El secreto de vestirse para sobrevivir
NUEVA YORK.– La hija adolescente de esta cronista viajó a Uruguay de vacaciones apenas terminó un examen de varias horas en el colegio. Se subió al avión tal como estaba vestida: pantalón gr...
NUEVA YORK.– La hija adolescente de esta cronista viajó a Uruguay de vacaciones apenas terminó un examen de varias horas en el colegio. Se subió al avión tal como estaba vestida: pantalón gris de jogging, buzo gris, campera gris. “Si vas a rendir con cualquier otra cosa sos considerada una tryhard”, explicó, ante la mirada materna llena de espanto.
Tryhard, aprendió entonces esta cronista, es alguien que pone demasiado esfuerzo en vestirse y, por lo tanto —horror de los horrores— no es cool. El dato no es menor si se tiene en cuenta la frecuencia con la cual la escuela a la que va —típica neoyorquina, ultra progre, ultra competitiva— realiza este tipo de evaluaciones.
Tryhard, aprendió entonces esta cronista, es alguien que pone demasiado esfuerzo en vestirse y, por lo tanto —horror de los horrores— no es cool
Es cierto que Karl Lagerfeld dejó una de sus frases más célebres sobre el famoso pantalón de algodón sin forma: “Es una señal de derrota; perdiste el control de tu vida, por eso te compraste un jogging”. Pero en este caso la sentencia, aplicada a alguien tan contentita y ambiciosa, parecía no correr. Dando por perdido el frente escolar, esta cronista apeló a un último recurso: el pedido del secretario de Transporte de Estados Unidos, Sean Duffy, al público general. ¿Si la máxima autoridad de la aviación civil pedía vestirse mejor para volar, quizá habría una mínima reconsideración antes del check-in?
A fines del año pasado, Duffy lanzó una campaña de civility para devolverle “cortesía y clase” a los viajes aéreos. El diagnóstico es contundente: desde 2019, los estallidos de furia a bordo se multiplicaron por cinco, con un pico durante la pandemia, según datos de la Administración Federal de Aviación. La hipótesis oficial es sencilla: si más pasajeros optaran por jeans y una camisa decente, los ánimos se calmarían. “Intentemos no venir al aeropuerto en pantuflas o pijama”, dijo Duffy en Newark, en noviembre. “Cualquiera que haya pasado tiempo a 30.000 pies de altura podría pensar que el secretario eligió una batalla imposible”, sentenció The Wall Street Journal.
Buena parte de las personas consultadas por el matutino de negocios señalaron a un jogging limpio como vestimenta ejemplar para un vuelo
Los aviones están más llenos que nunca, las demoras largas son cuatro veces más frecuentes que en 1990 y los controles de seguridad posteriores al 11 de septiembre hicieron el viaje más seguro, sí, pero infinitamente más tedioso. En ese contexto floreció el air rage. Durante la pandemia, los reportes de pasajeros indisciplinados se sextuplicaron entre 2020 y 2021. El gobierno probó con multas más duras, pero no alcanzó. De ahí el giro hacia la vestimenta como posible solución moral.
Pocos compraron la idea. Valerie Steele, directora del Fashion Institute of Technology, lo dijo sin rodeos al Journal: los pasajeros se visten para “resistir los horrores” que los esperan en el aeropuerto —demoras eternas, noches durmiendo en el piso—. “Volar hoy es una experiencia tan desagradable que culpar al pasajero resulta casi ofensivo”, resumió. No habría que sorprenderse, agregó, si el público ignora la campaña.
Y aquí llega el giro final. En su gran artículo dedicado al tema, buena parte de las personas consultadas por el matutino de negocios señalaron a un jogging limpio como vestimenta ejemplar para un vuelo. Si se cree en la prensa —hasta la conservadora, emblemática de Wall Street—, la hija de esta cronista estaba, técnicamente, impecable.
Más aún: ya de regreso en la Gran Manzana, un grupo de preadolescentes se le acercó y, entre risitas tímidas, le confesó cuánto admiraban su conjunto. El buzo, al parecer, era claramente vintage; el pantalón amplio, de una marca precisa (o quizá al revés), lo mismo que la campera. Todo algodón gris para el ojo no entrenado, pero profundamente aspiracional para generaciones más nuevas. “Y es sabido que las tweens son el público más difícil”, concluyó, triunfal, la carne de la propia carne.
Lagerfeld, después de todo, también dijo que “no hay que vestirse para matar, sino para sobrevivir”. En la era del aeropuerto como prueba de resistencia, quizá entonces esa sea la cita del quien fuera el gran diseñador de Chanel que más valga la pena recordar.