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Elige tu propia aventura literaria

Infinitas son las razones a la hora de elegir un libro. Hay quienes se guían por una tapa atractiva, por un título cautivante o por una contratapa que despierta interés. Otros prefieren dedicars...

Elige tu propia aventura literaria

Infinitas son las razones a la hora de elegir un libro. Hay quienes se guían por una tapa atractiva, por un título cautivante o por una contratapa que despierta interés. Otros prefieren dedicars...

Infinitas son las razones a la hora de elegir un libro. Hay quienes se guían por una tapa atractiva, por un título cautivante o por una contratapa que despierta interés. Otros prefieren dedicarse a autores consagrados, a leer solo clásicos o recomendaciones de críticos literarios. Las reseñas en las redes sociales cobran cada vez más adeptos, porque la franja etaria de “recomendadores” ya es lo suficientemente amplia como para que cada quien encuentre y adopte a su asesor de confianza. Existen lectores que prefieren seguir consejos de amigos y conocidos. Y también están aquellos que son más arriesgados en sus elecciones: se dedican a explorar textos y escritores por completo ignotos.

En mi caso, disfruto mucho de que un libro me vaya llevando a otro. Así, mi derrotero literario muchas veces se convierte en aventuras cuasi detectivescas cuando por azar me encuentro con pistas que creo que me pueden conducir a revelar lo que para mí son misterios o a resolver enigmas irresueltos que pueden llegar a reverberar en mi mente durante años. Debo admitir que, para bien o para mal, adolezco de una vehemencia rayana en la tozudez a la que no puedo, ni intento ya, rehuirle. Soy capaz de obsesionarme con un texto hasta el punto de hacer las piruetas más inverosímiles con tal de encontrarlo y lograr que sea mío.

El verano pasado me interné en la lectura de El verano de Cervantes, de Antonio Muñoz Molina. Siendo el Quijote una de mis mayores pasiones literarias, me aboqué con fruición a la atrapante escritura de Muñoz Molina, quien ha llegado a esa exquisita exégesis después de haber leído infinitas veces el texto de Cervantes. De la inconmensurable información que derrama a mí se me clavó el aguijón de la intriga cuando menciona que existe una versión femenina del Quijote, que precisamente se llama La Quijote femenina, o las aventuras de Arabella, escrito por Charlotte Lennox y publicado por primera vez en 1752. Ante semejante hallazgo, no me resistí a la compulsión de revelar el misterio de un texto del que jamás había oído siquiera hablar. Al no encontrarlo en español, lo descargué en versión digital en inglés, porque la ansiedad no me permitió esperar los diecinueve días que debían transcurrir hasta que llegara a mis manos el libro físico importado. De inmediato, me zambullí en los infortunios amorosos de lady Arabella, tierna jovenzuela que de tanto leer novelas románticas francesas cree que son históricamente precisas y espera que su vida sentimental sea igualmente aventurera, al mejor estilo del hidalgo de la Mancha. Eterno agradecimiento a Muñoz Molina por haberme dado la pista que me hizo descubrir y deleitarme con semejante joya literaria.

En lo que a enigmas irresueltos respecta, el que más tiempo me ha demandado fue el que se inició en 2019. Ese año cayó en mis manos para hacer un informe de lectura para un premio literario una novela, con seudónimo, que se llamaba Las lectoras. En una Bogotá naciente, una española y una indígena entablan una entrañable amistad a partir de la lectura en voz alta del Quijote. Quedó como finalista, pero no ganó. Eran épocas de manuscritos de papel y se devolvían una vez terminada la lectura. Me gustó tanto que durante años la busqué hasta hace unos meses, cuando por fin la inteligencia artificial me la sirvió en bandeja. La publicaron con el título Las lectoras del Quijote y su autora es Alejandra Jaramillo Morales. Le comenté a un amigo sobre mi reencuentro con esta obra y la alusión a la lectura del Quijote entre las protagonistas lo llevó a recomendarme Las niñas del naranjel, de Gabriela Cabezón Cámara, otra joya donde se reproduce esta escena de lectura de las aventuras del caballero de la triste figura entre uno de los personajes y el convaleciente capitán de un barco. Enigma resuelto y, encima, con yapa.

Con todas las concatenaciones de causalidades y casualidades de estas andanzas quijotescas terminé trazando un recorrido de lectura valioso, enriquecedor y muy ameno, mientras me sumergía en las acechanzas y los hallazgos que sorpresivamente me iban conduciendo de un texto al otro hasta hilvanarlos a todos. Como la vida, la lectura es una aventura. O muchas. Cada uno elige la propia.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/elige-tu-propia-aventura-literaria-nid18072026/

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