Empezó el juicio por la violación y muerte de Aralí Vivas: su madre, su padrastro y un amigo son los acusados
CÓRDOBA.- Comenzó el juicio por el abuso sexual seguido de muerte de Aralí Vivas, la niña de 8 años ...
CÓRDOBA.- Comenzó el juicio por el abuso sexual seguido de muerte de Aralí Vivas, la niña de 8 años asesinada en noviembre de 2024 en la localidad de Brinkmann. Su madre, el padrastro y un amigo de la pareja están sentados en el banquillo frente a jurados populares que, junto con los magistrados de la Cámara Criminal y Correccional de San Francisco, dictarán el fallo el mes próximo.
El crimen conmocionó al país. El cuerpo de la menor fue encontrado en una habitación incendiada de la vivienda de la familia. Su padrastro, Matías Ezequiel Simeone —quien estaba en libertad condicional y cargaba con una condena por violencia de género y otros antecedentes penales— y Cristian Hernán Varela, un amigo suyo, fueron los primeros detenidos. Según la investigación policial y judicial, ellos abusaron de Aralí y la mataron por asfixia manual; después incendiaron el lugar para intentar borrar evidencias.
A las pocas horas también quedó presa Milagros Rauch, la madre de Aralí. Los tres enfrentan acusaciones por abuso sexual agravado debido a la edad de la víctima y por la participación de múltiples autores. Además, están imputados por homicidio calificado por el vínculo, agravado por violencia de género y por ser criminis causae (figura que contempla la comisión de un delito para facilitar u ocultar otro).
En el caso de Varela, la acusación también incluye el delito de estrago doloso, ya que la investigación determinó que el incendio había sido provocado de manera deliberada. Los tres llegaron al juicio detenidos en el Complejo Penitenciario de Bouwer.
Aralí vivió en un círculo tóxico desde antes de su muerte. Su madre consumía alcohol y se drogaba; por eso se le ordenó hacer un tratamiento en la Red de Adicciones Córdoba. Dos años antes del asesinato de la niña, unos vecinos habían advertido que otra de las hijas de Rauch, que entonces tenía unos 10 meses, estaba jugando con combustible cerca de una salamandra mientras la madre estaba prácticamente inconsciente.
El día del crimen, Simeone le comentó a un vecino: “Aralí está durmiendo; me voy a la plaza a jugar con los chicos”. En la investigación, uno de los hermanitos contó que cuando el padre los invitó a esa salida, él mismo subió a llamar a Aralí. “Estaba dormida, la tapé y bajé”, describió. Su hermana ya estaba muerta.
Los bomberos encontraron su cuerpo boca abajo, en la cama; estaba abrazada a una almohada. Les llamó poderosamente la atención que la habitación era lo único que se había quemado en la casa; las puertas no estaban cerradas con llave y no había señales de que la niña hubiese intentado escapar del fuego.
Las cámaras de seguridad del barrio captaron la llegada de Varela a la casa en bicicleta a las 21.16; a las 0.01 del sábado se fue. Regresó a la casa ocho minutos después. A las 0.11 se retiró Simeone y minutos después se fue Varela nuevamente.
Rauch —que el día antes del crimen había viajado a Morteros, a unos pocos kilómetros de Brinkmann— declaró a los medios que es inocente. Desde la cárcel sostuvo: “Nunca quise que le pasara esto a mi hija”.
CuestionamientosEl crimen de Aralí también puso en el centro de la escena la actuación de la Secretaría de la Niñez y la Familia (Senaf) de Córdoba y de la Justicia. A tal punto fue así que en Brinkmann compararon el caso con el de Lucio Dupuy en La Pampa, por el que fueron condenadas su madre y la pareja, y por el cual fueron acusadas por mal desempeño la jueza Ana Clara Pérez Ballester y la asesora de Niños, Niñas y Adolescentes Elisa Alejandra Catán, que finalmente fueron absueltas.
Los vecinos habían hecho varias denuncias porque veían a los menores en riesgo. Simeone tenía antecedentes por violencia de género, amenazas, tenencia ilegal de arma de fuego, encubrimiento, violación de domicilio, lesiones leves calificadas, daño y desobediencia de una orden judicial. Consumía drogas y bebía, al igual que Rauch.
El cumplimiento de su tratamiento contra sus adicciones era dudoso, pero de todos modos les dieron nuevamente la custodia de los menores.