, aclara Viñoly que, a menos de tres años de la entrega, le queda menos de la mitad de la superficie por vender.

A la hora de justificar por qué cree que es uno de los edificios más innovadores del mundo comparte algunas singularidades: no tendrá lobby y el diseño logrará que ningún vecino se cruce con otro si no lo desean; la mayoría de los habitantes entrarán a sus casas por sus estacionamientos y garajes privados como lo hace quien vive en una casa. Esto es posible porque el edificio adopta una circulación vehicular – parecida a la de un aeropuerto – que brinda acceso directo a todas las residencias. Además, los balcones con jardines al cielo están planteados en forma escalonada, lo que generará que ningún departamento esté arriba de otro. “Nadie escuchará los pasos de los vecinos”, sintetiza Viñoly, y asegura que cada uno de estos detalles invita a una forma de habitar similar a la de una casa, pero sin las desventajas de mantenimiento, problemas de seguridad, falta de servicios, amenities, etc.

Por otra parte, todos los departamentos poseen ventilación cruzada y los ambientes tendrán ventanales de 2,90 metros de piso a cielorraso que funcionarán como “paredes corredizas” que permitirán abrir los ambientes al exterior generando una integración indoor-outdoor. “Lo que implica que un living de 8 metros de largo puede tener una apertura de 4 metros hacia un jardín de 50 m². Además, habrá más de 1.200 m² destinados a amenities y una piscina exterior climatizada de 165 metros de largo - casi dos cuadras“, explica.

“La privacidad y el sentido de independencia de cada hogar se atiende no solo por el acceso y la circulación, sino también por el hecho de que cada unidad tiene un enorme jardín abierto al cielo en los que los propietarios podrán plantar huertas, árboles, etc.”, relata Román.

El emprendimiento también tendrá el techo verde más grande de Latinoamérica: 11.800 m², y una planta fotovoltaica de 5.500 m² que abastecerá más del 75% del consumo energético de todo el edificio y de las unidades particulares.

“La piscina climatizada sirve para intercambiar cargas térmicas y funciona como fuente de calor y de frío dependiendo de la temporada”, agrega Viñoly y sintetiza que el impacto ambiental de la obra es casi nula, porque la manera en que está construido secuestrará casi tanto carbono como lo que emite.

El hecho de ser construido mayormente en “mass timber”, con elementos estructurales prefabricados de madera maciza, no solo permite secuestrar carbono, también habilita un cronograma de obra acelerado que apunta a entregar sus 55.000 m² en el 2028.

Se trata de una materia prima uruguaya procedente de los bosques de pinos de Tacuarambó en el norte del país. Luego esa madera es sometida a procesos de ingeniería local donde se generan estructuras prefabricadas de diversas escalas que después se envían a la obra. “Si no fuera por este sistema constructivo, la construcción duraría más de cuatro años”, relata Viñoly y asegura que no “hay antecedentes en cuanto a su morfología y su esquema arquitectónico”.

Una visión diferente

Viñoly tiene una forma distinta de pensar los desarrollos. Reconoce que en general se piensan con un horizonte de inversión de cinco, seis y siete años y se ignora su escala y el tiempo que perduran. “No solo impactan en la gente que los usa sino también en el bienestar de las personas de las comunidades en las que se construyen”, afirma.

Recuerda que cuando proyectaron y desarrollaron su primer emprendimiento, el Edificio Plaza Alemania, una torre de oficinas en Montevideo, decidieron también administrarlo. “Es una manera de asegurarnos que una vez terminado no va a decaerse. Todo lo contrario, mejorará”, afirma el emprendedor quien entiende que de nada sirve “ahorrar en costos” sin una mirada de largo plazo.

Explica que cuando idearon esa torre decidieron sumar una doble escalera de incendio presurizada sin que se exigiera. “Queríamos hacer algo que perdure en el tiempo y que vaya mejorando con el tiempo. Sabíamos que en algún momento el código de Montevideo se alinearía con el internacional y la exigiría”. En otras palabras, prefieren asumir una mayor carga de inversión por qué a la larga, genera más valor. Sin ir más lejos, el proyecto que se construye en Canelones asume un costo adicional de US$8 millones por las estrategias sostenibles que se están implementando.

“Creemos que construir cambia vidas para bien o para mal. Entendemos que esa dinámica pone mucha responsabilidad en todos los que están involucrados en la creación de espacios físicos que condicionan las vidas no solo de la gente a quien un proyecto está apuntado, si no también a toda la gente que tendrá que convivir con lo que hacemos por mucho más tiempo del que nosotros estaremos en la tierra. Por eso buscamos trascender con nuestros proyectos para marcar un camino hacia algo mejor”, sintetiza Viñoly.

De tal palo tal astilla

Para Román Viñoly, Médano no es solo un desarrollo inmobiliario ni un hito profesional: es también una conversación prolongada con su padre. “Yo trabajé con él durante muchos años, pero en los últimos tiempos nuestra relación se volvió especialmente intensa. Ya no era solo aprendizaje: era un diálogo entre pares”, recuerda.

Rafael Viñoly murió de manera repentina, cuando el proyecto estaba todavía en pleno proceso de definición. Durante los dos años previos habían trabajado codo a codo, revisando ideas, descartando soluciones, volviendo a empezar una y otra vez. “Papá tenía una energía inagotable. A los 78 años seguía cuestionándolo todo, con una curiosidad y una exigencia impresionantes”, dice Román. “Médano concentra muchas de las obsesiones que fue afinando durante décadas.”

Más allá de la arquitectura, Román destaca una enseñanza más profunda: la ética del oficio. “Siempre me insistió en que los edificios no son objetos aislados, sino partes de una vida más larga que la nuestra. Que hay que pensar en el impacto real, humano, cotidiano.” Esa forma de mirar el mundo fue tan importante como cualquier decisión de diseño.

Continuar con el proyecto después de su muerte fue emocionalmente desafiante, pero también clarificador. “Sentí una responsabilidad enorme, pero no como una carga. Más bien como una continuidad natural. No se trataba de ‘terminar lo que él dejó’, sino de seguir pensando con él, incluso en su ausencia.”

Hoy, Román habla de Médano como una síntesis: de una relación personal, de una manera de trabajar y de una visión compartida sobre cómo la arquitectura puede —y debe— mejorar la vida de las personas. “Es un legado, sí. Pero también, y lo que es más importante, es un punto de partida.”

El proyecto, en fotos

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/propiedades/el-proyecto-de-us100-millones-con-terrazas-verdes-al-mar-en-el-que-vinoly-logro-que-ningun-vecino-se-nid05022026/

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