En tiempos de misiones espaciales se alinean los planetas ganaderos
En tiempos del renacimiento de las misiones espaciales, como la que esta semana llevó a los astronautas de misión de la NASA a llegar adónde nunca había llegado el ser humano antes, es curioso ...
En tiempos del renacimiento de las misiones espaciales, como la que esta semana llevó a los astronautas de misión de la NASA a llegar adónde nunca había llegado el ser humano antes, es curioso que a la ganadería argentina se le vayan alineando los planetas.
Después de décadas de mercados intervenidos y mensajes desalentadores, la actividad tiene cada vez más mercados internacionales abiertos, aunque con restricciones, y no vive el día a día con el temor de que un llamado telefónico desde un despacho oficial le ponga un freno al negocio.
Claro, no se trata de un escenario resplandeciente, en el que todas las estrellas brillan. Como en todo proceso de cambios hay crujidos y reacomodamientos. Mientras los precios del novillo en pie tienen valores récords medidos en dólares, la industria frigorífica, particularmente la exportadora, enfrenta dificultades por un tipo de cambio que no la favorece como en el período 2019/23. Pero si no cambian las reglas de juego en el mediano plazo, el negocio del ganado y de las carnes tiene todo para ganar en los próximos años.
Las consecuencias de las políticas intervencionistas que regían hasta diciembre de 2023 todavía tienen impacto. Según los datos de la Secretaría de Agricultura, el stock bovino se redujo un 1,36% en 2025 y quedó en 50,9 millones de cabezas. Como recordó el consultor Víctor Tonelli a LA NACION, en tres años se perdieron 3,3 millones de cabezas. La sequía fue el otro gran detonante de la pérdida de cabezas.
Según explican los especialistas, la recomposición del stock y el aumento de la oferta llevará un tiempo, pero el incentivo a invertir para lograr más kilos de carne por animal está dado por el buen nivel de precios. Para que la mejora de la infraestructura de los campos (alambrados o mangas, por ejemplo) y más tecnología en la producción bovina sea consistente en el tiempo, afirman los expertos, el escenario positivo debe sostenerse. Hay datos recientes que reflejan que se está buscando más peso por animal. Según el último boletín del Rosgan, en el primer bimestre del año en el peso de faena, tanto en machos como en hembras, “hubo una mejora superior a los 5 kg respecto de los promedios registrados en los últimos tres años”.
También hay cifras inquietantes, en febrero, la participación de hembras en la faena se acercó al 48%, una cifra que no permite vislumbrar que la recuperación del rodeo esté cerca.
El cambio que aparece en el horizonte viene por el frente externo. La ampliación del cupo de exportación de carne a los Estados Unidos a 100.000 toneladas, la inminente puesta en marcha de la cuota de 99.000 toneladas a los países del Mercosur, por parte de la Unión Europea, con aranceles reducidos, y la posibilidad cada vez menos remota de que la Argentina ingrese en el mercado de Japón antes de fin de año abren nuevos desafíos a toda la cadena. Sobre este destino, la publicación Informe Ganadero explicó que se trata de un mercado por US$3000 millones anuales que dominan Estados Unidos (50%) y Australia (36%) que ingresan con ventajas arancelarias. Además, añade el informe, Brasil también podrá acceder al mercado japonés. Aún así se trata de un destino preciado para la Argentina.
Y, como si esto fuera poco, en sentido contrario al que se auguraba hace algunos años atrás con la fortísima campaña en contra, el consumo de carne vacuna está en crecimiento a nivel global. Cambiarán los formatos y las tendencias en los diferentes segmentos, pero como proteína animal, el consumidor la tiene en un lugar elevado de sus preferencias.
En definitiva, el negocio del ganado y las carnes enfrenta un escenario que podría definirse como de de crisis de crecimiento, no de autodestrucción. La exportación muestra oportunidades pocas veces vistas antes, pero se requiere de un nuevo salto productivo. Nuevamente, como los expertos del sector lo han advertido una y otra vez, lo que parece imponerse es la mejora de los índices clave de tasa de destete, eficiencia reproductiva y sanidad animal. Pero, a diferencia del crecimiento que puede exhibir la agricultura de una campaña a otra, en ganadería los procesos son más lentos. Y la cría, el eslabón que históricamente ha sido el más golpeado por la falta de rentabilidad, necesita que la mejora trascienda los límites temporales de un período presidencial. Ya no tiene sentido hablar de boom o no boom sino de enfocarse en hacer las cosas como demanda la hora.