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El valor de la universidad pública: entre la respuesta social y la economía del conocimiento

En el lapso de apenas dos días, nuestra Facultad de Ciencias Económicas de la UBA fue escenario de dos experiencias muy distintas que, en conjunto, reflejan con claridad la amplitud y la relevanc...

El valor de la universidad pública: entre la respuesta social y la economía del conocimiento

En el lapso de apenas dos días, nuestra Facultad de Ciencias Económicas de la UBA fue escenario de dos experiencias muy distintas que, en conjunto, reflejan con claridad la amplitud y la relevanc...

En el lapso de apenas dos días, nuestra Facultad de Ciencias Económicas de la UBA fue escenario de dos experiencias muy distintas que, en conjunto, reflejan con claridad la amplitud y la relevancia del rol que hoy cumple la universidad pública en la Argentina.

El 15 de abril, en el marco de una jornada abierta de la Universidad de Buenos Aires, la Facultad se transformó en un espacio de servicio a la comunidad. Miles de personas se acercaron para acceder a prestaciones concretas: atención odontológica, entrega de anteojos, asistencia veterinaria y varios servicios brindados por todas las unidades académicas. La universidad, en ese contexto, dejó de ser un ámbito de formación o investigación para convertirse en una institución de proximidad social, capaz de responder de manera inmediata a necesidades básicas. Así entendemos la extensión universitaria.

Al día siguiente, Econ Tech —las Jornadas de Tecnología organizadas por nuestro Centro de Desarrollo Empresario— reunió a algunas de las empresas más importantes del país, que se acercaron a la Facultad no en busca de asistencia sino de talento. Allí, la Facultad de Ciencias Económicas operó como plataforma de innovación y nodo de articulación con el sector productivo, exhibiendo la capacidad de sus estudiantes, graduados y profesores para integrarse a las dinámicas más avanzadas del cambio tecnológico. El cierre estuvo a cargo de Ariel Szarfztejn, graduado de nuestra casa y CEO de Mercado Libre, quien destacó esa dimensión: la universidad como cantera de capital humano en la economía del conocimiento.

Leídas en conjunto, ambas experiencias no son contradictorias sino profundamente reveladoras. Expresan la coexistencia de dos funciones que definen a la universidad pública contemporánea: por un lado, su papel como herramienta de inclusión y respuesta social; por otro, su rol como formadora de capacidades avanzadas e inserta en las fronteras de la innovación.

La aceleración tecnológica, la digitalización del conocimiento y, más recientemente, el impacto de la inteligencia artificial han alterado las condiciones de base sobre las que se construyó la universidad moderna. El conocimiento ya no es escaso ni está confinado a las instituciones; circula, se actualiza y se vuelve obsoleto a una velocidad que desafía los formatos tradicionales de enseñanza.

En ese nuevo escenario, la universidad enfrenta un enorme desafío: sigue organizada como si el conocimiento fuera estable y acumulativo, en un mundo donde es dinámico y, en muchos casos, efímero.

Esta tensión se expresa en la duración de las carreras, que muchas veces no dialoga con la velocidad del cambio tecnológico. Se manifiesta en los sistemas de evaluación, desafiados por herramientas que alteran las formas de producir conocimiento. Se percibe en el rol del profesor, que debe dejar de ser un transmisor privilegiado de información para convertirse —cada vez más— en un orientador en un ecosistema de saberes distribuidos.

La jornada del 15 de abril muestra una universidad que responde a demandas sociales urgentes, que llena vacíos que otras instituciones no logran cubrir, y que se acerca a la comunidad con soluciones concretas. Esa función es esencial, especialmente en un país con altos niveles de desigualdad y con un Estado que no siempre logra garantizar prestaciones básicas de manera homogénea.

Sin embargo, esa misma universidad debe, al mismo tiempo, formar profesionales capaces de insertarse en una economía cada vez más exigente, más global y más tecnológica. La jornada del 16 de abril refleja esa otra cara: la universidad como espacio de generación de talento, como socio estratégico del sector productivo y como actor clave en la construcción de una economía basada en el conocimiento.

El desafío no es elegir entre una u otra función si no sostener ambas. La clave, entonces, no está en resolver la tensión, sino en gestionarla. Eso implica repensar formatos, tiempos y prioridades. Implica aceptar que el modelo académico tradicional —basado en trayectorias largas, contenidos relativamente estables y estructuras rígidas— necesita ser revisado. Implica también reconocer que la universidad no es el único actor en la producción y circulación del conocimiento, y que su valor diferencial debe construirse en diálogo con otros. Pero, sobre todo, implica asumir que estamos ante un cambio estructural de paradigma y no frente a una coyuntura pasajera.

Los dos días que vivimos en la Facultad de Cs Económicas muestran una Universidad de Buenos Aires que sigue siendo, al mismo tiempo, un espacio de inclusión social y un motor de desarrollo económico, aportando ideas, innovación y talento. Esa combinación —tan exigente como necesaria— es, probablemente, una de las mayores fortalezas de la universidad pública argentina. Sostenerla y ponerla en valor no es solo una responsabilidad institucional: es una condición para que la universidad siga siendo, como lo ha sido históricamente, un actor central en el desarrollo del país.

Profesor titular de Contabilidad Gubernamental de la Facultad de Cs. Económicas de la UBA

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/el-valor-de-la-universidad-publica-entre-la-respuesta-social-y-la-economia-del-conocimiento-nid04052026/

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