En el corazón de los Andes: el inédito geoglifo que pudo ser un centro ceremonial e intriga a los arqueólogos
MENDOZA.- Una maravilla histórica se ve desde el aire, en el corazón inhóspito de la Cordillera de los Andes. Un descubrimiento de un andinista que ahora será investigado a fondo por un grupo d...
MENDOZA.- Una maravilla histórica se ve desde el aire, en el corazón inhóspito de la Cordillera de los Andes. Un descubrimiento de un andinista que ahora será investigado a fondo por un grupo de científicos argentinos y españoles. En principio, de acuerdo con diferentes hipótesis, se trata de un inédito “geoglifo” de lo que fue un “centro ceremonial” del período incaico o anterior, construido con piedras y ubicado en una planicie, entre laderas montañosas. Aunque todavía no se puede hablar de una “figura” en particular, los investigadores creen que lo que se observa desde las alturas, con una marcada nitidez a través de Google Earth, tendría relación con el arte rupestre.
El descubrimiento, en la zona de la cordillera del Tigre, fue realizado por el andinista Carlos Gobbi el año pasado, a través de la reconocida app del gigante tecnológico, que le permitió observar la llamativa figura. Finalmente, tras varios intentos, a comienzos de 2026, después de tres días de expedición, llegó a este sitio, de difícil acceso, logrando dar con la fascinante estructura hecha con piedras, entre zanjas y en forma de pasillos, circulares y rectangulares. Ahora, comienzan los preparativos para que los investigadores en arqueología, que ya se encuentran estudiando las características del hallazgo, puedan ascender, junto con Gobbi, hasta el lugar en los próximos meses, en plena temporada estival.
“Es un gran hallazgo, inédito y relevante, para la arqueología mendocina. Es una estructura de grandes dimensiones, compleja, que correspondería a un espacio ceremonial prehispánico. Hemos gestionados los permisos correspondientes en el área de Patrimonio y nos preparamos, con apoyo logístico, para el trabajo que haremos en el verano, al que se sumarán arqueólogos españoles de la Universidad de Jaén”, contaron a LA NACIÓN los investigadores Cristina Prieto-Olavarría, directora de la iniciativa ArqueoAndes, y Horacio Chiavazza, codirector.
Prieto-Olavarría y Chiavazza, respectivamente, representan al Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianiglia) del Grupo Historia Ambiental del Conicet, y al Laboratorio de Arqueología Histórica y Etnohistoria, Instituto de Arqueología y Etnología, Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo).
Los objetivos de esta primera campaña están puestos en analizar la funcionalidad de la llamativa estructura, su desarrollo a través del tiempo, y hacer un relevamiento detallado de su arquitectura y planimetría. También, hacer muestreos de sedimentos y excavaciones así como obtener materiales y muestras de perfiles para analizar eventos paleoambientales y climáticos, y las ocupaciones humanas, con técnicas y metodologías específicas. Todo estará acompañado con GPS de precisión, drones de alta resolución e imágenes de satélites.
Estructura y diseño, un misterio“En este momento no podemos asegurar que sea una figura en particular; deberíamos establecer que responde a un patrón de elaboración que se buscó concretar en un proyecto original y no sufrió transformaciones. Hemos establecido vínculos formales con algunas reflejadas en el arte rupestre y estamos elaborando hipótesis. No podemos adelantar ninguna en este momento, pues se deben consensuar aspectos en base a antecedentes que evaluamos como equipo”, aclaró Chiavazza a LA NACION, acrecentando el misterio.
En cuanto a la estructura, la hipótesis principal es que se trata de un centro ceremonial propio del mundo andino, del período incaico, pero no se descarta que sea preexistente. En tanto, por las características de diseño, al verse desde el aire genera imágenes orgánicas que estarían asociadas a un posible geoglifo.
“No tenemos antecedentes de arquitecturas que formen este tipo de figuras en el centro oeste argentino. De hecho, en el mundo andino constituye uno de los geoglifos más meridionales del Tahuantinsuyo. Todo esto estaría asociado a uno de los tampus o tambos, que eran los espacios de dominación incaica más importantes, en este caso con el Tambo de Ranchillos, en el Valle de Uspallata, en Mendoza”, aportó Chiavazza.
En cuanto a la altitud del geoglifo es sobre la ladera de un cerro, en una especie de planicie, a unos 3.000 metros de altura. Por su parte, las construcciones en piedra forman muros que se combinan arquitectónicamente para dar lugar a habitaciones circulares y pasillos; en algunos casos se ha realizado despeje de sedimento, con suelos de color rojizo, y se han detectado construcciones que se comunican con esta forma orgánica, como un canal excavado y tapizado con rocas que desembocan en un hueco empedrado.
“Sobre la ceremonia, hay varias interpretaciones que se pueden relacionar con la cosmovisión andina, del inframundo, la superficie y el supramundo o el cielo, y hay ciertos análisis que se vinculan con la orientación astronómica, acerca de la fertilidad de la tierra. Estamos trabajando desde una perspectiva novedosa: con el propio andinista y con las comunidades originarias, con la aplicación de tecnología de avanzada. Todo esto nos acerca a la imagen de cómo se concebía el paisaje de acuerdo a las cosmovisiones de los pueblos originarios, y contribuye a los procesos de resignificación identitaria, en un diálogo permanente con la ciencia”, explicó el profesional.
Las conexiones divinasDe acuerdo con los especialistas, un centro ceremonial prehispánico remite a un sitio sagrado y arquitectónico donde las civilizaciones antiguas concretaban rituales, ofrendas, festividades religiosas y observaciones astronómicas, con el objetivo de conectar con sus divinidades y sostener “el orden del cosmos”.
En tanto, un geoglifo es un diseño de grandes dimensiones grabado o construido sobre la superficie de la tierra, usualmente en laderas de cerros o en planicies desérticas, mediante técnicas sobre el terreno. En este caso, en modo de pirca, se trata del método de “adición”, es decir que se agrupan y apilan piedras y otros materiales oscuros sobre el fondo claro de la tierra para formar las líneas de la figura.
Como puede observarse en las imágenes satelitales, son de escala monumental, por lo que pueden apreciarse íntegramente desde el aire. En la actualidad, los arqueólogos discuten sus funciones, pero se asocian con rituales religiosos, mapas astronómicos, guías de rutas comerciales o delimitación de territorios de pueblos antiguos. De hecho, uno de los ejemplos más conocidos son las Líneas de Nazca, en el desierto de Perú, el conjunto de geoglifos más famoso del mundo, que muestra figuras de animales, como un mono, un colibrí y una araña, con líneas geométricas creadas por esa cultura, hace más de 1.500 años.
Sin dudas, que el impacto de lo encontrado y lo visualizado desde el espacio, trae a la memoria el caso peruano, hasta con el interrogante de hacer una comparación. Sin embargo, los responsables del proyecto realizan una aclaración. “No hay un paralelismo, ni de diseño ni de técnicas de elaboración, con las Líneas de Nazca, que son por zanjeos, ya que acá se ven pircados, como una construcción por acumulación. Vale decir que los geoglifos existen también en el norte de Chile, y corresponden a distintas épocas y a distintas culturas. No necesariamente son asociables, y pueden perseguir finalidades distintas. Más que la grandilocuencia de una figura que se ve desde el aire no se puede asimilar con nada, por el momento”, aclaró Chiavazza.